Culto
Michael Jackson: las piedras por tirar

Michael Jackson: las piedras por tirar

Sigue siendo complejo juzgar el pasado por el contexto actual y si es así la lupa moral ofrece sobrado material para escarbar en figuras de la cultura pop y la historia universal. Hay muchas piedras por tirar pero veamos si vale la pena y si estamos en posición de hacerlo.

UNO.
Banean a Michael Jackson en radios de Canadá, Nueva Zelanda e Inglaterra y lo mismo en Chile las emisoras de Canal 13. Parece extraño, un poco arcaico y oportunista intentar borrarlo pero los medios tienen la prerrogativa de decidir a quién programan y a quién no. Muy a menudo la gente olvida que se trata de empresas con dueños, intereses e ideologías detrás. Ahora, ¿sirve de algo? ¿Cuál es la lección que se pretende? ¿El documental de HBO que revive las acusaciones de abuso a menores pesa más que la justicia que nunca condenó al rey del pop?

DOS.
En los 80 TVN y radio Concierto censuraron a Los Prisioneros. El canal por motivaciones políticas mientras la radio se justificaba en sus estándares de calidad de sonido. Resultados: en el festival de Viña de 1987 la galería de la quinta Vergara pifió cuando anunciaron a Upa!, por lo demás regalones de Concierto, y gritó el nombre de la banda de San Miguel. Los Prisioneros eran tan grandes que daba exactamente lo mismo ser omitidos por la televisión estatal y la radio que iba “por el camino de la paz”. La pluma de Jorge González convirtió el baneo en ironía subiendo al columpio a la emisora en “Independencia cultural” (“y ahora en radio Concert, y sólo por ser hoy 18 de septiembre…”).

TRES.
El Canal 2 ex Rock & Pop aplicaba censura para algunos videos, entre ellos uno de Jimi Hendrix con psicodélicas animaciones excluido porque en una breve secuencia, wow, una pareja copulaba. Vedado también “Pinion” de Nine Inch Nails donde la cámara sigue una oscura descarga de agua desde un water rastreando el trayecto por cañerías hasta un inesperado final. La estación de la Compañía Chilena de Comunicaciones, de alineación demócrata cristiana, consideraba que su audiencia juvenil no podía ser expuesta a ese tipo de expresión artística en los locos años 90. Ahora esos videos figuran en Youtube al alcance de un niño.

CUATRO.
Si se puede o no separar la obra de las acusaciones en contra de Michael Jackson —curiosamente una encuesta de ayer en una de las radios del 13— debiera ser un asunto personal, que cada uno decida si sigue escuchando sus canciones y viendo sus videos a pesar de las denuncias. A un genio no se le suprime ni se le intenta borrar de un día para otro y en este caso, si efectivamente Jackson cometió tales abusos y evadió a la justicia mediante su poder económico, mediático y cultural, esta dimensión abre debates en torno a las posiciones de privilegio y la idolatría.

CINCO.
La obra de Michael Jackson merece estudio porque es el último revolucionario de la música para las masas a escala planetaria. El pop dominante en plataformas y radios —esas radios que ya no dictan los gustos de la audiencia sino que van a la saga de tales sitios—, desciende directamente de los cambios que Jackson introdujo en la arquitectura de sus hits. Sorry beatlemaniacos pero el rey del pop es hoy más influyente que The Beatles en los gustos musicales del público juvenil.

SEIS.
Michael Jackson tomó medidas muy similares a las que permitieron a la banda de Liverpool convertirse en fenómeno global. Brian Epstein eliminó el look de cuero y gomina porque no servía para encantar a los padres de esos chicos que pretendía conquistar. De ahí los trajes, los cortes de pelo y un sonido lejos del ambiente de taberna portuaria que practicaban. Jackson no sólo blanqueó su aspecto sino también la música de sus raíces, el funk recargado de sexo y lujuria emanado de James Brown. Funcionaba en los 60 y 70, pero en los 80 con Reagan en la Casa Blanca y el sida estigmatizado como castigo divino, mejor olvidarse del sexo explícito en el ADN del funk. A la altura de Bad (1987) Jackson producía música electrónica bailable sin rastro análogo excepto las guitarras.

SIETE.
Hay gente que pretende cancelar a Pablo Neruda y a Woody Allen por episodios y conductas de su vida privada. Que lo hagan tan piola como quienes continúan escuchando al rey del pop, leyendo al poeta o viendo las películas del director neoyorquino. Sigue siendo complejo juzgar el pasado por el contexto actual y si es así la lupa moral ofrece sobrado material para escarbar en figuras de la cultura pop y la historia universal. Hay muchas piedras por tirar pero veamos si vale la pena y si estamos en posición de hacerlo.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras