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Pixies y los 30 años de Doolittle: el disco que impulsó al rock alternativo

Pixies y los 30 años de Doolittle: el disco que impulsó al rock alternativo

Lanzado en abril de 1989, el segundo álbum de los bostonianos consolidó en canciones como "Here comes your man", una propuesta de sonido menos cruda y más accesible que su predecesor, Surfer Rosa. El enfoque más mínimo de las composiciones de Black Francis, unido al trabajo del productor Gil Norton, dieron forma a un sonido que pocos años después sería influyente en bandas como Nirvana.

Charles Thompson, alias Black Francis, estaba nervioso. Esa madrugada los policías de carretera le habían ordenado detenerse para un control, mientras conducía por Texas, cerca de la frontera con México. El músico tenía razones para estar inquieto, pues recordó que tenía una bolsa con marihuana en el estuche de la guitarra que llevaba en el maletero.

Muy tenso, intentó mantener la calma mientras el jefe de la patrulla se le acercó. Éste lo miró fijo un momento, y luego le dijo: “Oye, ¿a ti no te he visto en MTV?”. Sorprendido, le respondió: “Sí, oficial, estoy en una banda que se llama The Pixies”. A los pocos minutos, los policías sacaron unas cámaras polaroid y le pidieron tomarse unas fotografías junto a él, cuan estrella de rock. Luego le dejaron continuar sin revisión. Según relata Francis a LouderSound, en ese momento comprendió el alcance que el grupo estaba consiguiendo gracias al disco que habían lanzado hacía poco tiempo atrás, en abril de 1989, Doolittle.

Para fines de ese año, el segundo álbum del conjunto que por esos días completaban Kim Deal (bajo), Joey Santiago (guitarra solista) y David Lovering (batería), ya tenía dos singles con alta rotación en la emisora televisiva, “Here comes your man” y “Monkey gone to heaven”. Esta última logró el primer lugar del single of the year de la revista inglesa Melody Maker, mientras que Rolling Stone la colocó en el lugar cinco de su lista. No es casualidad, pues estos temas se destacaban por una sonoridad limpia y su rápido gancho gracias a sus estribillos pegajosos.

El crítico musical Alfredo Lewin se explaya sobre el lugar del álbum en la carrera del cuarteto. “Hay un acuerdo consensuado en reconocer a Doolittle, como la obra maestra de los Pixies. Probablemente, desde el lado más grosero, tiene la mayor cantidad de canciones conocidas contenidas en un disco, y eso es bastante impresionante cuando uno dice, no son dos, son cuatro, en un solo álbum. Se tiende a sobrevalorar el disco debut de una banda, pero no opaca para nada este segundo trabajo”, detalla.

Los singles exitosos eran producto del enfoque que tanto los músicos, como el productor británico Gil Norton (Echo and the Bunnymen, James, Jimmy Eat World), habían diseñado para la placa. “Cuando comenzamos a hacer la preproducción para Dolittle, quería sentarme con Charles [Black Francis] por unos días y analizar algunas ideas. Nos sentamos con una guitarra acústica y él me tocaba sus canciones. Eran cortas, ya sabes, ¡si obtienes dos minutos de una canción de Pixies se está haciendo larga!”, detalló el inglés en una entrevista al sitio web de la marca de instrumentos Roland.

“Entonces intentaba animarlos a poner coros y extender las canciones con introducciones y otros medios. Pero, un día fuimos a dar un paseo a Tower Records. [Francis] tomó los grandes éxitos de Buddy Holly y dijo ‘mira los tiempos en estas canciones Gil’. Eran alrededor de un minuto treinta”, añade Norton en la citada publicación.

Estos nuevos temas, cortos, precisos y de vocación pop, marcaban un fuerte contraste respecto al material más distorsionado y agresivo que los de Boston habían grabado para su primer largaduración, Surfer Rosa (1988), que tuvo a Steve Albini en la producción.

Surfer Rosa es más fuerte que su primer EP (que originalmente solo estaba destinado a ser una demo), con guitarras más grandes y más duras debido a la producción de Steve Albini de Big Black. El disgusto de Albini por ‘cualquier sonido humano’ lo llevó a permitirle a los Pixies una noche para las voces, mientras pasaba dos semanas en la grabación de guitarras. La combinación de la abrasividad de Albini y la delicada precariedad de los Pixies hace que el LP brille, desde la feroz ‘Bone Machine’ hasta la calma épica de ‘River Euphrates’, o la grandiosa integridad melódica de ‘Gigantic’, escribió en 1989 la crítica Joy Press para Option, respecto a ese trabajo.

En términos comerciales ese debut tuvo un bajo rendimiento, pues no entró en las listas ni en USA ni en UK. Pero de cara el segundo disco, el sello 4AD, que manejaba al conjunto, ya tenía un acuerdo de distribución con la discográfica Elektra en Estados Unidos, y además contaba con más recursos. Para los ejecutivos, bastaba con que Thompson creara una aceptable cantidad de buenos temas y que el productor repitiera la fórmula del debut.

Pero Francis tenía otros planes al respecto. “Él [Albini] tenía todos estos ideales bohemios. Se hacía llamar ingeniero, pues en ese momento, la gente de ese tipo equiparaba la producción con la venta y el ser mainstream. Entonces, cuando sugirieron a Gil Norton, alguien que era británico y un verdadero productor de discos, nos sentimos bastante bien”, cuenta el músico a LouderSound.

Tan productiva fue la relación, que el de Liverpool continuó su labor en los siguientes discos –Bossanova y Trompe le Monde– hasta la ruptura del grupo en 1993.

Entre Norton y Albini

Es 1990. Durante la estadía de Nirvana en Londres, en una pausa de la gira por Inglaterra, Kurt Cobain decidió ir a un concierto de los Pixies. A los pocos días, logró contactar al mánager de la agrupación, Ken Goes y acordaron reunirse. “No se trataba tanto de un fan como de un ‘estudiante’ de la banda. Era evidente que sentía un profundo respeto por lo que hacían. No paró de hablar de ellos”, relata el representante en la biografía de Cobain, Heaver than Heaven (2005, Mondadori), de Charles R. Cross.

La influencia del cuarteto en los de Seattle era totalmente evidente en el plano musical. “En Doolittle afinaron la dinámica de los ambientes más calmos con la cosa más ruidosa que explota y vuelve a lo calmo, que Nirvana desde su percepción media como matemática la describieron como: esto es loud-quiet-loud, y así nos gusta componer canciones. Era una suerte de tributo”, detalla Lewin.

La diferencia de sonido en los primeros discos de los bostonianos también fue relevante a la hora de tomar decisiones por parte de los integrantes de Nirvana. Albini fue el elegido para estar en las perillas en el tercer –y a la postre- último disco de estudio del trío, In Utero (1993). “Kurt deseaba que el producto final se alejara lo más posible de Nevermind. Albini había formado parte de la influyente banda de punk Big Black y ya en 1987, Kurt se había desplazado hasta la planta de vapor de Seattle para presenciar la última actuación de Big Black”, detalla Cross en la biografía ya citada. Pese a que finalmente, tanto los músicos como el sello Geffen no quedaron conformes con el trabajo de mezcla realizado por el productor, lo que obligó a recurrir a los servicios de Scott Litt para que remezclara las cintas.

Por su lado, Dave Grohl escogió a Norton para que se ocupara de la producción en el segundo, y fundamental, álbum de Foo Fighters, The colour and the shape (1997). La razón, es que le había gustado mucho el trabajo de éste con Pixies, especialmente en el álbum Trompe Le Monde (1991). Es decir, en su caso privilegió el sonido más brillante. “Me encanta por la forma en que puedes escuchar a la banda caer, dispersarse, disparar en un millón de direcciones”, detalla el autor de “My Hero” a LouderSound.

Epopeya en miniatura

Grabado entre el 31 de octubre y el 23 de noviembre de 1988, Doolittle supuso una consolidación de la forma de composición que proponía el grupo. “Una canción tenía que ser portátil. No querían 15 partes de guitarra, porque no podían tocarlas en vivo. Así que, como productor, era a lo que tenía que atenerme: estaba el bajo, la batería y dos guitarras. y luego las voces”, cuenta Norton a LouderSound. “Ya que teníamos menos de tres semanas para grabar, la mayor parte de Doolittle era una canción al día, y nos las arreglamos para mantener eso excepto por ‘Monkey Gone To Heaven'”, agrega.

En canciones como “Hey”, o “Wave of mutilation”, Francis continuó ciertos temas que había esbozado en Surfer Rosa, como la muerte, las imágenes surrealistas y las referencias a la Biblia. “Got me a movie/Ha ha ha ho/Slicing up eyeballs”, detalla en “Debaser”, haciendo un guiño a la famosa escena del ojo de Un perro Andaluz, el tipo de filmes que le gustaban a Francis.

Para Alfredo Lewin, este LP es clave para comprender el auge del rock alternativo a comienzos de los noventa. “Pixies hizo cosas que para mí son tan importantes como las que hizo Jane’s Addiction, en un nivel un poquito más comercial, que también abrió una puerta a una cultura indie noventera, pero me parece que Pixies es más sofisticado, es más valioso, en varios sentidos”

Cuando el largaduración salió a la venta, las críticas fueron muy favorables, como la que escribió el crítico Edwin Pouncey, para NME. “Desde la nada, los Pixies logran confeccionar algo que finalmente se convierte en una epopeya en una escala en miniatura. El maravilloso ‘Monkey Gone To Heaven’ está atado con cuerdas exuberantes pero discretas que mordisquean el borde de la canción y la introducen en un nuevo reino de arreglos para la banda.  Independientemente de lo que decidan, la popularidad de los Pixies no muestra signos de menguar todavía y, como lo subraya positivamente ‘Doolittle’, no hay escasez de ideas. Buenas noticias no solo para los fanáticos de Pixies, sino también para el estado de la música independiente en general. No puedo pensar en mejores modelos a seguir que estos imbéciles bostonianos de lo perverso”.

Sobre el autor:

Felipe Retamal N. |
Periodista de Culto. En Twitter es @feloretamaln