Culto
La diversidad estilística se consagra en Lollapalooza

La diversidad estilística se consagra en Lollapalooza

Sonidos africanos, punk, pop chileno y del caribe, indie rock y synth pop, todos esos estilos tuvieron cabida hasta el atardecer del día final del festival que amplía satisfactoriamente la oferta musical.

La tercera tarde de Lollapalooza partió aguerrida, con tintes políticos. Fiskales Ad-hok, emblemas del punk chileno, utilizaron su clásico logo de la cabeza de un conquistador cruzada por una espada, reemplazando la imagen con personajes reconocidos de la derecha local. También tuvieron a mapuches en el escenario. O sea, nada que un conocedor de la obra del legendario grupo no sepa.

El barómetro político se inclinó hacia el otro extremo con los venezolanos de Caramelos de cianuro con una masiva presencia de coterráneos residentes. En paralelo los uruguayos La Vela puerca, una banda veterana de respetable recorrido con siete álbumes, también concitaba a sus compatriotas en las primeras filas, entusiastas de su rock que nació del ska hasta evolucionar hacia la fusión, una de las claves de este festival.

Puntual a las 15:00 horas Gepe se tomó uno de los escenarios principales para un gran número empañado ligeramente por un corte del audio. El tiempo nos engaña a veces. Parece que apenas ayer Daniel Riveros era la avanzada del Nuevo pop chileno y hoy es un consagrado con un número bien craneado que responde a esa expectativa. Gepe ofrece fiesta con coreografías, una gran banda, su versatilidad instrumental -se pasa de la guitarra a la batería chasqueando los dedos- y un dominio escénico cada vez más afianzado. Hits como “Hambre”, “Hablar de ti”, “Marinero capitán” y una versión de “Amor violento” de Los Tres, algo entrecortada por los problemas de sonido, contribuyeron a un show aceitado, macizo, internacional y paradigmático de los beneficios de combinar estilos con personalidad.

Un par de horas más tarde Juanes tenía a toda la audiencia bailando con un número de grandes éxitos. El colombiano viene de vuelta de la sobreexposición y se nota en su look más relajado, cero peinado y vestido de negro con algún resabio de su pasado metalero. Dio una sorpresa al versionar el clásico de Soda Stereo “Cuando pase el temblor” con Charly Alberti en la batería. Juanes se paseó por su pop de guitarras cadencioso, caribeño, también hijo de la fusión. Aunque tuvo algunos mínimos problemas de sonido (VTR stage, el mismo donde actuó Gepe), consiguió coros masivos y fiesta.

Los británicos Foals se unen a la idea de que un solo estilo no basta ampliando su paleta de rock indie hasta cortes con fuertes condimentos electrónicos y bailables para derivar hasta pasajes más duros. No congregaron demasiado público considerando que se presentaban en la explanada pero demostraron solidez.

Hacia el fondo del parque Seun Kuti, hijo del legendario Fela Kuti, fue una enésima demostración de que este capitulo de Lollapalooza marca un punto de inflexión en la paleta musical. Ritmos de África maridados con el jazz rock y el funk siguiendo reverencialmente la tradición del padre -de hecho una buena parte de la banda tocaba con él-, se tradujeron en piezas hilvanadas con libertad de cocción progresiva hasta coger una dinámica de trance, bordado musical sin las ataduras de la estructura tradicional de la canción comercial.

Las últimas horas de la tarde fueron para The 1975, la banda pop rock que con su último álbum, el alabado A brief inquiry into online relationships (2018) exploró las vetas más modernas del pop dominante incluyendo un arsenal de efectos en las voz del líder Matt Healy, replicados con exactitud en directo. Porque si hay algo que distingue al grupo de Manchester en su fidelidad de viejo disco compacto en vivo. Siguen arrastrando muchísimo público femenino por la imagen de sex symbol de Healy que no se sobrepone a la totalidad de la banda como expresión artística.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras