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Muere Agnès Varda, la primera dama de la Nueva Ola francesa

Muere Agnès Varda, la primera dama de la Nueva Ola francesa

Militante del documental y la ficción, Oscar a la trayectoria, la cineasta belga de Visages, villages falleció a los 90 años.

En febrero último, en el Festival de Berlín, Agnès Varda presentó un documental acerca de su propia trayectoria de 12 largos argumentales, 15 documentales e igual número de cortos. Varda par Agnès fue su despedida, y ella misma la había anunciado como tal.

La noche del jueves, según informó su familia, la fotógrafa, artista visual y cineasta belga murió en su casa, víctima de cáncer. La noticia lideró Twitter en Chile, mientras el Festival de Cannes declaró: “Durante 65 años, la mirada y la voz de Agnès Varda habitaron el cine con una inventiva intacta. El lugar que ocupó allí es irreemplazable”.

Nacida en 1928 en Bruselas, de padre griego y madre francesa, se trasladó en 1940 con los suyos a Sète, poblado francés de pescadores donde ambientaría parte de su primer largo, La pointe courte (1954), protagonizado por Philippe Noiret y montado por Alain Resnais. Tal como el director de Hiroshima, mon amour, y como su colega y futuro marido Jacques Demy (Los paraguas de Cherburgo), Varda se movió en el ambiente de la izquierda intelectual parisina. Ese mundo fue el que acogió a la revista de cine Positif, lo que sin embargo no la convirtió en adversaria de la rival Cahiers du Cinéma ni de la Nueva Ola que surgió de ella. Por el contrario, se la consideraría la “madrina” o la “abuela” del movimiento.

Su siguiente largo, Cléo, de 5 a 7, fue un mix de realismo callejero y fantasía juguetona: la historia de una cantante que recorre diversos lugares a la espera de que le entreguen un examen médico que podría dar muy malas noticias. Como observó en 2002 el crítico Stéphane Goudet, “su obra no dejó de suscitar comentarios apasionados, frecuentemente entusiastas, cualquiera fuese la forma de sus películas”.

Argumentales y/o documentales, entre sus películas figuran una suerte de comedia hippie en EEUU (Lions love, 1969), el musical feminista Una canta, la otra no (1977), y Los espigadores y la espigadora (2000), donde hace dialogar el arte pictórico con la gente que recoge alimentos en la calle. En esta última cinta, Varda fue Agnès: una mujer inquieta, escrutadora y amable, que comenta lo que tiene al frente e interactúa con el resto. Un ejemplo tardío fue Visages, villages (2017): una gira junto a su codirector, el artista visual JR, por pequeños pueblos, fotografiando a la gente y pegando gigantografías con sus imágenes. La cinta fue nominada al Oscar luego de que su autora recibiese una estatuilla honoraria de la Academia, siendo la primera realizadora en recibirla.

“El azar siempre ha sido mi mejor asistente”, comentaba Varda en la cinta, dando cuenta de un cine inconfundible, imprevisible e irrepetible. En entrevista con Culto, el año pasado, declaraba: “Tengo ya suficiente en la vida. Sólo quiero tener fuerzas para seguir filmando un poco más”. Y tuvo las suficiente para hacer Varda par Agnès, su filme/testamento.

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