Culto
Fábrica  de misterios: King eterno

Fábrica de misterios: King eterno

Cinco autores chilenos escriben sobre la vigencia del maestro del terror, quien a los 71 años renueva su éxito en librerías y en el cine.

¿Un Dios sin moral? ¿Un escritor que hizo de su literatura una religión? Puede ser. Hace 45 años Stephen King (71) debutó con la novela Carrie (1974). No se ha detenido en una trayectoria que suma más de 50 novelas, una docena de títulos de cuentos y guiones. Ahora, tres de sus historias son reeditadas. Una es la novela corta La caja de botones de Gwendy (2017) escrita con Richard Chizmar; la novela Misery (1987) y Cementerio de animales (1983), que por estos días se exhibe en el cine adaptada como Cementerio maldito. Además, en septiembre King publicará su nueva novela, El Instituto. Y por si fuera poco: el segundo semestre estrenará la segunda parte de It, las travesuras del payaso Pennywise y el filme basado en su libro Doctor Sueño (2013).

María Paz Rodríguez: “Se queda en el inconsciente”

Conocí el terror a los 8 ó 9 años. En la escena hay una alcantarilla. Un niño se acerca a buscar su bote de papel que ha caído con un río de lluvia al desagüe, y aparece la cara de un payaso con el pelo rojo y un globo amarillo entre las manos. Yo tenía 8 ó 9 años y no entendía lo que estaba viendo. Mis papás no me dejaban ver películas de terror, pero en la tele estaban dando It y la curiosidad ganó. A partir de ese día empecé a sentir miedo cada vez que apagaba la luz al dormir, aprendí a correr la cortina de baño antes de prender la ducha, y no me atrevía a salir sola al jardín por la noche. Esa fue tal vez, la escena iniciática en el submundo de mis monstruos. Cuando salió la segunda versión de esta película la fui a ver al cine y casi me echaron de la sala por mis gritos.

Habían pasado casi 30 años, y el payaso me seguía dando miedo. Y aunque me encanta el terror, veo pocas de estas películas porque no importa el tiempo o la edad, el imaginario de King se queda instalado en el inconsciente con estos seres perversos que habitan entre las cañerías, los subterráneos de esas casitas -todas iguales- en un barrio gringo cualquiera -casi siempre medio puritano- y que vienen a representar ese lado oscuro que subyace como un río de maldad, tapado por ese orden de lo aparente. En esa primera escena un desagüe une ambos mundos; el horror y esa música feliz con la que empieza la película. En esa escena apago la tele y empiezo a prender todas las luces de mi casa.

Jorge Baradit: “King reencanta lo vulgar”

King va a ser siempre para mí el autor que sacó al terror de la circunstancia especial. Lo ominoso, lo horrible ya no estaban en algún punto particular, tenebroso, repleto de seres horribles y arquitectura perversa; el espanto no era evidente, se escondía detrás de la infancia y la cotidianidad norteamericana cincuentera, de los objetos usuales, personas de siempre y situaciones normales. Ese auto precioso que nos recuerda los años de juventud, el perro perfecto, algo tan frágil como la compañerita freak en el colegio, la pareja que busca una escapada de fin de semana, algo tan tierno como un cementerio de mascotas, algo tan lindo como una fan de tus libros, el recuerdo del payaso que alegró tu infancia… como lo parodiaron Los Simpson en una escena genial. En este mundo desprovisto de sentido, donde la ciencia se ha encargado de desencantar la naturaleza y lo sobrenatural se hallaba confinado a lugares ocultos y religiones milenarias, King hace el camino inverso y reencanta lo vulgar, lo doméstico, esos sitios baratos, por los que nadie daba un peso, donde nadie se detendría a levantar una mitología. King es humilde como sus escenarios, su prosa es sencilla, hasta tosca, excesiva a veces… porque King tampoco es alguna de sus obras, es la sumatoria de sus criterios lo que construye un perfil. No me gusta ningún libro de King en particular, pero me encanta su moral, la descripción y los escenarios que elige. Esa fuerza del que tiene tanta fe en sí mismo que a patadas, con la ropa rota, tirándote sus libros por la cabeza… llega a la cima, triunfante, con todos abajo preguntándose cómo cresta lo hizo y los dioses del Olimpo a su lado ariscando la nariz teniendo que admitir que the king is in the building y que nadie lo va a sacar de ahí.

Carlos Tromben: “Su estilo es directo y eficaz”

Hay varios motivos por los que King sigue más vigente que nunca. Algunos se relacionan con los temas que aborda (el mal, la pérdida, los vínculos extrasensoriales); otros con su estilo narrativo directo, eficaz y sin alardes. Pocos autores logran una construcción de personajes tan sólida, en particular de los que encarnan el mal y la perversión. El mal en King tiene estrategias y envuelve a sus víctimas. Es un payaso, un padre alcohólico, un pastor, un policía, un fanático religioso. Puede incluso asumir formas inorgánicas como un auto (Christine), un hotel (El resplandor) o un celular (Cell). Es una peculiar forma de religiosidad inversa: King no cree en el Dios bueno y misericordioso del Nuevo Testamento, sino en una forma pervertida del Dios castigador del antiguo.

Para King el infierno no son los otros, como diría Sartre, no está en las relaciones interpersonales, sino en este mundo material hecho de irracionalidad. Frente a las criaturas que encarnan el mal, los héroes de King son frágiles y siempre están al borde de la derrota. En este sentido cabe destacar a otro personaje recurrente: es… el escritor. Escritores que no son los que protagonizan las novelas de R. Bolaño, con su elevada autoconsciencia y sentido de su lugar en la historia de la literatura seria, la que complace a los críticos. Los escritores de King no tienen esa ambición. Son sobrevivientes de tragedias personales, alcoholismos, divorcios e inseguridades. Más que trascender, buscan ganarse la vida. Mis novelas favoritas: It, El resplandor y su secuela, Doctor Sueño. Funcionan como mecanismos de relojería balanceados en su progresión de lo ominoso y en la evolución de sus personajes desde la ignorancia/inocencia al conocimiento del horror que los rodea.

Francisco Ortega: “King es el rey”

King entendió que el verdadero miedo, el terror que nos asusta, que lo sentimos está en lo simple y en lo cotidiano. Su apuesta fue dejar las búsquedas intelectuales de Lovecraft, el lenguaje pesadillesco de Poe, lo sagrado de Shelley, lo perverso de Bram Stoker y lo arquetípico de Shirley Jackson para ir al corazón de lo sencillo; a la clase media baja gringa, perdida en pueblos en mitad de la nada y sometida a los abusos de gente con más poder. La metáfora está en It, ¿qué es más terrorífico, el payaso Pennywise, el matón de la escuela o el propio pueblo, cuyos pecados permitieron el crecimiento de Pennywise? A King le importan más los personajes y sus emociones que lo provocador y efectista. Mientras en Clive Barker leemos aberraciones físicas y seres indescriptibles en una lectura tan sexual como lovecraftiana, en King seguimos a hijos de vecinos, con problemas maritales, de trabajo y con fantasmas reales, que a la larga son más terribles que los sobrenaturales. Incluso en sus obras más fantásticas (The Stand, La Torre Oscura, El talismán) lo imaginario siempre es secundario. El adolescente que obtiene su primer auto importa más que el detalle que el auto esté poseído (Christine). Fue lúcido King también al asumir que el terror contemporáneo no puede estar lejos de la cultura pop. ¿Qué mantiene vivo y exitoso a King? Todo lo anterior, sumado al respeto hacia el lector. Esto se traduce en una producción constante, asumir que escribir profesionalmente es arte pero también un trabajo… Y sobre todo que todo empieza y termina en contar una buena historia, una que pueda resumirse en cinco líneas. King es el rey, larga vida al rey.

Francisca Solar: “Todo lo que tiene que decirnos es valioso”

Creo que no es necesariamente su mundo narrativo (sin quitarle mérito, por cierto) sino su figura lo que lo hace tan atractivo hoy para nuevas audiencias. Stephen King es un autor muy activo en redes sociales, con opiniones claras sobre la contingencia y que no teme decir y hacer lo que cree que es correcto. Sus tuits críticos sobre el mandato de Trump son una maravilla de lucidez y sarcasmo. Eso lo mantiene vigente en las conversaciones de lectores muy diversos y le abre la posibilidad de seducir a aquellos que nunca han leído terror, por ejemplo, eso sin contar su evidente fascinación por toda la cultura pop que consume, comparte y alienta. Es casi un ñoño más, un fan más de la industria de la entretención a la que él mismo pertenece, y esa cercanía es invaluable en estos días. Me dan ganas de leerlo porque siento que todo lo que tiene que decirnos es valioso, sea sobre la realidad o su ficción. Es un ídolo de masas, ayer y hoy.

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