Culto
No es lo mismo pero igual

No es lo mismo pero igual

Tal como sucedió el martes con Marc Anthony, el impacto de Marco Antonio Solís ya no es el vendaval de hace más de una década.

Cintillos y bastones de luces multicolores portan madres y abuelitas, otras llevan sombreros mexicanos y unas cuantas sostienen carteles escritos con la misma caligrafía. Una pareja de dobles de Marco Antonio Solís da declaraciones a noteros hiper ventilados en la platea mientras la Quinta Vergara replica con menos entusiasmo que el martes el grito “¡Virginia-escucha-devuelve-la-galucha!”.

María Luisa Godoy le roba a los críticos musicales el manido concepto de “liturgia” para introducir a Marco Antonio Solís en su sexta presentación en la Quinta Vergara. El tiempo ha pasado y el recinto no se viene abajo al mencionar su nombre tal como sucedía en la década anterior cuando Felipe Camiroaga se declaraba fan del ídolo mexicano.

Marco Antonio Solís aparece vestido de blanco, chaqueta con incrustaciones y las iniciales en la espalda que sólo él puede llevar. “Invéntame” es la primera canción de la noche con las coordenadas marca registrada de su estilo, una combinación calibrada entre épica y melancolía para angular el amor y las relaciones de pareja con una fatalidad incesante, porque en los personajes del cancionero de Marco Antonio Solís el amor suele estar a punto de la fractura y es el hombre quien decide el punto final antes de las recriminaciones y el odio.

A falta de rock en estos 60 años del festival de Viña, Solís se cuadró con la power ballad “Dios bendiga nuestro amor” seguida de “Se va muriendo mi alma” para continuar con la cadencia de “Tú me vuelves loco”. El talante heroico volvió con “¿A dónde vamos a parar?”, luego el medio tiempo de “Antes que te vayas” y la raíz folclórica de “Con esa duda”.

Entonces Marco Antonio Solís marcó la pausa para hablar con esa voz grave que contrasta con los prístinos coros para evocar sus 43 años de trayectoria y el pasado junto a Los Bukis para atacar con el clásico de clásicos “Como fui a enamorarme de ti”, desencadenando el primer karaoke realmente masivo en la fría noche.

Más tarde sobrevino la sabiduría de vieja FM en palabras de Marco Antonio: “la música tiene una trascendencia más importante de lo que yo creía” reflexionó con el público en silencio. Minutos después aparecieron las hijas vestidas como en un show de magia de Las Vegas para cantar convincentemente “Donde estará mi primavera”.

Tal como sucedió el martes con Marc Anthony, el impacto de Marco Antonio Solís ya no es el vendaval de hace más de una década. Lo que queda son las canciones ajenas al óxido del tiempo en un intérprete que se puede dar el lujo de dejar clásicos fuera seguro de que en algún momento volverá a este escenario.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras