Culto
Un perro andaluz: el experimental inicio de Luis Buñuel en el cine

Un perro andaluz: el experimental inicio de Luis Buñuel en el cine

Estrenada en 1929 y creada en colaboración con Salvador Dalí, en sólo 16 minutos un joven artista demostró todo su universo surrealista, siendo un filme vanguardista que destruyó el status quo de la época.

Hablar del movimiento surrealista es sinónimo de Luis Buñuel. Si bien a los 17 años llegó a Madrid para estudiar Ingeniería Agrónoma, fueron las artes y la filosofía junto a su amistad con personalidades como Salvador Dalí y Federico García Lorca, las que atraparon a este joven que años más tarde se convertiría en una figura central dentro del séptimo arte.

Pero antes de todo eso, Buñuel partió por las calles parisinas, llegando en 1925 en busca del fenómeno surrealista que formaba parte de las discusiones dentro de los antros intelectuales. Fue en uno de los cafés de la capital gala, en que los sueños del joven Luis y su amigo Dalí terminaron conformando una película que no tiene una explicación racional, según detalla Historia del Arte.

Se dice que el creador de “La persistencia de la memoria” le contó a su coterráneo que despertó tras soñar con hormigas que le cubrían las manos, mientras que el otrora director también relató la expresión de su subconsciente, retratando el recuerdo de una hoja de navaja que cortaba a la luna en dos, siendo estas ideas parte del relato central de Un perro andaluz.

Estrenada en 1929, la producción de 16 minutos es una muestra fidedigna de cine experimental, proveniente de los lados más escondidos en la mente de estos artistas. Con un guión escrito en siete días que buscaba descolocar a sus espectadores y el no menor aporte de 25 mil pesetas por parte de la madre de Buñuel permitieron dar forma esta icónica cinta.

Luis tenía 29 años cuando grabó su primera película, siendo una de las manifestaciones clave de la expresión surrealista, una verdadera fantasía onírica en la pantalla grande. Si bien habían otros posibles títulos como “Es peligroso asomarse al interior” o “El marista en la ballesta”, la producción del dúo español decidió por el nombre que todos conocemos pese a que no tiene conexión alguna con la enredada trama.

En relación a los simbolismos que se expresan en los 950 segundos que dura la trama, Un perro andaluz contiene referencias personales de Dalí y Buñuel, entre ellas la mariposa con forma de calavera, las hormigas, los obispos arrastrados y tantos más que siguen siendo tema de análisis a quienes se acercan a revisar el metraje.

Otro factor importante es la música, siendo en un principio la proyección acompañada al son de “Tristán e Isolda” de Richard Wagner y un disco de tangos. Para 1960 se añadió la melodía que contienen la mayoría de las versiones, cambio realizado bajo la supervisión de Buñuel, según señaló el restaurador Ferrán Alberich en entrevista con RTVE.

En palabras del director, esta cinta “nada te­nía que ver con la vanguardia cinematográfica de entonces. Ni en el fondo ni en la forma”. Quizás por eso el cineasta se escondió tras el escenario, pensando que sería linchado por los críticos. Y si bien la cinta recibió denuncias para prohibir su exhibición por “obscena y cruel”, nadie puede juzgar su calidad de culto.

A 90 años de su estreno, la cinta francesa marcó a miles de cineastas y otros artistas posteriores como Woody Allen, David Lynch o los Pixies, siendo este filme el inicio de uno de los cineastas más importantes y originales en la historia del cine.

 

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