Culto
Nabokov y Kubrick: dos viejos y una lolita

Nabokov y Kubrick: dos viejos y una lolita

Luego del éxito de la novela del autor ruso-americano –sobre la obsesión sexual de un hombre de mediana edad por una niña de 12 años–, el director de cine estadounidense se empecinó en llevarla a la pantalla grande. Fue el comienzo de una relación laboral que terminaría en Lolita, la única película que Stanley Kubrick consideraba un fracaso.

En julio de 1959 Vladimir Nabokov recibió un mensaje de la oficina de Stanley Kubrick. Era una invitación. Un telegrama breve y adulatorio. El director americano, todavía no demasiado conocido, quería que el ruso-americano lo fuera a visitar a Hollywood. Y no sólo eso: le ofrecía que él mismo adaptara su novela, exitosa novela, Lolita al cine.

Así es como Vladimir Nabokov y su esposa y compañera Véra Nabokov se quedaron por un mes en el hotel Beverly Hills. Pero rápidamente las negociaciones quedaron estancadas: el ruso nunca se sintió a gusto con la idea de llevar a la pantalla una novela “infilmable” como Lolita. Además, Stanley Kubrick y sus productores querían agregarle un twist al final de la historia: su idea era que la adaptación terminara con Lolita y Humbert Humbert casados y ¡con el consentimiento de un adulto!

Hacia fines de los cincuenta Lolita llevaba más de un año en la lista de los más vendidos tanto en Estados Unidos como en Inglaterra. Pronto lo estaría en otros países también. Atrás habían quedado los tiempos de hambre y miseria y anonimato: Nabokov había llegado a Estados Unidos desde Francia en 1940. Era un escritor ruso. Un desconocido escritor ruso que en Estados Unidos tuvo que aprender a escribir en inglés y sobrevivió haciendo clases y también gracias a su extenso conocimiento de las mariposas. Y que ocho años más tarde comenzaría la novela que finalmente le dio éxito comercial y de crítica.

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Nabokov terminó Lolita el 6 de diciembre de 1953, cinco años después de comenzar la novela. Le tomaría por lo menos unos cinco años en encontrar editorial (fue rechazado por varias). Hasta que se publicó en una editorial francesa que también publicaba pornografía.

Durante la década del cincuenta, el director de cine Stanley Kubrick venía en ascenso, pero aún no era el esteta cinematográfico que hoy recordamos. Kubrick y su amigo James B. Harris habían fundado la productora Harris-Kubrick Pictures. Su primera producción fue Atraco perfecto y la última Lolita (1962), después de la cual se separaron. También hicieron juntos Senderos de Gloria (1957) y Espartaco (1960).

Si bien Nabokov había rechazado la oferta de adaptar su propia obra, Kubrick siguió adelante con el plan. Sabía que llevar a la pantalla grande una novela hot y controversial sería un gran eslabón para su incipiente carrera. Por eso contrató a un guionista (Calder Willingham) para la adaptación de una de las mejores novelas del siglo pasado. En Lolita el lector se adentra en la obsesión patológica del protagonista, Humbert Humbert, que le lleva a desear a las, como él mismo las llama, “nínfulas”, un tipo determinado de niña preadolescente con algún atractivo erótico. Es así como llega a la casa de la viuda Charlotte Haze. No le convence mucho alquilar la habitación allí, incluso odia a Haze, pero en el momento en que Charlotte va a enseñarle el jardín allí está la hija de Charlotte: Lola o Lolita (Sue Lyon), una preciosa adolescente de 14 años (aunque de 12 en la novela).

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía”, dice Humbert Humbert al comienzo de la novela. “Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.”

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A Kubrick no le gustaría el resultado final, así que llamaría de nuevo a Nabokov: “Todavía creo que eres el único que puede escribir este guión”.
Y esta vez el autor ruso-americano aceptaría.

“Ofrecían unos honorarios considerables, pero la idea de manosear mi propia novela me producía rechazo. No obstante, cierta reducción en la actividad de los lepidópteros locales nos persuadió de que no sería grave desplazarnos hacia la Costa Oeste”, recordaría Nabokov más adelante.

En 1960 los Nabokov se instalaron cerca de los estudios Universal. Su trabajo, según dijo, era “cinematizar la novela”.

Durante seis meses la pareja de rusos se camufló con la fauna de Hollywood. Véra manejaba un Chevrolet Impala (Vladimir no sabía manejar), salían los fines de semana a pasear por las montañas cercanas y Nabokov, en su tiempo libre, cazaba mariposas.

Puede que lo más sabroso del tiempo de Nabokov en Hollywood sea un par de apariciones en fiestas.

Por ejemplo, el encuentro entre John Wayne y el autor de Lolita.

“¿Y usted a qué se dedica?”, le preguntó Nabokov a un hombre quejica y bronceado que le presentaron en una fiesta. “Hago películas”, respondió Wayne. Sin más se despidieron y Nabokov se fue sin saber que había hablado con el vaquero número uno de Estados Unidos.

El otro encuentro fue con Marilyn Monroe. La rubia actriz se pegaba apenas veía al ruso en una fiesta.

Eventualmente los Nabokov, agotados del cotilleo, dejaron de sociabilizar.

Hacia septiembre de 1960 Véra terminó de pasar al limpio la última versión del guión. El trabajo de Nabokov había terminado. Ahora todo quedaba en manos de Kubrick.

En todo caso el ruso-americano se sentía a gusto en Hollywood. E incluso llegó a tantear otros proyectos; uno de esos fue una posible adaptación al cine de En busca del tiempo perdido, la obra de Marcel Proust. Nabokov aceptó. Pero la idea, como suele suceder en Hollywood, se quedó en eso: una promesa.

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Finalmente, en junio de 1962, se estrenó Lolita. Los Nabokov viajaron de Europa para asistir a la gala. Esta fue en Nueva York, en medio de Times Square, y así la describe Nabokov: “Una multitud esperaba a las limusinas, y de repente, ahí estaba yo, tan ansioso e inocente como los fans que se asomaban a mi ventanilla en espera de una vislumbre de James Mason, solo para topar con el plácido perfil de un doble de Hitchcock”.

“Hay algunas cosas que incluso me hubiera gustado agregar al libro”, le dijo el autor ruso a la prensa entonces, aunque secretamente decía que con suerte “se habían utilizado las probabilidades y los extremos de mi guión.”

Kubrick lo consideraría su único fracaso, pese a que Lolita fue una de las películas más sencillas en cuanto a producción (filmada en apenas 88 días). Fue candidata al Óscar al mejor guión adaptado y con el tiempo se volvió una cinta con un leve aire de culto. Fue asimismo una de las primeras adaptaciones literarias de Kubrick. Le iría mejor con las otras: El resplandor y La naranja mecánica y 2001: Odisea del espacio son obras con el sello de Kubrick. Lolita, a su vez, es un producto a medias, una película nublada por la sombra de una de las mejores novelas del siglo veinte.

Kubrick decía que la novela era demasiado buena para ser adaptada. Pero también se quejaba de la moral gringa (en la novela original, Lolita tiene 12 años, pero, por la censura de la época, en la película el personaje tiene 14, aunque la actriz que interpretó el papel, Sue Lyon, era de 16 años cuando se filmó.)

“¿Estuvo satisfecho con el producto final?, le preguntó la revista Playboy en enero de 1964 al autor ruso. Para entonces Nabokov ya vivía en Europa. Había comenzado el cuarto acto de su vida; luego de su infancia en la Rusia zarista, de sus años como émigré en Alemania y Francia, y de reinvención como autor americano, los Nabokov se instalaron en un hotel en Suiza. Ahí morirían.

“Oh, pienso que la película es absolutamente de primera clase”, le respondió a Playboy. “Los cuatro actores principales merecen el más alto elogio. Cuando Sue Lyon trae esa bandeja de desayuno o se pone su suéter infantil en el auto; estos son momentos de actuación y dirección inolvidables. El asesinato de Quilty es una obra maestra, y también lo es la muerte de la Sra. Haze”.

Sin embargo, y como bien opinante, Nabokov también tenía sus reparos: “Debo señalar que no tuve nada que ver con la producción de la adaptación. Si lo hubiera hecho, podría haber insistido en enfatizar ciertas cosas que no estaban marcadas, como, por ejemplo, los diferentes moteles en los que se hospedaban. Todo lo que hice fue escribir el guión. Y solo un poco de este fue utilizado por Kubrick.”

En tanto el director la recuerda así. “Creo que no dramaticé suficientemente el aspecto erótico de la relación de Humbert con Lolita, y debido a que su obsesión sexual era apenas una insinuación, muchas personas adivinaron que Humbert estaba enamorado de Lolita”, dijo Kubrick en una entrevista en 1968. “Porque si pudiera volver a hacer la película, habría enfatizado el componente erótico de su relación con el mismo peso que hizo Nabokov.”

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo