Culto
La misma sangre: thriller aplicado de vieja escuela

La misma sangre: thriller aplicado de vieja escuela

Más amiga del plano bien encuadrado que del montaje vertiginoso, la película sabe conducir los intereses y dosificar la información.

Sofisticado o basuril, inverosímil o absurdo, un buen thriller logra que solo nos importe el suspenso acumulado y la tensión de cada escena. La misma sangre, que aparte de thriller se constituye como drama de ambientación familiar, tiene esas aspiraciones y se juega entera en nombre de ellas. ¿Le resulta? Como dice Julio Iglesias, a veces sí, a veces no, aunque lo suficiente para ser un digno representante del género.

Tercer largometraje dirigido por Miguel Cohan en coescritura con su hermana Ana Cohan, tras Sin retorno (2010) y Betibú (2014), este policial argentino-chileno tiene lo que llaman “mirada de industria”: la de un cine con altos estándares en cada departamento, capaz de moverse con comodidad en distintas ventanas de exhibición, muchas veces conforme a las pautas de tal o cual género, acaso llenando el vacío de una oferta polarizada entre el entertainment estruendoso y filme de arte arrinconado. De eso ha habido tradicionalmente harto en Argentina y más bien poco en Chile, lo que hace de esta colaboración una noticia de interés.

La misma sangre se vale de dos puntos de vista para abordar la muerte de Adriana (Paulina García), chilena radicada en el país vecino, y el rol que allí le cupo a su esposo, Elías (Oscar Martínez, El ciudadano ilustre), empresario agrícola acorralado por las deudas. Está la mirada del propio Elias, con sus pequeñeces y sus negligencias, tratando de resituarse en el mundo tras una experiencia limítrofe, buscando inútilmente salvavidas en la banca y en la burocracia estatal. Y está la de Santiago (Diego Velásquez), yerno de Elías y padre de su nieto, a quien la evidencia le hace sospechar que la muerte de su suegra pudo no ser como el suegro la contó.

Más amiga del plano bien encuadrado que del montaje vertiginoso, la película sabe conducir los intereses y dosificar la información. Sabe también dar pie a la identificación y la proyección del espectador, para que, cuando veamos a Santiago pidiendo a un policía que se ponga en su lugar, advirtamos que esa empatía subyace a la política y a la moral del propio filme, sobre todo cuando peca de poco creíble. Acaso el mayor pero sea el rol de Velásquez y el poco contrapeso que le hace al de Martínez. Cosas que pasan.


La misma sangre
Dir.: Miguel Cohan
Con Oscar Martínez, Diego Velásquez, Paulina García.
Argentina/Chile/EEUU, 2019.
113 minutos

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