Culto
Homoerotismo, golpes y la extrema derecha: El club de la pelea cumple veinte años

Homoerotismo, golpes y la extrema derecha: El club de la pelea cumple veinte años

Estrenada en 1999, la cinta de David Fincher se convirtió en un referente para distintos tipos de corrientes sociopolíticas, desde la derecha libertaria hasta los incel. A continuación, ocho formas de acercarse a una de las adaptaciones más violentas y sudorosas del cine contemporáneo.

1 regla: El club de la pelea fue primero una novela sin mucho éxito

Publicada en 1996, puede que El club de la pelea haya sido un libro demasiado punk para su tiempo. Aunque su autor lo quería así: Chuck Palahniuk escribió esta novela porque su libro anterior, Monstruos Invisibles, fue rechazado por ser extremadamente violento.

Así, la trama de su segundo libro era simple: un narrador sin nombre lucha contra el consumismo y los cambios de la masculinidad en la cultura estadounidense. ¿Y de qué forma lo hace? A través de un club de boxeo clandestino y gracias a la ayuda de Tyler Durden, un salvaje-nihilista con un fuerte odio hacia la cultura consumista. Y quien más tarde inicia el Proyecto Mayhem, grupo terrorista en contra de la sociedad capitalista actual.

El club de la pelea (o El club de la lucha en España) era una metáfora de nuestra sociedad: el consumo nos consume y culpa de ese capitalismo que se devora a sí mismo el ser humano lo emula: se golpea a sí mismo.

“Era la década de las novelas transgresoras, que empezó con American Psycho y continuó con Trainspotting y El club de la pelea. Novelas sobre hombres aburridos que probaban cualquier cosa para sentirse vivos”, dice Palahniuk en su libro de ensayos Error humano.

El autor tras El club de la pelea era entonces un perfecto desconocido. Había trabajado como periodista y como camionero. También como voluntario en una residencia benéfica para enfermos terminales. “Mi trabajo consistía en llevar a gente en coche a citas y reuniones de grupos de apoyo. Allí me sentaba con otra gente en el sótano de una iglesia para comparar síntomas y hacer ejercicios New Age”, diría Palahniuk. “Así que empecé a contarme a mí mismo la historia de un tipo que iba a las reuniones de grupos de apoyo para enfermos terminales para tolerar mejor la falta de sentido de la vida”.

De esa forma nació El club de la pelea.

Y la novela no tuvo demasiado éxito. No fue best-seller. Las reseñas fueron pocas y tibias. Y, en definitiva, Palahniuk no se convirtió en el próximo Stephen King ni el nuevo Clive Barker.

Tendrían que pasar un par de años para eso. Por lo menos hasta que un director de cine de autor (aunque uno que detestaba que lo llamaran así: cine de autor) se interesó, compró los derechos de la novela y comenzó a filmarla con Brad Pitt, Edward Norton y Helena Bonhan Carter.

Ese director era David Fincher, el mismo que venía de filmar tres películas que ya conformaban una estética cinematográfica: Alien 3, Seven y The Game.

2 regla: El club de la pelea es una oda al bromance

Testosterona. Gimnasios. Cicatrices. Bíceps. Tríceps. Cuádriceps.

La ausencia de una figura paterna.

Y hombres.

Muchos hombres. Hombres que odian a los hombres. Hombres que secretamente aman a los hombres. Hombres que no le gustan los hombres, pero que solo pueden y quieren tener amigos hombres.

Y el jabón, por supuesto; el jabón como ese objeto que más vale no recoger si se está en la cárcel.

Toda esa simbología cruza El club de la pelea.

“Somos una generación de hombres creados por mujeres”, dice al comienzo el protagonista de la novela. “Me pregunto si lo que necesitamos realmente es otra mujer”.

Se conoce como bromance a las historias de amor entre hombre. La mayoría de las veces es un amor de amigo y en parte surge como un comentario/broma en torno al hecho de que, a diferencia de las mujeres, a los hombres le cuesta expresar sus sentimientos (este remix de la cinta Superbad lo grafica muy bien).

Pero claro: El club de la pelea lleva esto a un nivel más allá. En el mundo de Tyler Durden, no solo son hombres que se juntan; estos se necesitan. Se vuelven tan adictos a la testosterona que incluso deciden vivir solos. Aislarse de la sociedad.

Y como consecuencia se alejan de las mujeres.

El club de la pelea está lleno de momentos y detalles que juegan con la idea del homo-erotismo, incluyendo el uso de los testículos como significante macho (“Para hacer un omelette hay que romper los huevos”). O que el narrador asista a un grupo de ayuda a enfermos con cáncer testicular. O aquella escena, al comienzo de la película, cuando Tyler Durden pone un cañón de pistola en la boca del narrador.

“En un avión de regreso a Portland un azafato de la línea aérea se me acercó y me pidió que le dijera la verdad. Su teoría era que el libro en realidad no trataba de luchas para nada”, contó Palahniuk en una entrevista. “Insistió que en realidad trataba de gays que miran cómo unos follan con otros en los saunas públicos. Yo le dije que sí, que por qué no. Y él me sirvió copas gratis durante el resto del vuelo”.

3 regla: El club de la pelea es una crítica al capitalismo tardío (antes que decir “capitalismo tardío” se pusiera de moda)

En todas las tomas –o casi todas– de El club de la pelea hay un cameo de Starbucks. Era 1999 y puede que no haya existido algo más aspiracional que los Starbucks, especialmente antes de que se pusieran de moda los cafés orgánicos para hípsters. Palahniuk vivía en Portland, en el estado de Oregón, no muy lejos de Seattle, que es donde nació Starbucks y su moral de cafés/oficinas con “cierta” responsabilidad empresarial.

“Fuimos diseñados para ser cazadores y estamos en una sociedad de compras. Ya no hay nada que matar, no hay nada que luchar, nada que superar, nada que explorar”, dijo David Fincher. “En esa emasculación de la sociedad se crea el protagonista.”

Así, la crítica anticapitalista de la película es más bien simple. El club de la pelea trata sobre el vacío que no logra llenar el consumismo. En palabras del narrador de la novela: “Lo que posees acabará poseyéndote”; “Tenemos trabajos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos”; “No eres tu trabajo, no eres tu corriente, no eres el coche que tienes, no eres el contenido de tu cartera, no eres tus pantalones”; y “Únicamente cuando pierdes todo eres libre para actuar”.

4 regla: El club de la pelea es una película feminista

O bueno: no tanto. Porque el libro como la adaptación son obras sobre hombres. O más bien una exploración sobre los hombres y eso que hoy podría considerarse como la lenta pero inevitable caída del patriarcado.

Pero sí, de alguna manera Palahniuk inspiró a otro libro: El Club de la Lucha Feminista, manual en que Jessica Bennett cuenta la historia tras una docena de mujeres, de entre veinte y treinta años, que se reúne para pelear el machismo. Un fight club feminista.

Pese a eso, Palahniuk no cree que El club de pelea sea una historia demarcada por un solo género (algo, sin duda, muy debatible), ya que su obra, asegura, es más bien existencial. “En el fondo mi libro trata sobre el terror al darnos cuenta de que uno vive y morirá sin entender nada importante sobre uno mismo”, dijo Palanihuk.

5 regla: El club de la pelea inspiró al movimiento incel

Se conoce Incel (involuntary celibate en inglés o celibato involuntario) a esa subcultura virtual de personas incapaces de mantener relaciones sexuales. O en otras palabras: hombres frustrados que forman un ecosistema machista en foros y páginas.

Y muchos integrantes de esta ¿tribu? tienen a El club de la pelea como un punto de referencia. Claro: esta es una película donde el narrador dice: “Masturbarse es auto-superarse.”

Y la cual asimismo explora lo que sucede con grupos de hombres enojados contra el mundo, al igual que los incel.

“Somos los hijos del medio de la historia, amigo. Sin propósito ni lugar. No tenemos gran guerra. No hay gran depresión. Nuestra Gran Guerra es una guerra espiritual … nuestra Gran Depresión es nuestra vida”, dice Tyler Durden. “Todos hemos sido educados en la televisión para creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine y estrellas del rock. Pero no lo haremos. Y estamos aprendiendo lentamente ese hecho. Y estamos muy, muy enojados.”

“Es fascinante que un grupo que no puede tener sexo adopte las mismas referencias”, dijo Palahniuk. “Muestra las pocas opciones que tienen los hombres en términos de metáforas para sus vidas: poseemos un inventario escaso de imágenes. Tienen The Matrix (hay muchas pastillas rojas, pastillas azules) y tienen el Club de la pelea. La otra cosa es La sociedad de los poetas muertos, donde los hombres van a una caverna y se dicen poemas, y no creo que vayan a adoptar eso como referente cultural”.

6 regla: El club de la pelea es una inspiración para la extrema derecha actual (esa que se ríe de los “snowflake”)

Es cosa de ver a los dos hijos de Donald Trump: Eric y Donald Trump Jr, quienes perfectamente podrían ser parte de un fight club para hijitos de papá. Ahí están esos ridículos videos en el gimnasio y su actitud de zorrones que buscan afirmar su masculinidad.

Y más allá de adelantarse a la estética de los hijos de Trump, de esta nueva derecha joven y “políticamente incorrecta”, El club de la pelea es el primer libro donde aparece el término snowflake o copo de nieve, que es como se acusa a las personas que son extremadamente sensibles frente a ciertos comentarios.

“No eres especial. No eres un hermoso y único copo de nieve. Eres la misma materia orgánica en descomposición que todo lo demás”, dice Taylor Durden en la cinta. “Todos somos parte del mismo montón de compost. Todos estamos cantando, todos bailando sobre la basura del mundo.”
Desde entonces que El club de la pelea ha sido reclamado como influencia para la derecha, aunque su autor dice que el significado de una obra no se puede controlar.

Aún así, Andrew Anglin, editor del sitio web neonazi Daily Stormer, dijo que la adaptación cinematográfica de El club de la pelea “es, y siempre será, la mejor película jamás filmada”. Zero Hedge, un sitio libertario sobre economía, usa el apodo de Tyler Durden. Y todos esos grupos de alt-right que se juntan en oscuros callejones a pegarse y afirmar su masculinidad.

Por supuesto que Palahniuk no apoya ni representa esto, así como Salinger no escribió El guardián entre el centeno para que John Lennon muriera a manos de Mark David Chapman, quien era fanático de la historia de Holden Caulfield.

7 regla: El club de la pelea es una película que se estrenó sin mucho éxito

En 1999, con los rumores de que con la llegada del 2000 el mundo se acabaría (o por lo menos colapsaría), se estrenó la cinta de David Fincher. Fue la misma semana en que The Story of Us (dirigida por Rob Reiner, protagonizada por Bruce Willis y Michelle Pfeiffer) y el thriller Doble riesgo (con Tommy Lee Jones y Ashley Judd). Ambas fueron éxito de taquilla. No así El club de la palea. Y si bien tuvo una buena primera semana en las boleterías, entonces no repuntó.

En su momento, El club de la pelea fue catalogada como “la película perfecta para una anti-cita.”

Y es cierto: El club de la pelea tiene eso del cliché de la historia del tipo sensible que una mujer llega para salvarlo. Pero pese a eso no deja de ser romántica su última escena: Edward Norton y Helena Bonham Carter de la mano frente a una explosión (sí, El club de la pelea también se adelantó a las torres gemelas) y “Where Is My Mind?” de los Pixies sonando de fondo.

“Me conociste en un momento muy extraño de mi vida”, como le dice el personaje de Norton al de Carter.

8 regla: El club de la pelea se convirtió en la primera cinta de culto de la era DVD

Antes de Cuevana y Netflix, justo en el momento en que las series de TV comenzaban su época dorada (de la mano de Los Soprano y Sex and the City), la cultura cinéfila era una cultura de DVD. No era solo una cosa de formatos: los DVD ofrecían más contenido que los VHS; específicamente, los easter egg o sorpresas. Y claro: El club de la pelea es una cinta llena de detalles a ser descubiertos. Es una experiencia que no termina cuando termina la película. Ahí están las escenas de porno intercaladas en medio. O los vasos de Starbucks. O más y más escenas porno.

Muchas de esas cosas solo eran detectables en un DVD, formato que era un poco más dinámico que el VHS.

Las ventas de El club de la pelea en DVD fueron bastantes, casi tres veces más de lo que ganó durante su primera semana en los cines en Estados Unidos.

Cabe mencionar que esto, además, surgió cuando Internet se volvía un centro de encuentro para diversas comunidades. Desde gente rechazada por su sexualidad hasta seguidores de causas fascistas, pasando por todo tipo de freaks y solitarios y pervertidos. Era 1999, el fin de una década, de un milenio y el comienzo de una era fragmentada y llena de ansiedades, esa que hoy parece, como se dice, ya normalizada.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo