Culto
Pettinellis en Viña: Ch bah puta la güeá

Pettinellis en Viña: Ch bah puta la güeá

La banda de Álvaro Henríquez se lució con un show demoledor, repleto de hits, un par de temas de Los Tres e imágenes de Salvador Allende para una versión rock de "El pueblo unido jamás será vencido".

En Viña no siempre ocurre que la banda del momento la rompa en su mejor verano. Pero Pettinellis se convirtió en una de las gratas excepciones, con una de las presentaciones más sólidas y memorables del certamen en esa categoría llamada “rock chileno”, en 2004. Álvaro Henríquez, que fundó esta banda tras la separación de Los Tres y cuyo nombre remite a su apellido materno, montó un show demoledor que consolidó a su conjunto ante el público masivo y que a ratos hizo olvidar a su banda madre.

A Pettinellis les bastó revelar la carátula de su disco homónimo, en 2002, para provocar genuino interés en su trabajo luego de Los Tres. Apelando a la iconografía de Dicap, el sello de la Unidad Popular y la Nueva Canción Chilena, Henríquez aparecía a lo Quilapayún en una fotografía en blanco y negro que completaban Camilo Salinas (teclados), Nico Torres (batería) y Pedro Araneda (bajo). En días en los que el Liguria era epicentro de la noche santiaguina, Pettinellis apelaba precisamente a esa imagen de reunión, trasnoche y Buenos muchachos, el aclamado filme de Martin Scorsese.

El proyecto de Henríquez llegó a Viña precedido de éxitos radiales (“Hospital”, “Sexo con amor” y la techno guachaca “Ch bah puta la güeá”), pero en la Quinta Vergara mostraron mucho más que aquello, en apenas una hora. Con el clásico sonido rockabilly de Henríquez y el piano a la italiana de Salinas, la banda abrió con la instrumental “Lavadora” y luego “Un hombre muerto en el ring”, rock de vocación absolutamente radial.

Vestidos a lo El Padrino, Salinas cautivó con su Hammond, mientras Torres le daba durísimo a su batería. Sin segunda guitarra, Henríquez desplegó su arsenal de texturas y solos, secundado por Araneda en bajo. A continuación Hospital, el mayor hit del grupo, coreado a todo pulmón por el “monstruo”. “Le pido a ella que no piense en mí, si alguna vez me tocara morir”, lanzó Henríquez mientras el público completaba la letra con gran entusiasmo. Al final, Salinas se lució con un exquisito solo.

Ya con Viña en el bolsillo, llegó la cueca de “El desquite”, ocupada como banda sonora en el filme del mismo nombre; Sexo con amor, popularizada gracias a la película de Boris Quercia y “Tu vuò fà l’americano”, del cantante italiano Renato Carosone. También la afilada “No hables tanto”, otro de los puntos altos de su primer y único álbum.

Pero cuando lo de Pettinellis ya no sorprendía tanto y previa entrega de antorcha de plata, antorcha de oro, gaviota de plata y gaviota de oro, apareció la nostalgia facturada por Los Tres, con una emotiva y a esa altura histórica aparición de Roberto “Titae” Lindl, para interpretar “Amor violento” y “He barrido el sol”, con karaoke del “monstruo”.

Y como si eso no fuera suficiente, para el final Henríquez anunció “una de las canciones más hermosas que se han hecho en Chile”, en una versión rock de “El pueblo unido jamás será vencido”, con imágenes de Salvador Allende por las pantallas gigantes, lo que incomodó a varios, aunque la mayoría aplaudió. Y para sellar la presentación, una memorable versión de “Ch bah puta la güeá”, con un divertido baile de Salinas y Torres, a lo Café Tacuba.

Sobre el autor:

Alejandro Tapia |
Editor de Mundo de La Tercera. Ha cubierto los más importantes hitos políticos de América Latina de las últimas dos décadas.