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Los Bunkers cumplen la mayoría de edad: a 18 años de su debut en los estudios

Los Bunkers cumplen la mayoría de edad: a 18 años de su debut en los estudios

Poco más de una veintena promediaba un grupo de cinco amigos cuando decidieron dejarlo todo y viajar con lo puesto a Santiago para dar el vamos a su sueño: vivir de la música. Lo que nunca esperaron es que les bastaría tan solo un puñado de meses —y un disco— para instalar a su querido Concepción nuevamente en el mapa, tal como lo hicieran antes Santos Dumont o Los Tres. Aquí, revisamos esos primeros pasos, la historia de una banda que dejó su huella en el concierto nacional.

Para el mes de febrero del 2000 Los Bunkers en pleno estaban instalados en Santiago. La banda, que sumaba unos cuantos meses y otro manojo de presentaciones sobre humildes escenarios en su natal Concepción, llegó a la capital como lo hicieron tantos otros, como los que saben recién empiezan, esperando la oportunidad. Llegaban, también, con una mochila de composiciones propias —”Fantasías animadas de ayer y hoy”, “No sé”, “Nada me importa”, “Buscando cuadros”— que tímidamente asomaban entre esos playlists cargados de reversiones de sus héroes de turno; y que, más temprano de lo que pensaban, serían el cuerpo de su primer cedé.

En ese sentido, una cosa que no dejaba de llamar la atención era la juventud de los integrantes que encaraban la aventura.

—El Gonza (López) llegó a terminar cuarto medio acá, incluso —recuerda Mauricio Durán, guitarrista y fundador—. Fue súper importante el apoyo familiar, porque una cosa es irte de la casa enojado y otra cosa es que te digan, sí, lo que está haciendo mi hijo está bueno, ¿cachái? Él habló con sus papás, pa’ sacar la banda adelante, y los tíos dentro de su inmensa bondad le dijeron que sí. Es una cosa muy rara, porque en Chile sobre todo, que un cabro chico diga “me quiero dedicar a la música”, puta, ya arrugan la nariz. Y más encima que lo dejaran venir a terminar el colegio acá…, lo encuentro genial.

Francisco Durán, por su parte, llegaba a Santiago para ingresar a Psicología en la USACh, Álvaro López recién había congelado sus estudios de Traducción, y Mauricio Durán estaba libre tras culminar Periodismo en la Universidad de Concepción. Mauricio Basualto se unía, además, para reemplazar a Manuel Lagos en batería. Desde entonces, el sueño era únicamente lograr la consolidación de la banda.

En julio finalmente les llegó la chance de la mano de Mauricio Melo, guitarrista de Santos Dumont, y de Carlos Cabezas, de Electrodomésticos, quienes se encargaron de producir su debut. Cabezas, que actuó como ingeniero de grabación, es sindicado como el mayor responsable de esa suerte de puntapié inicial:

—Nosotros queríamos grabar solo dos canciones, ése era el plan, no había otro en mente —explica el mayor de los Durán—. Pero cuando Cabezas escuchó el resultado, nos dijo: oye, aquí hay un disco. No se nos había ocurrido entonces, ¿cachái? Y nos insistió, mira, acá hay un disco, vénganse mañana al estudio. Nos regaló un día de estudio en el Constantinopla para terminarlo. ¿Pa’ qué van a grabar dos canciones?, nos decía. Y nos dio el impulso.

Cabezas también recuerda la escena:

—Ellos llegaron muy piola, muy humildes, mostrando su trabajo. Lo que llamaba la atención fue que, para ser una banda que estaba partiendo, tenían canciones muy bien articuladas. Dentro de un estilo bien específico pero con mucha autoría, con algo bien propio. No es sencillo poner identidad creativa homenajeando tan claramente un estilo musical. Ellos tenían claridad en lo que hacían y eso hizo que todo sucediera gentilmente.

El disco fue editado prácticamente en vivo, sin embargo, debió esperar casi un año para tocar el éxito. El punto de inflexión, coinciden, fue el show que brindó la banda en la radio Rock&Pop, en una nueva versión de las Raras Tocatas Nuevas. Allí fue cuando Álvaro Riveros y Rodrigo Chávez, exfuncionarios de Sony y promotores de un nuevo sello discográfico, Big Sur Records, se interesaron y les propusieron masterizar de nuevo el cedé, con la inclusión de “El derecho de vivir en paz” de Víctor Jara.

El álbum, homónimo, se lanzó entonces el 3 de abril de 2001 y fue rápidamente perfilado como uno de los mejores trabajos del año. “El detenido”, además, se convirtió en un hit radial de la época.

—Álvaro y Rodrigo tenían un rollo como con sacar una banda adelante, eran unos tipazos. De verdad unos tipazos, les tenemos mucho aprecio. Pusieron también algún billete pa’ hacer algún videoclip, que creo que fue el de “Fantasías” y el de “Entre mis brazos” después seguramente. Todo lo hacíamos muy a pulso. El primer video lo grabó el Marcelo Gotelli, que es un realizador de Concepción. Y el de “Entre mis brazos” lo hizo Jorge Lozano, que es un amigo de acá. Era gente que trabajaba por cariño a la banda…, como se empiezan todos estos proyectos —dice Mauricio Durán.

—Mauricio, se cumplieron dieciocho años desde que se lanzó este primer disco. ¿Cómo sienten que ha envejecido esta obra?

—No lo sé. Me cuesta evaluarlo, primero: por haber estado dentro de la banda y; dos: porque vivo afuera, entonces no me queda muy claro. El disco, sí, creo que era una foto de lo que éramos en el momento, con toda la alegría, las ganas, la necesidad de salir adelante y también la inocencia de hacer las cosas de cierto modo. Lo recuerdo con mucho cariño. Éramos muy llevados de nuestras ideas, o sea imagínate el día que llegamos a grabar, yo me acuerdo de la cara de Carlos Cabezas cuando nos vio entrar con terno y con corbata, ¿cachái? Era como ¿estos hueones de dónde salieron?

—¿Pero sienten que, con el paso del tiempo, se ha valorado de manera distinta su música?

—Espero que envejezca bien, que sea un material que perdure, que a lo mejor otros cabros más chicos lo escuchen y digan, no sé poh, este disco está bueno. Pero de verdad me es difícil hacer una evaluación. Tengo claro la importancia que tuvo la banda mientras estuvo en funcionamiento, pero “Ahora que no estás”, no sé. Aparte que ha cambiado el panorama musical, ha cambiado tanto Chile, yo no sé qué piensan los cabros chicos hoy en día, yo creo que el tiempo va a decir eso. Sí tengo claro que hay canciones que han envejecido súper bien dentro del catálogo del grupo, como “Nada nuevo bajo el sol”, “Canción para mañana”, “No me hables de sufrir”, hay varias yo creo. Y del primer disco, “Entre mis brazos” y “El detenido”. Eso era también súper importante para nosotros.

—¿Qué cosa?

—A propósito de dar cuenta de una visión o una mirada que uno tenía del país y todo eso. A mí lo que me gusta en el disco, es que abra con un tema como “El detenido”. Me parece que hay como un valor ahí, por el contexto en que se vivía y pa’ lo inexpertos que nosotros éramos. Que al principio, de una, quisiéramos decir algo o plantear un punto de vista sobre ciertas cosas. Ahí hay un valor para una banda nueva.

—Claro, “El detenido” es una prueba de que desde su primer álbum muestran un contenido político. ¿Qué tan importante fue para la carrera de Los Bunkers recoger este tipo de temáticas?

—Siempre fue importante. Sobre todo ahora por cómo están las cosas puede ser mucho más importante, porque el sentido de lo colectivo se ha ido perdiendo. Nos dirigimos a un esquema que termina siempre privilegiando lo individual: si te fijái en Chile, por ejemplo, en los últimos tiempos, la mayoría de los músicos que se han destacado han sido solistas. Gepe, Javiera Mena, el Manuel (García), Pedropiedra, y bandas han sido pocas. Hoy el valor colectivo, de tratar de armar algo, aunar criterios, de juntar voluntades e ir en una misma dirección, se ha ido perdiendo. Entonces, en ese espíritu, que la banda se haya preocupado de tocar ciertos temas que eran compartidos por una comunidad, por una ciudad, un país, una generación…, hay algo valioso ahí. Ver cómo va esto, para dónde vamos, de dónde venimos, cómo vamos a mover esto para adelante en conjunto, ¿cachái? Eso fue muy bacán.

—Desde este primer disco, también, se caracterizaron por recopilar a grandes artistas de la música popular nacional, acercando clásicos a un público distinto. ¿Cuál es el valor que le dan?

—Era como un gusto que nos dábamos. Por ejemplo, cuando empezamos a tocar “Y volveré”, nos encantaba y decíamos, pucha, Los Ángeles Negros no tocan en vivo, viven afuera. Es muy raro que uno no tenga la oportunidad de escuchar en vivo una canción tan importante para la música chilena. Entonces dijimos toquémosla nosotros, para ver qué pasa. Ese era como el rollo, pero de fan, nomás. Terminó siendo un cuerpo de temas de otra gente que eran nuestros héroes. Los Ángeles Negros o Violeta no sonaban en la radio. Y era como una manera de mostrarle al público que nosotros no sabíamos, por ejemplo, si ellos habían escuchado alguna vez “La exiliada del sur”. Y para nosotros era importante que lo escucharan.

—Para cerrar, ¿consideran reunirse para algún concierto?

—No, no lo hemos considerado aún.

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