Culto
Un “Rey Lagarto” suelto en el DF: cuando The Doors tocó en México

Un “Rey Lagarto” suelto en el DF: cuando The Doors tocó en México

Los californianos llegaron a la capital azteca en junio de 1969 para hacer cinco shows en la Plaza de Toros. Sin embargo, la situación política en el país les impidió presentarse en el lugar y debieron tocar en un Club exclusivo de la ciudad. Morrison y los suyos además aprovecharon de conocer la noche mexicana y los principales sitios turísticos.

Los periodistas se agolpaban por conseguir una buena posición en el recibidor del Aeropuerto Internacional de Ciudad de México. Esperaban lograr fotografías y quizás alguna cuña de Jim Morrison, el líder de The Doors, que se iba a presentar por primera vez con el grupo en el país. Pasó mucho rato y no lo vieron. Sin embargo, un hombre barbón, y de prominente barriga, pudo salir sin ser molestado. Era Morrison. Igual los profesionales de prensa no perdieron el tiempo y confundieron a Dorothy, la esposa del tecladista Ray Manzarek, con Yoko Ono.

Los de “Light my fire” tenían agendadas cinco fechas en la capital azteca. Originalmente iban a tocar en la monumental Plaza de Toros. Pero por entonces el horno no estaba para bollos. “Las autoridades tenían miedo de que los jóvenes se reunieran en ahí, pensaban que iba a haber una revolución. Pero la única revolución que los Doors podían generar era de amor, inteligencia y pasión”,  comentó Manzarek al periódico Mileno en 2009.

Efectivamente, había pasado menos de un año desde el 2 de octubre de 1968, día en que ocurrió el asesinato de un grupo de estudiantes y civiles en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Por ello no es descabellado pensar que para el gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, un grupo como los californianos, con fama de disruptivo, podía desencadenar alguna manifestación o cualquier cosa que se les pudiera escapar de las manos.

Por ello, el promotor mexicano Javier Castro, dueño junto a su hermano del Club Forum, pujó por llevar al grupo a su local. La noticia sorprendió al cuarteto, que esperaba tocar en la ubicación estipulada. Tras negociar, finalmente aceptaron.

Lo cierto es que no podían hacerse de rogar. Muy poco tiempo antes, el 1 de marzo de 1969, en el Dinner Key Auditorium en Miami, Morrison protagonizó un incidente en que incitó al público a hacer lo que quisiera y se le acusó de exhibición indecente y obscenidad, lo que trajo como consecuencia que les cancelaran muchas de sus presentaciones en agenda y un largo juicio.

El Forum era un local que funcionaba en la esquina de Avenida Insurgentes Sur y la calle de Ameyalco, en la zona de colonia Del Valle. A diferencia de los bares y estadios en que los Doors solían tocar en los Estados Unidos, este era un recinto exclusivo, de entrada muy cara y con un riguroso dress code que exigía traje y corbata para los hombres y vestido largo para las mujeres. Es decir, no era precisamente el público más enterado del sonido de la agrupación.

Los shows se desarrollaron las noches del 27 al 30 de junio de 1969. Por esos días, el cuarteto estaba por editar su cuarto disco, The Soft Parade, el menos exitoso de su trayectoria. En su primer concierto en el lugar, repleto de gente, abrieron con “Five to one”, y luego, según consignan los datos de setlist fm, tocaron  “When the music’s over”, “Break On Through (to the Other Side)”, “Touch Me” -del nuevo disco-, “Light My Fire” y el cierre con la clásica “The End”. En la presentación los músicos hicieron gala de su talento y su background en el jazz para crear largos pasajes instrumentales en que lograban texturas de sonidos psicodélicos y misteriosos.

“De pronto se hizo la oscuridad completa, se escuchó la batería de John Densmore (el corazón nos latía más fuerte y la guitarra de Krieger se afinaba con el órgano de Manzarek (los nervios se apoderaron del ambiente) cuando un reflector rojizo iluminó la escena descubriendo a un fulano de enorme barba y melena ocupando el lugar de Morrison, quien comenzó a jadear comiéndose casi el micrófono. Era Morrison”, relató el periodista Víctor Blanco Labra en una crónica publicada días más tarde en la revista Pop

Tras finalizar cada actuación, los músicos se iban de parranda a bares cercanos, como el Terraza Casino, en el que tocaba Javier Bátiz, un viejo amigo de los días en que compartían escenario en el Whiskey a Go-go, en Los Ángeles. Hay quienes aseguran haber visto a Morrison ebrio y haciendo como que disparaba con los dedos a los policías mexicanos. También se habla de que el “Rey Lagarto” fue invitado a la residencia presidencial de Los Pinos por cuenta del hijo del mandatario, Alfredo Díaz Ordaz, con quien disfrutó de la famosa mota local.

“Cuando salíamos (Jim) era accesible, amigable, echando mano de su español de secundaria para comunicarse con fanáticos locales. El día que fuimos al Museo de Arqueología [Antropología], él se separó con una joven pelirroja, una mujer estadunidense que era conocida por ser una de las “groupies presidenciales”, una banda de mujeres principalmente estadunidenses que se habían unido al hijo del Presidente”, detalló al periódico La Jornada el periodista de Rolling Stone, Jerry Hopkins, quien cubrió el periplo.

“Otro día fuimos a un parque donde tocan mariachis, Jim y yo nos emborrachamos y pagó una suma extravagante por una bandeja de servicio para meseros. Y otra noche, mientras regresábamos al hotel de un club, de nuevo él estaba un poco ebrio y mientras el chofer aceleraba a una velocidad de 80 en el velocímetro, bajando a 50 para poder dar vuelta, Jim se asomó fuera de la limosina y apuntó con su dedo como si fuera una pistola. ¡Andele!, gritaba en español a la noche: ¡Bang… Bang… Bang! ¡Ándele! ¡Ándele!”. Un bandido cabalgando con el fantasma de Zapata en un Cadillac por Avenida Revolución en una bochornosa noche mexicana”, agrega Hopkins.

Cuando no tocaban, los de “People are strange” aprovecharon de hacer turismo. Algunas fotografías y testimonios comprueban que visitaron sitios como las ruinas de Teotihuacán, el mercado de La Lagunilla, la Plaza Garibaldi y el Museo Antropológico.

Muchos años después, en 2009 Manzarek y Krieger lograron tocar en la Plaza de Toros. Al despedirse, el fallecido tecladista gritó: “Finally! Now! ¡Ahora! Now! ¡Ahora! After 40 years! I’m very happy, really! ¡Plaza de Toros! ¡Viva!”.

Sobre el autor:

Felipe Retamal N. |
Periodista de Culto. En Twitter es @feloretamaln