Culto
Rosalía: disipando dudas como una diosa

Rosalía: disipando dudas como una diosa

La artista barcelonesa ya llegaba a Sudamérica como una estrella de Internet, se echó al público argentino al bolsillo y sin embargo, sobre ella pesaba el escepticismo de los que creían que es solo una moda. La cantaora demostró lo contrario.

Poco a poco el Acer Stage se vio invadido por una ola de asistentes, en su mayoría millennials, como la artista que esperaban ver. Es un fenómeno de la era digital que provocó el temor de un segundo colapso tras subestimarse la convocatoria de Paloma Mami y luego de ver la reacción del público trasandino a su show.

Rosalía generó tantas dudas entre los que la desconocen, como expectación entre sus fans. Le bastó nada más dar algunos pasos en el escenario, regalar una mirada desafiante y entonar los primeros versos para posicionarse como una de las mejores cartas de Lollapalooza 2019.

Decir que es una promesa de la música española es poco. Rosalía es un veredicto de un nuevo género que fusiona el estilo urbano con la tradición flamenca. Acusada por la ignorancia -e intolerancia- de “apropiación cultural”, la joven artista supo reinventar un sonido pasado por alto por las nuevas generaciones.

Cuando eran las 18.45 hrs comenzaron a sonar silbidos y palabras que denotaban impaciencia por su ídola. Se cruzó un técnico por el escenario y la energía empezó a subir de nivel poco a poco. ¿Donde estaba Rosalía?

Serias y vestidas de blanco, subieron al escenario las bailarinas. Inmediatamente después llegó ella, la cantaora que destacaba en el color del orgullo con su larga melena morena amarrada en una coleta. Comenzaron con una coreografía que hizo gritar al público y una pausa dramática dejó a Rosalía de espaldas al público, giró su cabeza y sonrío. Todos se rindieron a sus pies.

“Pienso en tu mirá”, el capítulo 3: celos de El Mal querer, fue la canción inaugural de la jornada. Lo que falló sonoramente con bajos a reventar, fue opacado con creces por el poderoso baile, la prodigiosa voz y una apuesta estética de otra era.

El intenso perreo se tomó la pista intercalando “Te estoy amando locamente”, con la fuerza inagotable de sus caderas y la aclamación de los miles de asistentes que cantaban verso a verso, aunque no pudieran alcanzar el rango vocal de la joven.

“Barefoot in the park”, colaboración con James Blake trajo unos minutos de calma en medio de la euforia. Como un oasis para respirar y dejarse deleitar por la poco convencional voz de la artista que, aún apoyada por un cuerpo de baile, era capaz de imponerse sola ante miles.

“Catalina”, “Que no salga la luna” y “Maldición” reactivaron el delirio. El público rezaban sus letras con la mirada perdida en los ojos de Rosalía, celebraban cada demostración de la cantaora en medio de aplausos y exclamaciones como “te amo”.

“Chile, es un honor para todos nosotros venir de tan lejos para tocar para vosotros”, dijo pausando por unos minutos el show. Cada mirada, cada sonrisa pícara, cada paso de baile, desataban la locura en un público completamente hipnotizado.

Con un show superior al promedio de conciertos de una hora que configuran el festival, Rosalía brilló con “A ningún hombre” (A ningún hombre consiento que dicte mi sentencia/ sólo Dios puede juzgarme, sólo a él debo obediencia), “De aquí no sales”, “Di mi nombre” y “Bagdad”.

Baila con la misma experticia de su canto y, si bien su repertorio en solitario hubiese sido más que suficiente, las colaboraciones junto a C. Tangana y J Balvin estuvieron en el cierre de show cuyo broche de oro llegó con “Malamente”.

Rosalía Vila eligió su nombre de pila para desarrollar su carrera artística, pero sus logros -merecidos y ratificados tras su presentación en Lollapalooza Chile 2019- bien podrían denominarla Diosalía.

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov