Culto
La elegancia de la espera

La elegancia de la espera

En este libro, Felipe Becerra se enfrenta a una pregunta difícil: ¿un escritor de verdad es el que escribe y no publica?

En 2008, a la edad de 22 años, Felipe Becerra publicó Bagual, su primera novela, obra que fue muy bien recibida por diferentes tipos de lectores y generó expectativas razonables acerca de lo que vendría. En este libro, titulado La próxima novela, el autor aborda el tema en detalle (“Ciertas personas -en un comienzo numerosas, hoy sólo un par de amigos- esperan desde entonces que publique la segunda. Y la próxima novela, ¿cuándo?”), y agrega que lleva años escribiéndola, que es voluminosa, que ha sido una empresa difícil, a veces paralizante.

En el intertanto, mientras avanza en su novelota, Becerra ha ido engrosando una serie de cuadernos manuscritos, cuyos extractos ofrecen aquí una serie de reflexiones en torno al acto de escribir y de callar, ideas, pálpitos, circunloquios que, de una u otra forma, casi siempre bordean el siguiente atascadero: “El verdadero lector es el que lee y no escribe. ¿El verdadero escritor es el que escribe y no publica?”.

La duda por supuesto que no es novedosa para quien ha optado por la escritura como modo de vida, pero sí presenta ángulos de interés para el lector común y corriente, alejado por naturaleza y condición al proceso más íntimo de la creación literaria. Un ejemplo de ello puede ser la acumulación de lecturas utilitarias: “A veces, si no escribo es porque no he encontrado el ritmo adecuado para el capítulo, y si no he encontrado ese ritmo adecuado es porque no he leído el libro que me lo done (la donación de hallar, el don hallado)”. Seguidamente, Becerra explica de manera convincente que en este proceso “nada tiene que ver la imitación”.

Los cuadernos de los que proviene La próxima novela son para Becerra motivo de orgullo y, a la vez, de una ligera inquietud: “A razón de dos por año me voy disolviendo como autor para reaparecer en ellos como algo que no sé qué es”. Becerra recurre varias veces a los verbos “dilatar” y “postergar”, aunque, con el correr del tiempo, llegó a conciliarse con el acto de aguardar: “La próxima novela es esto: la espera de que llegue mi próxima novela -o lo que va sucediendo durante esa espera”. Temas como la escritura a mano, el oficio de escribas y calígrafos, la inclusión de material ajeno a las palabras, o las alusiones a otros que han pasado por experiencias similares a las tratadas por Becerra (Juan Emar, Juan Luis Martínez, Mario Levrero), le dan un aire de trascendencia a su experimento, aire que lamentablemente se disipa un poco con la calidad de los poemas propios: no son buenos.

Teniendo como guías tutelares a Fernando Pessoa y Macedonio Fernández, Becerra transmite con elegancia, es decir, sin recalcar lo obvio, el desasosiego y la lucidez juguetona que hicieron del portugués y el argentino dos referentes colosales. Aun así, más de alguien podría pensar que La próxima novela es un ejercicio pretencioso, puesto que, a fin de cuentas, ¿a quién le interesa saber en qué está un autor que tarda y tarda en publicar su segunda novela? La respuesta, como ya dije, apunta más al lector común y corriente que a los profesionales relacionados con el mundo del libro. Entre divagaciones provechosas, entre dudas y arremetidas, Becerra ilumina recovecos no siempre claros en la mente del escritor, llegando incluso a plantearse una posibilidad demencial: “Escribir de aquí a que me muera un único libro, larguísimo, es una idea que me encanta. Una idea feliz: publicar una primera novela (bastante corta) a los 22 años y luego pasar el resto de mi vida en una extensa, interminable segunda novela”.


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