Culto
La década de Pedropiedra

La década de Pedropiedra

Fue el músico que más veces se subió al escenario durante todo Lollapalooza. Lo hizo junto a Los Tres, dos veces con Los Pulentos y su banda Pillanes. A la espera de su próximo disco en solitario, ayer se presentó además como el show secreto de Kidzapalooza.

“Veo que los niños ya crecieron un poco”, bromeó Pedropiedra a la altura de “Para ti”. El show secreto del escenario infantil, curiosamente casi sin niños, reunió a una importante fanaticada para repasar algunos de sus éxitos.

Mientras era dibujado en las visuales por Gabriel Garvo, su banda —reforzada por Leo Saavedra en guitarra y Diego Peralta en bajo— homenajeó a Jorge González, “el pillán mayor”, con “La balada de J. González”.

Le siguió una versión del EP Bomba nuclear en clave de cumbia electrónica para “Rayito/olita”, que abrió la fiesta de la tarde en el escenario infantil.

¿Show secreto? Aunque fue anunciado el domingo en la mañana, Pedropiedra se había presentado antes como invitado de Los Pulentos en el mismo escenario, con Los Tres en la explanada y junto a su nuevo proyecto Pillanes en el Lotus stage.

Lo de ayer fue distinto. El ex CHC echó mano a la nostalgia de su primer trabajo en solitario. “Las niñas quieren…” y el cierre con “Inteligencia dormida” recordaron la frescura de ese disco debut, uno que apareció en 2009 cuando se descubrió como un productor que grababa sus propios teclados, bajos, baterías y además las voces y guitarras.

Con la experiencia de un puñado de grupos que armó y desarmó antes de ese álbum de hace una década, Pedropiedra escribió canciones limpias, imaginativas y con sonidos de R&B, o suave funk, o de ritmos tropicales, o derechamente pop como el single “Perder ganar” con el que abrió su presentación.

Aunque inesperado y urgente en partes iguales, lo de ayer vino a confirmar la regularidad con que Pedropiedra se presenta en vivo con algún proyecto propio o ajeno.

No solo fue un show que aprovechó para mostrar la paleta de colores de su música: los toques oscuros de “Pasajero”, el humor tétrico de “Vacaciones en el más allá” o la alegre “Todos los días”. También sirvió para ver en qué está, a la espera de un nuevo disco —al menos en solitario— a diez años del comienzo.

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