Culto
La madurez de Jorge Alís

La madurez de Jorge Alís

Es indudable que Alís demostró profesionalismo. Algunos se han aventurado a decir que su rutina pasará a la historia de Viña.

Fue una actuación redonda y con una visualidad pocas veces vista en la Quinta Vergara para un comediante. Una puesta en escena más propia de un espectáculo teatral. Y, en rigor, es así: la rutina de Jorge Alís estuvo basada en su show “No lo dije, lo pensé”, que viene mostrando desde 2017 en recintos masivos a lo largo de Chile. Esa precisión que exhibió es fruto de un trabajo que había mostrado con distintos públicos (aunque le agregó pasajes y referencias nuevas) y que difícilmente podría no haber funcionado.

Los resultados de una presentación de humor en el Festival de Viña tienen una cuota de azar, pero mayormente dependen de cuán aceitada esté la rutina. Alguna vez, a Natalia Cuevas se le olvidó el libreto por los nervios y fracasó, por la idea temeraria de probar un nuevo show. En cambio, grandes de la comedia como Coco Legrand o Stefan Kramer, han llevado a la Quinta espectáculos que venían girando desde hace años y sabían de memoria, porque ahí no se va a intentar una rutina.

Alís, demostrando oficio, hizo lo que se le conoce: un contrapunto por haber nacido en Argentina, comparando un país y otro (al chileno le gusta saber cómo nos ve un extranjero) y entregó innumerables chistes sobre contingencia, desde los tumultos en el Metro hasta referencias políticas que hasta ahora no se habían escuchado en esta versión del evento. Incluso, se dio el lujo de que el público cayera en la contradicción de pifiar a argentinos y bolivianos y de rechazar que vengan extranjeros a vivir, pero terminaron aplaudiendo las arengas inclusivas y en pos de la inmigración que impulsa Alís en su espectáculo.

Su carrera, hasta ahora, ha estado más en la segunda que en la primera línea de humor en Chile y su debut en el Festival, en 2014, fue aplaudido pero no como ahora. Evidencia una madurez de su estilo, quizás con algunos pasajes aleccionadores que lucen pretenciosos y podrían no estar e incluso mejorarían su apuesta. Quizás a algunos puede no hacer reír (los chistes sobre lo mucho que hablan los taxistas o los grupos de whatsApp del colegio son comunes en memes y sitios web), pero es indudable que Alís demostró profesionalismo. Algunos se han aventurado a decir que su rutina pasará a la historia de Viña, pero en días festivaleros se cae en el entusiasmo del minuto y se olvida la larga lista de grandes comediantes que han pasado por ese lugar. La mejor vara para medirlo es la de él mismo: a cinco años de su primera vez en el Festival, su crecimiento ha sido enorme.

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