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The Bends: el sónico salto a la grandeza de Radiohead

The Bends: el sónico salto a la grandeza de Radiohead

Para 1994 el grupo estaba harto del éxito de Creep. Esa sensación guió las sesiones de grabación para el segundo álbum de los ingleses, en que exploraron sonidos diferentes y se abrieron a la influencia de un cantautor estadounidense.

La noche del 28 de enero de 1993, Radiohead debutaba en la televisión haciendo playback de la canción que por esos días les daba notoriedad. “Creep”, lanzada en septiembre del año anterior, poco a poco se hacía de un espacio en los medios y se empinaba hasta el lugar 7 del UK Singles Chart, un logro no menor para una banda debut.

El éxito se replicó en Estados Unidos cuando fue editado en abril, y a instancia de EMI, se relanzó en Reino Unido en septiembre de ese año. La fama les había llegado de golpe, por ello fueron paseados por cuanto espacio televisivo estuviera disponible, como el late de Conan O’Brien, o en un especial de MTV en que tocaron al borde de una piscina, con un montón de jóvenes que les aplaudían como nuevos ídolos. “Esa canción es como la peste negra. Se esparce inconteniblemente por el mundo”, dijo al respecto el guitarrista Ed O’Brien.

Pero la banda quería más. No les apetecía pasar a la historia como los creadores de un one hit wonder. Querían validarse con una propuesta que les diera una identidad. Por ello cuando el sello les presionó por grabar nuevo material, Thom Yorke echó mano a un tema que había compuesto casi al final de las sesiones de Pablo Honey, su disco debut. En esos días se titulaba “The Benz”. “Esa canción es completamente estrafalaria, completamente enojada. Nada de eso nos había pasado cuando lo escribimos”, contó el vocalista a Melody Maker.

Los de Oxford se mudaron al estudio RAK en St John’s Wood para trabajar composiciones y arreglos junto al célebre productor John Leckie, en cuyo currículum figuran nombres como Stone Roses y The Verve, y por esos días también se ocupaba de Carnival of Light, de Ride. Por ello, debido a que a veces debía estar con los hombres de “Vapour Trail”, Leckie debió -en ocasiones- delegar sus funciones al ingeniero Nigel Godrich, con quien la banda generó complicidad por ser más joven y más conectado con los intereses del conjunto.

Con nueve semanas de plazo para acabar la placa, los músicos se emplearon hasta el límite. Metódico y obsesivo, Yorke se sentaba al piano cuatro horas al día para entrenarse en el instrumento y componer música. Años después contó a NME que las sesiones “fueron una maldita fusión total durante dos malditos meses”.

Pese a los tiempos, se permitieron explorar distintas posibilidades de arreglos. La grabación de “Street Spirit”, el tema que cierra el elepé, tuvo a O’Brien experimentado con la “plank guitar”, un instrumento modificado por el técnico de guitarras de la banda, que le da su sonido característico.

Yorke relató a NME los secretos tras la letra de dicho track. “Todas nuestras canciones más tristes tienen, en algún lugar de ellas, al menos un destello de resolución. Éste tema no. Nuestros fans son más valientes que yo para que la canción los penetre, o tal vez no se dan cuenta de lo que están escuchando. No se dan cuenta de que ‘Street Spirit’ se trata de mirar al maldito demonio directamente a los ojos. Y sabiendo, no importa lo que hagas, él tendrá la última risa”.

Johnny Greenwood tanteó las posibilidades del pedal Whammy WH1 en “My iron lung” al conectarlo directo a su amplificador Fender Eight-Five de 85 vatios. También se le puede escuchar en “Just” cuando sube una octava en el solo. Además decidió examinar todas las diferentes posibilidades sonoras de sus equipos, por eso se pasaba varios días trabajando solo en una sola canción, lo que exasperaba al resto de sus compañeros y a Leckie.

Ya hacia el final del proceso, varios de las composiciones estaban cerca de completarse. Los zumbidos de “Planet Telex” –originalmente llamada “Planet Xerox”-, las guitarras de “Just”, que Yorke definió como “una competencia de Johnny y yo para hacer una canción con todos los acordes posibles”, y la oscuridad de “Street Spirit” ya daban luces del resultado final.

Uno de los sencillos del disco fue “High & dry”. Una composición creada un par de años antes, pero que el conjunto detestaba. Fue la insistencia de Leckie y Godrich la que acabó por convencerles, aunque no del todo. “Ni siquiera la escuchamos; La terminamos y acabamos de decir, esta es jodidamente terrible”, detalló el cantante a Melody Maker.

Un punto de quiebre ocurrió con la grabación de “Fake plastic trees”. Todo había empezado con una toma en solitario de Yorke con la guitarra acústica, a la que le sumaron el resto de instrumentos. Pero se estancaron al darse cuenta que habían saturado el espacio con overdubs y sonidos extraños.

En ese momento les comentaron que Jeff Buckley iba a ofrecer un concierto en Highbury. Decidieron ir a verle para tomarse un descanso y refrescar sus ideas. Esa noche, posiblemente la del 1 de septiembre de 1994, el californiano ofreció un show con su estilo intenso, en que por cierto, no faltaron los covers.

La banda quedó maravillada con el espectáculo del hombre de “So real”. Regresaron al estudio, Yorke se puso los audífonos, cantó dos veces la pista vocal de “Fake plastic trees” y luego se largó a llorar.

Las letras del álbum se hacían eco del desencanto que movía por esos días a los músicos. En “My iron lung” no se iban con rodeos: “Esta es nuestra nueva canción Al igual que la última/Una pérdida total de tiempo”. El mismo motivo, convertido en metáfora se escucha en “Bones”: “Ahora no puedo subir las escaleras/Piezas que faltan por todas partes/Analgésicos prozak”. Posiblemente ello motivó la elección del nombre del largaduración, el que refiere al síndrome de descompresión que afecta a los buzos y pilotos de avión. En este caso, la fama y las presiones de la discográfica ameritaban una sacudida.

El elepé finalmente salió a la venta el 13 de marzo de 1995. De los cuatro sencillos, el más exitoso fue “Street Spirit” que alcanzó el puesto 4 del UK Singles Chart. Poco a poco, las críticas fueron dando cuenta de la calidad del trabajo, lo que permitió a los ingleses entrar a un estatus diferente como artistas. “Es un día de campo de guitarra, que combina rasgueo acústico con espasmos de trémolo difuso y erupciones de paranoia amplificada” dijo en su reseña la revista Rolling Stone.

Sobre el autor:

Felipe Retamal N. |
Periodista de Culto. En Twitter es @feloretamaln