Culto
Alcohol, groupies, sobredosis y muerte: el libro que inspiró la película de Netflix sobre Mötley Crüe

Alcohol, groupies, sobredosis y muerte: el libro que inspiró la película de Netflix sobre Mötley Crüe

Publicado en 2001, Los trapos sucios: la autobiografía de Mötley Crüe es un libro tan divertido como pervertido. Son casi 500 decadentes páginas que inspiraron la película disponible en Netflix: The Dirt. A continuación, un viaje por los altos, medios, bajos y bajísimos del grupo de rock supuestamente más infame del mundo.

Pocas veces la dedicatoria de un libro resulta ser también su mejor gancho. Pero claro: la autobiografía de Mötley Crüe no es cualquier libro.

Dedicado a nuestras esposas e hijos con la esperanza de que puedan perdonarnos lo que hemos hecho.

Y luego de una dedicatoria así uno sabe que lo que sigue no puede ser tan terrible. O más bien sí: lo que sigue tiene que ser terrible ya que el libro (1) se llama Los trapos sucios y (2) Mötley Crüe es sinónimo de todo eso terrible y cliché que rodeó por mucho tiempo al rock and roll y que hoy parece lejano y una pieza de museo.

Todo esto, por supuesto, se confirma en el primer párrafo de Los trapos sucios. Porque lo primero que se menciona en este libro es una mujer. Al parecer es una de las primeras groupies de la banda. Una a la cual le dicen así: cara de alce.

“Pero Tommy, a pesar de que podía conseguir a cualquier chica que se le antojara en Sunset Strip, se negaba a dejarla. La amaba y quería casarse con ella, nos decía una y otra vez, porque cuando se corría era capaz de lanzar fluidos de una punta a la otra de la habitación”.

Y sí, luego de un comienzo así (digno de Pornhub), puede que uno se pregunte: ¿seguir o no seguir leyendo?

Y la verdad es que cuesta resistirse al morbo y a la decadencia ajena, por lo que por lo menos en mi caso avanzo velozmente por las casi 500 páginas de esta autobiografía (escrita a cuatro manos con el periodista Neil Strauss).

Además, nadie compra ni lee un libro como este esperando encontrar una confesión moralista de los miembros de una banda como Mötley Crüe.

Al contrario.

En mi caso reconozco que compré Los trapos sucios conducido más por el morbo que por el fanatismo. Nunca he tenido ni tendré un disco de Mötley Crüe. Conozco el repertorio básico del glam, y hasta lo disfruto en los karaokes, pero me cuesta escuchar Poison y Ratt y Manowar y hasta Kiss dejando la ironía de lado. En especial porque a estas alturas el glam no es más que otra forma de cosplay (y por eso sigue vivo y coleando en Japón, la tierra donde todo se recicla eternamente y pierde significado).

Pese a eso, apenas pude conseguí una copia de Los trapos sucios. Y lo leí en menos de dos días.

Chicas, chicas, chicas

El Sunset Strip es el estrecho de Sunset Boulevard que pasa por West Hollywood (California). A fines de los setenta era un pozo de depravación. Prostitutas en spandex y tacones finos como agujas caminaban por las calles, los punks se sentaban en grupos por toda la acera, y enormes filas de chicos y chicas seguidores de la New Wave, vestidos de negro, rojo y blanco, esperaban fuera de los clubs en Los Ángeles.

En medio de esa escena cuatro aspirantes a roqueros caminaban. Era Mötley Crüe antes de Mötley Crüe. Más una pandilla que una banda. Se emborrachaban, jalaban altas cantidades de cocaína y caminaban por el Sunset Strip con tacones de aguja, tropezando por todo el lugar. Su objetivo era uno: proyectar algo, una energía. Los Mötley Crüe sabían que lo que finalmente importa es una combinación entre música, imagen y mucho chisme. Eso intangible que podría llamarse “tener onda” y que finalmente te lleva a la fama.

“Cuando salíamos juntos, cuatro hombres degenerados vestidos como putas, la gente se sentía atraída por nuestra energía. Si entrábamos a un club, todo el mundo entraba con nosotros. Si nos íbamos, el club se vaciaba. Sentíamos que nos estábamos convirtiendo en los reyes de Los Ángeles”, escribe Nikki Sixx. “Parecía que todos los hombres querían ser nosotros y que todas las chicas querían follarnos, y todo lo que teníamos que hacer era simplemente comenzar una banda de rock”.

Y claro: cuando los echaban de un club, los miembros de Mötley Crüe organizaban fiestas en su casa:

“A nuestras fiestas casi diarias asistían supervivientes de la movida punk, como 45 Grave y los Circle Jerks, mientras que por el patio y por la calle asomaban miembros de bandas metaleras recién formadas como Ratt y W.A.S.P.”.

La casa de Mötley Crüe es donde se hacían las fiestas. Pero no era el mejor lugar para vivir: “En la ducha se amontonaban los tampones de las chicas que habían pasado allí la noche, y el lavabo y el espejo estaban negros debido al tinte para el pelo que usaba Nikki”.

Y acá otro ejemplo: “Si queríamos usar el horno teníamos que dejarlo en alto durante diez minutos para matar a los regimientos de cucarachas que se arrastraban por dentro. No podíamos costear pesticidas, así que para exterminar a las cucarachas de las paredes tomábamos un espray para el cabello, sujetábamos un encendedor a la boquilla y quemábamos a las bastardas”, dice Vince Neil.

Y luego agrega: “Por supuesto que sí podíamos costear (o robar) cosas importantes como la laca para el cabello, porque teníamos que levantarnos el pelo si queríamos hacer las rondas por los clubes”.

*

Los trapos sucios es un buen registro de cómo una banda nace de una idea hasta convertirse en la banda del momento. “He aprendido en la vida que si persigues algo durante el tiempo suficiente, pronto ese algo empezará a perseguirte a ti”, dice Tommy Lee. Este es uno de esos libros que se escribe siguiendo este mensaje: ten cuidado con lo que pides porque se puede cumplir.

A lo largo de casi 500 páginas se muestra el ascenso y descenso de la banda conformada por Tommy Lee, Mick Mars, Vince Neil y Nikki Sixx. Pero sus mejores momentos, sin duda, son los bordes. Lo que la banda era antes de hacerse famosa y luego de dejar de ser famosa. Esos momentos que no aparecen en Wikipedia. Descripciones como esta:

“Fue el principio del fin en lo que a diversión se refiere: cocaína ilimitada. Tommy conocía a estos sombríos personajes en Simi Valley que se detendrían en Cherokee Studios, donde grabábamos Shout at the Devil, y traíamos kilos y kilos de coca. Nos quedábamos despiertos durante tres días seguidos haciendo música y ni siquiera pensábamos que estábamos trabajando duro. Vince había pegado fotos de revistas pornográficas por toda la pared, y las chicas entraban y salían del estudio, eran folladas con micrófonos en la sala de control, botellas en la cocina y empuñaduras de escoba en el armario porque nos estábamos quedando sin ideas de qué hacer con ellos”.

*

Es difícil odiar a Mötley Crüe. En parte porque justamente buscan ser odiados. O, en otras palabras, porque buscan ser honestos en su imbecilidad, especialmente cuando se trata de mujeres: “Antes de conocerla, había pensado en la mayoría de las mujeres como pensaba en mi primera novia, Sarah Hopper, como plagas que a veces eran útiles como alternativas a la masturbación”. Otro ejemplo: “Ella tenía unos labios tipo blow-job”. Y uno más: “Siempre sucede lo mismo con las bandas: las drogas, las mujeres, el ego.”

Los trapos sucios podría ser parte del canon de la literatura feminista. No como texto de apoyo, claro, sino como caso de estudio. Acá está todo lo tóxico de la masculinidad y del rock and roll. Guitarras como penes; penes como guitarras; mujeres como un elemento intercambiable de la triada drogas-alcohol-sexo; y un excesivo culto por la figura masculina.

Y no solo eso: en estas páginas no queda claro si algo tan macho como el glam busca romper las rígidas barreras de los géneros al mezclar lo masculino con femenino (con sus excesivos maquillajes), o simplemente se disfrazan sin tener una razón de fondo.

Es decir: ¿se vestían de esa forma para justamente ser admirados por sus pares masculinos?, ¿era todo un reflejo homo-erótico frente a un tipo de música supuestamente súper alfa?

No deja de ser curioso, dentro de eso, que las bandas con integrantes gay de la época (Pet Shop Boys, The Smiths, etc.) hayan sido mucho más formales e individualistas y sobrios que casi todas las bandas glam, las cuales eran desordenadas, comunitarias y borrachas.

Una década de decadencia

Antes de un concierto en Tucson, Arizona, con una capacidad de 15,000 asientos, solo se vendieron 4,000 entradas. Nikki Sixx decidió llamar a una estación de radio del área de Tucson y ofrecer a cualquier fan que apareciera boletos gratis. Cuando solo dos personas aceptaron la oferta, Sixx dijo que sabía que la banda estaba terminada.

Eran los noventa. Y con eso el fin del glam.

Pero ahí no finalizó Mötley Crüe. La banda tuvo varios coletazos durante esa década; en palabras de sus miembros, se volvió una banda “alternativa” ya que intentaron acercarse al sonido de Nine Inch Nails. Y de alguna manera fracasaron, porque todo eso que en los noventa se llamaba alternativo (grunge) iba en contra del glam. De esta forma lo describe Nikki Sixx:

“Abrumados por la emoción por el nuevo material en el que trabajábamos tan duro, no teníamos idea de que la industria de la música había dicho prácticamente que estábamos por detrás de ‘Girls, Girls, Girls’. Habíamos estado alrededor durante toda una década y, en lo que a ellos respecta, eso fue suficiente. Los ochenta casi habían terminado, las cosas se estaban gestando en Seattle, y solo éramos una banda de metal con espray para el cabello que había tenido suerte con un par de éxitos. En sus mentes, estábamos muertos y desaparecidos”.

Si no fuera por este libro Mötley Crüe correría la misma suerte que otras bandas de esos años. Puede que haya sido un caso de timming. Porque Los trapos sucios se publicó el 2001, un año bisagra para la música. Y no solo cambió el legado de Mötley Crüe, sino que el libro tuvo un mayor impacto al crear una nueva forma de recordar el metal de los ochenta.

Así, por ejemplo, lo pone Chuck Klosterman, un periodista gringo especializado en el metal y el glam y la música en general:

“De repente, la gente estaba realmente emocionada de recordar ese período de la música. Mötley Crüe fue la banda de metal más importante de los 80 y creo que, de alguna manera, lo son nuevamente. Me doy cuenta de que la huella musical de Guns N ’Roses es mucho más grande, pero también trascienden el género. Además, creo que Mötley Crüe es una de las pocas bandas donde incluso el seguidor casual puede nombrar a cada miembro. Las cuatro personas en esa banda son famosas. Mucha gente ama U2, pero no puede nombrar al bajista o al baterista. Pero muchos de esos mismos fanáticos de U2 saben quién es Tommy Lee y eso es increíble”.

*

“Si mi carrera como músico falla, siempre puedo ser una estrella del porno”, dice Tommy Lee (quien, junto con su exesposa Pamela Anderson, tiraban escuchando su banda favorita: Radiohead).

Hacia fines de los noventa Mötley Crüe iban y venían.

Aunque ya estaban desfasados.

“Algo había cambiado. Claro, todavía partimos, nos volvimos locos, nos jodimos y metimos nuestras pollas en cualquier cosa. Pero no fue lo mismo: la fiesta llevó a la adicción, la adicción a la paranoia, y la paranoia llevó a todo tipo de errores estúpidos con enormes repercusiones. Incluso el sexo no era lo mismo: follar llevó al matrimonio, el matrimonio llevó al divorcio, el divorcio llevó a la pensión alimenticia, la pensión alimenticia llevó a la pobreza”, se queja Tommy Lee. Y luego comenta cómo se sintieron luego del accidente de Vince Neil, tras el cual murió su acompañante y no él, quien apenas pasó 15 días en la cárcel: “Nos dimos cuenta de nuestra propia mortalidad, como seres humanos y como banda”.

Como buen producto gringo, Los trapos sucios es el clásico relato de sobrevivir y vivir para contarla.

Aunque: ¿a qué sobrevivieron los Mötley Crüe?

¿A ellos mismos?

¿A la fama?

¿Al rock and roll?

“Después de la locura de la gira de Girls, creo que nos perdimos de vista. Mötley Crüe se convirtió en una banda sobria, luego nos convertimos en una banda sin cantante principal y luego nos convertimos en una banda alternativa. Pero lo que todo el mundo siempre ha querido por Mötley Crüe fue ser una jodida banda decadente: poder caminar en una habitación e inhalar todo, el alcohol, las niñas, las pastillas y los problemas. Supongo que un final feliz sería decir que aprendimos nuestra lección y que está mal. Pero a la mierda eso”, escribe Vince Neil.

Por lo general, en unas memorias “normales” de rock, es en este momento cuando los protagonistas aseguran que aprendieron la lección, que son mejores personas y que han comenzado una nueva etapa en su vida.

Pero claro: la autobiografía de Mötley Crüe no es cualquier libro.

“Me gusta beber de vez en cuando, y me gusta meterme en problemas”, dice Neil. “No podría ser el cantante principal de Mötley Crüe si no lo hiciera. He pasado por juicios, divorcios, adicciones, intentos de suicidio y más muertes de las que quiero pensar. Es hora de divertirse de nuevo”.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo