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Los Fusileros: cómo se filmó la ambiciosa película sobre los autores del atentado a Pinochet

Los Fusileros: cómo se filmó la ambiciosa película sobre los autores del atentado a Pinochet

Con Daniela Ramírez, Gastón Salgado y Cristián Carvajal, el director Juan Ignacio Sabatini (La cacería) lleva a la pantalla grande la historia de los frentistas detrás de la operación de 1986 en el Cajón del Maipo.

24 días para filmar su mirada de los preparativos y las vidas de quienes estuvieron cerca, a una distancia ínfima, de dar un vuelco en la historia del país en los 80. El director Juan Ignacio Sabatini, con la experiencia previa de contemplar desde la ficción en TV hechos como el homicidio de Daniel Zamudio y el caso del psicópata de Alto Hospicio, contó con ese tiempo para rodar Los fusileros, su primer largometraje de ficción. Un proyecto que llevaba trabajando desde la época en que era reconocido junto a su productora Villano en el área de la no ficción, con las series Adictos al claxon (La Red), La cultura del sexo (TVN) y el documental sobre la Selección de Chile, Ojos rojos.

Sólo en el último mes, ya con ese bagaje en el cuerpo, pudo ubicar la cámara y gritar “acción” en la película que por primera vez lleva al cine la historia de los frentistas que buscaron matar a Pinochet mediante una emboscada a su comitiva en el Cajón del Maipo, en la cuesta Las Achupallas, tras 13 años de régimen.

En ese momento Daniela Ramírez selló su interpretación de la comandante Tamara, Cecilia Magni, la joven socióloga que rompió con sus orígenes para sumarse al Frente Patriótico Manuel Rodríguez y terminó siendo la única mujer en la comandancia del grupo. También Cristián Carvajal se puso en la piel del alguna vez profesor de educación física Mauricio Hernández, el comandante Ramiro. Y Gastón Salgado se volcó en otra transformación, esta vez la del joven de la población La Pincoya que quedó en la historia como el primero de los fusileros en caer y quien terminó delatando a sus compañeros: Juan Moreno Ávila, alias Sacha.

Son algunos de los personajes que hace 12 años el periodista Juan Cristóbal Peña perfiló en el libro Los fusileros, crónica secreta de una guerrilla en Chile, y los protagonistas que definió el guión de Enrique Videla, Pablo Paredes y Sabatini; un texto de estructura coral que tiene como punto climático ese domingo 6 de septiembre de 1986.

Para esa parte del rodaje, el equipo se trasladó la semana del 25 de marzo hasta la zona de Baños Morales, un punto más retirado que el sector original del atentado. En un escenario de aislamiento, metralletas, explosiones y vehículos de la época fueron necesarios para la realización, que cuenta con la participación de compañías de Argentina y España.

“La locación que se eligió para al atentado mismo es un lugar muy especial, que le da un valor de producción enorme. Hicimos volar autos, se cortó el tránsito. Era bien potente”, cuenta Pablo Díaz, coproductor de la película y actor de la misma con un rol pequeño, junto a Luis Gnecco, Mario Horton, Gabriel Cañas, el argentino Juan Martín Gravina y Alejandro Goic. “Me tocó tirar un lanzamisiles, con todo el efecto y la preparación que esto significa, con un extintor para generar la presión para lanzarlo”, detalla Salgado.

El manual indicaría una reconstrucción fiel de lo que ocurrió: la misión no le provocó heridas a Pinochet y terminó con cinco de sus escoltas muertos y once heridos. Pero el filme sugiere algo adicional. “Es un hecho que podría haber cambiado la historia de Chile. Si efectivamente hubieran logrado su objetivo de matar a Pinochet, quién sabe qué hubiera pasado. Con eso también juega la película”, plantea Díaz. Salgado dice: “Hay un momento de la película en que se genera una ficción donde todo puede pasar”.

La preparación

Previo al inicio del rodaje, que también pasó por Valparaíso, el Estadio Nacional y el centro de Santiago, Cristián Carvajal se alistó de manera exhaustiva para interpretar su rol del comandante Ramiro, el exlíder del FPMR, a quien también se ha sindicado como autor intelectual del asesinato de Jaime Guzmán. Leyó su libro Un paso al frente y se reunió con algunos de sus cercanos, lo que le permitió, expresa, “aclarar el ‘qué significó’ ser parte del Frente, el cotidiano, el ir por la vida con otro nombre. Entender cómo un cuerpo humano puede contener ese nivel de convicción, incluso por sobre sí mismo y su familia. Y que aunque les hicieran elegir de nuevo, elegirían la misma vida con el mismo final”.

Salgado pudo conversar con el verdadero Juan Moreno Ávila. Su caso es el más difícil: las huellas dactilares que encontraron en una botella de bebida lo llevaron a ser detenido y a que posteriormente fuera torturado ante su familia, entregando al resto. “También me pasó con Martín Vargas: la persona siempre tiene un relato, hay detalles que omiten. El trabajo del actor es tratar de descubrir qué es lo que realmente hizo y uno lo termina completando”, señala.

El actor de la serie Martín, el hombre y la leyenda revela lo que buscaba Sabatini: “En las primeras reuniones que tuvimos con la Daniela (Ramírez) y con Cristián (Carvajal) era claro que lo que Juan quería era que reflejáramos humanidades, no que se viera a los súper guerrilleros”. Y concluye: “Por eso también es muy interesante cómo se narra la película, con estos dos puntos de vista, del joven que viene de La Pincoya, y esta joven que viene del barrio alto, y confluyen en este ideal político. Eso humaniza a estos guerrilleros”.

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