Culto
El “backstage” de Dino Gordillo

El “backstage” de Dino Gordillo

El comediante, que hoy pisará por séptima vez el escenario de la Quinta Vergara, toma distancia de su personaje para hablar de todo lo demás. Aquí, reflexiona sobre la sociedad —dirá que el chileno es falso—, rechaza los extremos —el feminismo y los "graves"— y aborda, en profundidad, uno de los momentos más difíciles que atravesó durante el 2018: el intento de violación que sufrió una de sus hijas.

Dino Gordillo está sentado en una de las butacas del Estadio Sausalito, esperando el comienzo del partido entre el local, Everton, y su querido Colo Colo, cuando Virginia Reginato se le acerca. Y lo putea.

—Con vos quiero hablar, hueón —le dice, con una sonrisa, la alcaldesa de Viña del Mar.

Son cerca de las 12 horas del primer domingo de septiembre de 2018. En un par de horas más, el comediante abandonará el estadio no menos molesto, por el rendimiento de su cuadro, que sorprendido por el póker de Patricio Rubio. Pero antes de eso, comparte un rato con la edil.

—”¿Qué hice ahora?”, le dije —se ríe, Gordillo— Y conversamos un rato. Yo la quiero mucho a la gorda, tenemos mucha confianza, porque es como yo: de frente, pone el pecho a las balas. Y ahí me comentó esta cuestión de Viña.

La proposición, explica, lo agarró de sorpresa. 2018, como dirá más adelante, fue un año complicado para él y su familia. Con buena cantidad de eventos, pero sin la vitrina que le otorgaba la televisión, por lo que no esperaba la opción en ese minuto. Prefiere verlo como un reconocimiento a su extensa carrera: será la séptima vez que enfrentará al “Monstruo”, igualando en número a Coco Legrand y Firulete.

*

Son las 12.15 horas de un miércoles y Dino está atrasado. Avisa por teléfono, sin embargo, que en menos de diez minutos llegará a la cafetería de La Reina que eligió para la entrevista. Cuando finalmente se sienta, pide un espresso y explica por qué no pudo llegar a la hora:

—Me quedé dormido. Es que anoche salí con mis hijas y me pidieron tomarme un traguito con ellas. Que nunca lo hacía, que esto, que esto otro. Y es verdad: yo no tomo nunca. Fue un tequila no sé qué hueá. Desperté con un dolor de cabeza que te lo encargo, compadre.

—¿En serio nunca tomaste?

—Tengo casi 59 años y nunca he tomado en mi vida. He hecho las cosas bien: si has comprado un buen bosque y guardaste harta leña, ¿por qué urgirte? Nunca he consumido drogas, nunca metido en forros.

El comediante continúa su relato: dirá que está orgulloso de “no mandarse cagadas”, de no salir en los diarios, de poder caminar tranquilo de la mano con su mujer y sus hijas, de que la gente lo quiera. También, que se considera un tipo frontal, derecho, distinto al chileno.

—Oye, si vivimos en el país del cinismo: estamos llenos de cínicos. A mucha gente, a políticos, gente con poder, le preguntas qué opina sobre la homosexualidad, sobre el feminismo y te dicen que son todos humanos, que tienen todos los derechos y que hay que reintegrarlos y todo bien con el matrimonio gay. Les sacái el micrófono y dicen ‘ah, que se vayan a la…’, ¿cachái? Yo soy diferente. Soy sureño, tengo otra crianza, digo las cosas si algo me gusta o no me gusta.

—¿Qué no te gusta?

—El medio es sin respeto, a veces. En el 2011, cuando vino Roberto Carlos, le pegué a un periodista. Le pegué una patada en el culo, porque puso ‘Dino Gordillo contó varios chistes que ya sabíamos’. Pero cuando cantó Roberto Carlos, canciones del año del culo, dijo que cantaba maravilloso, igual que hace 40 años atrás. ¿Y por qué no lo criticaste igual? Todavía canta el millón de amigos y ya se le murieron todos. A eso voy.

—¿Antes era distinto?

—Era otra sociedad. Yo lo veo en el caso de mis hijos: en mi casa me tengo que poner más que estricto, porque los cabros se me van pa’l otro lado. Creen que por ser jóvenes, tienen derechos pero no deberes. Ese es el problema hoy: quieren todos los derechos, pero, ¿y tus estudios? Quiero ver la juventud de hoy en día, mañana. Ojalá me equivoque. Pero los cabros están muy equivocados: quieren que la sociedad se adapte a ellos, y es al revés. La juventud no es respetuosa. Salen a la calle a dejar la cagada porque el bus subió 100 pesos y se toman en el mes 500. Todo el fin de semana andan con la promo de pisco y whisky.

Cuando, dos meses más tarde, se hizo oficial su participación en la sextagésima versión del Festival de Viña del Mar, las redes se partieron en dos: los que aplaudían el regreso de un “histórico” y los que, derechamente, lo consideraban fuera de época, además de machista y homofóbico. Dino Gordillo, sin embargo, se defiende:

—El que habla hueás por Internet, que no da cara, que da otros nombres…, esos hueones resentidos, para la sociedad, no sirven.

—¿No sientes temor a que critiquen tu rutina, por ejemplo, grupos feministas?

—En el feminismo hay extremismo. Yo tengo cinco hijas y ninguna es feminista. Me dicen, papá, yo apoyo a las mujeres, pero no apoyo que se vayan al extremo. Mi hija me dijo un día que ‘tanto que hablan del feminismo, ¿y por qué se taparon la cara con máscara cuando mostraron el cuerpo?’. Eso te dice todo, te demuestra la falta de transparencia. Si quiero pelear por mis derechos como mujer, contra un hueón que me maltrata, muestro la cara, no con capucha.

—¿Y en el caso de los colectivos LGBT?

—Tengo amigos empresarios, hueones heavy, que son gays. Y me dicen que con su pareja pescan sus cosas y se van, porque vivimos una sociedad que todavía no los va a aceptar. Yo les digo que acá no los van a aceptar nunca, porque nosotros no somos una sola raza. Chile es un país de 20 mil razas y 20 mil nacionalidades. No es como el alemán, que es más desarrollado. También tengo amigos gays que me cuentan chistes, que me dan ideas buenas desde sus experiencias.

—En el 2011, el CNTV multó a Chilevisión por chistes sobre homosexuales de Óscar Gangas y Mauricio Flores.

—Vivimos en una sociedad de puros falsos. El Consejo Nacional de Televisión, chao, no sé por qué lo inventaron, pa’ qué cresta es. No estoy ni ahí con ellos, yo vivo del público, no de un viejo al que le llegó una carta porque dijo esto. No estoy con esos hueones. A mí me gusta la gente de frente.

*

El miércoles 29 de noviembre de 2017, comenzó una pesadilla para Dino Gordillo y su familia. Allí, Catalina Vega, una de sus hijas, vivió un dramático episodio: a la salida de una fiesta en Barrio Bellavista, tomó un taxi para regresar a su casa. Pero el conductor no le hizo caso: le quitó su celular y lo apagó, desvió el trayecto y la llevó hasta la comuna de Huechuraba, donde detuvo su vehículo en un sitio eriazo para abusar de ella. La joven, entonces de 30 años, logró finalmente escapar, aunque sufrió varios golpes durante el ataque y el robo de sus pertenencias.

—A las cuatro de la mañana me llamó Carabineros, porque habían encontrado a mi hija. Ella escaló una reja de una empresa para escapar —recuerda Dino—. Cuando la vi, me dijo que en un momento, pensó, este hueón me mató. El infeliz le sacó la chucha, la golpeó en el suelo…, y no sabe cómo, porque estaba todo oscuro, tiró patadas y logró escapar por un pastizal. El tipo la seguía pa’ matarla.

El 30 de noviembre, en una nota que se emitió en el noticiero de Chilevisión, la propia Catalina, con un ojo morado, parches cubriendo sus rodillas y varias heridas en los brazos, relató la historia. Dino, visiblemente afectado, hablaría por primera vez sobre el tema un par de días más tarde en el matinal La mañana.

—A las 7 de la mañana fui al Instituto Médico Legal, y vi a mi hija sangrando, pa’ la cagá —continúa el humorista—. No se lo doy a nadie. Incluso, pensé en cometer un delito pa’ irme preso.

—¿A qué te refieres con un delito?

—Si veo al hueón que intentó violar a mi hija, lo mato. Racionalmente, después me digo que no. Pero si me lo ponís al frente…, mira, ojalá no se dé nunca. Van a pasar cinco o diez años que va a estar preso, va a salir, y lo voy a ir a buscar. No me lo vas a borrar nunca: va a ser un círculo que se va a cerrar cuando lo agarre. Ojalá se vaya para otro país, porque lo iré a buscar.

Gracias a que el taxista robó la mochila donde se hallaba el celular de Catalina, las policías pudieron pronto localizarlo. Se trata de Ariel González Erices, quien quedó en prisión preventiva, formalizado por abuso sexual y robo con violencia.

La pesadilla, sin embargo, no acabó.

—Me destruyó mi familia, a una hija. Hoy, mi hija despierta a medianoche, gritando, baja corriendo del segundo piso a dormir con nosotros. El otro día, durmió conmigo y puso una cabecera entre los dos. Cuando me di cuenta, le pregunté qué pasaba…, me pidió disculpas. Me va a costar años sacarle eso.

Al doloroso escenario que enfrentó Catalina se sumó, pronto, el fracaso de un negocio:

—Nos estafaron con mucha plata. Sentimos que salíamos de una y caíamos en otra. El 2018 fue horrible, el peor año de mi vida. Sufrí mucho, solo, con mi mujer, con mis hijos. Pero salimos adelante — dice el comediante.

*

El humor sigue siendo fuente de buenas noticias: Dino Gordillo, en ese sentido, reconoce pasar por un buen momento. Recién llegado de una serie de eventos que hizo por Concepción, al cierre de esta entrevista, el comediante había tomado más de 17 presentaciones entre enero y febrero.

—Mucha gente tiene esa ignorancia inocente que cree que porque no estás en televisión, uno se murió. El Coco marcó un hito en el humor y sembró bien. Yo marqué y estoy marcando un hito. El Bombo, el Álvaro Salas lo mismo. Y sembramos bien —explica—. Hoy estamos cosechando. Yo ya no llamo pa’ pedir pega, ahora me llaman y me consultan. Ya transpiré pa’ lograrlo. Hay gente que me pregunta, ¿y qué está haciendo ahora? Canasto de mimbres, poh hueón.

—¿Cuál será el límite en tu humor? ¿Piensas dejar algo de lado esta vez?

—Se puede hacer humor de todo. El humor es humor siempre y cuando tú no denigres a alguien. El límite es no transgredir al otro. Puedo contar un chiste de colitas, de suegras. A mi suegra la agarro pa’l hueveo, tupido y parejo. Es un material, porque ella es cómica. Es una tradición huevearla y no la voy a cambiar ahora por un par de críticas.

Gordillo explica su punto utilizando una anécdota de su tío: “Al Alfredo, el ‘Conejo’, le amputaron una pata. Cuando lo fui a ver un día, a un lado del cuerpo tenía todo morado y me asusté, poh. Le pregunté qué le había pasado y me dijo: me levanté a mear y me levanté por el lado que no tenía la pata y me saqué la chucha. Un tipo amputado: cacha, eso te da un ejemplo de que puedes hacer humor de cualquier cosa”.

De pronto, la dueña de la cafetería, que llegó hace unos pocos minutos, interrumpe la conversación, se acerca al comediante y lo felicita por su redebut frente al “Monstruo”. La escena se repetirá minutos más tarde, cuando lo llame un exjefe de seguridad de Colo Colo para celebrar su participación.

—¿Te pasó mucho desde que te anunciaron?

—Compadre, más de 500 mensajes en el teléfono. Todo el día diciéndome que echaban de menos mi humor. No es tan mala la hueá, entonces.

Sobre el autor:

Eduardo Ortega |
Periodista de Reportajes de La Tercera.