Culto
Premios Oscar: conforme a la vieja usanza

Premios Oscar: conforme a la vieja usanza

Los votantes de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas prefirieron rizar el rizo con Green book. Optaron por premiar una película de narrativa fechada y caracterizaciones estrechas. Un filme de rasgos humanistas y edificantes que le canta a la unidad de la especie humana frente al demonio del racismo.

Es de rigor, periodísticamente hablando, buscarle la vuelta a los Oscar para ver dónde se ha torcido la historia. Para saber qué hay de nuevo. La ceremonia número 91, fuera de aggiornarse para detener la sangría de teleespectadores, puede no haber sido un show memorable, pero mantuvo el suspenso en torno a la posibilidad de que se concretara un “hito histórico:” que el premio gordo de la noche se lo llevara inéditamente una producción hablada en un idioma diferente al inglés y que, también por vez primera, el estudio triunfador fuese un servicio de streaming. Pero no.

Como están las cosas, esa bien pudo ser la ganancia que permite un río revuelto, el mismo que permitió que en esta década se impusiera una película muda. Porque, más allá de lo ecuánimes que parecieron estar las cosas durante la noche de anoche, el caso es que el nivel de las películas nominadas en la categoría principal estuvo por debajo del de entregas anteriores. Y por más que el Oscar sea ese juego bobalicón que a todos nos gusta jugar, esa herramienta autopromocional hollywoodense que no debe ser tomada muy en serio, cuesta no tomarse la cabeza a dos manos ante ausencias como las de La mula, Los hemanos Sister y El primer hombre en la Luna en el ítem Mejor película.

Dicho lo anterior, Roma oficiaba de impensada favorita y tenía multitud de merecimientos para hacer sentir orgullosos a quienes la hubiesen consagrado: como reivindicación de la puesta en escena, como reconciliación con un cine cuya riqueza reside en sus ambigüedades, en su diversas capas, en los mundos que abren al espectador, incluso a quienes la hayan visto acostados y no duraron mucho en el empeño. También estaba El infiltrado del KkKlan, cuya capacidad para reinterpretar la historia es apenas el primero de sus variados méritos.

Pero no. Los votantes de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas prefirieron rizar el rizo con Green book. Optaron por premiar una película de narrativa fechada y caracterizaciones estrechas. Un filme de rasgos humanistas y edificantes que le canta a la unidad de la especie humana frente al demonio del racismo. Un Conduciendo a Miss Daisy 2.0. Y el premio nos recuerda que hubo un tiempo en que las de su especie -desembozadamente humanistas- eran candidatas por defecto. En esto, la Academia pareció recular ante sus excentricidades y rescatar su propia historia. Que el director de Green book haya renunciado a todo el veneno y el desmadre que lo convirtieron en el rey de la comedia chatarra (Loco por Mary, Una pareja de idiotas) debería significar algo. Para la Academia, ya ha significado bastante.

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