Culto
Letizia Battaglia: una vida disparando a la mafia

Letizia Battaglia: una vida disparando a la mafia

Un documental de la reconocida fotoperiodista italiana fue estrenado esta semana en Berlinale.

La fotoperiodista italiana se ha pasado una vida entera retratando al crimen organizado de ese país, dominada “por el amor”, como ella dice, y ahora se desnuda en un documental en la Berlinale que retrata la violencia de la mafia y cómo la captó en sus disparos, en esas fotos que explica cómo sacó.

“Algunas veces salen bien y otras no pero yo sé qué es una buena foto”, asegura Battaglia (Palermo, 1935), protagonista de Shooting the Mafia (Disparando a la mafia), documental dirigido por Kim Longinotto y presentado esta semana en el festival internacional de cine de la capital alemana.

Battaglia comenzó a tomar fotos de los crímenes de la mafia en 1974 y sus trabajos son conocidos en todo el mundo como la representación de Sicilia y su crimen organizado, por los que ha recibido numerosos reconocimientos y premios.

“Soy una persona que ha nacido, ha vivido en un país de mafia”, reconoce Battaglia en entrevista con Efe en la que quiere dejar muy claro que ha fotografiado de todo.

“Sobre la mafia yo lo que hice son las exposiciones. Ahí estaba el valor, digamos, de asumir una posición. Cuando hay una exposición, firmas: ‘Letizia Battaglia denuncia'”, quiere aclarar esta mujer que recuerda cómo de “chiquilla” no la tomaban en serio cuando la veían llegar con la cámara de fotos.

“Era complicado porque era una chiquilla, era más complicado, no era creíble, no era lo suficientemente importante, para la Policía, para la gente porque era mujer”, recuerda tras asistir a la exhibición del documental.

“Ellos pensaban: pero esta es una cretina, se pone a hacer fotos. Luego pasó el tiempo y la gente se dio cuenta de que de cretina nada”.

“Bien puesta y todo, enfocando, sin moverme, a pesar de lo que sintiera”, recuerda sobre aquellos años en los que iba de una escena del crimen a la siguiente, fotografiando cadáveres recién acribillados, a sus viudas gritando desconsoladamente, a los huérfanos con mirada perdida.

Como directora de fotografía de L’Ora, diario de izquierdas palermitano, o ella o uno de sus asistentes estaba siempre ahí donde había un asesinato; de ahí que sus trabajos se hayan convertido en iconos del fotoperiodismo y objeto de exposiciones, como la que le dedicó el museo Maxxi de Roma en 2016.

“En medio de toda esta tragedia me enfrentaba al hecho de que yo hubiera preferido salir corriendo, no podía hacerlo y me quedaba allí”, recuerda.

Battaglia cuenta en el documental el inmenso dolor que le causaron los asesinatos del juez antimafia Giovanni Falcone, el 23 de mayo de 1992, y ,unas semanas más tarde, de su colaborador en la lucha contra el crimen organizado, el juez Paolo Borsellino.

Les conocía, eran cercanos y no quiso tomar fotos de esas desgracias que sacudieron a Italia y al mundo, no pudo soportarlo y dice que precisamente las fotos que no hizo, como esas, son las que echa de menos. Pero no pudo hacerlas.

Recuerda con un escalofrío cuando se encontró en un bar de Milán por casualidad con Gaetano Fidanzati, el mafioso siciliano detenido en diciembre de 2009; no sabe decir exactamente si Fidanzati estaba todavía fugado de la Justicia, pero sí que la reconoció.

A Fidanzati lo “capturó” en una fotografía histórica: sentado en el banquillo del tribunal que lo juzga, mirando al objetivo, mientras que los otros mafiosos detrás de él se tapan la cara.

De su paso por la política prefiere casi ni hablar: “no me gusta tal como se vive hoy, no vivida de manera democrática” y dice que lo que le gustó cuando fue diputada regional era “administrar”.

Disfrutaba cuando se trataba de hace algo para “limpiar una acera, un parque, dar un subsidio a una madre joven, ocuparme de las cosas pequeñas. Pero cuando fui diputada regional ganaba un montón de dinero y no me dejaron hacer nada”.

“Éramos dos mujeres entre noventa hombres pero la otra era la viuda de Pio Latorre (líder comunista asesinado por la mafia en Palermo en 1982), era una viuda de la mafia y yo era un cargo electo (…) Nos consolábamos la una a la otra, era terrible. Fueron cuatro o cinco años innobles, vergonzosos”.

Del documental mostrado en la Berlinale admite que primero dijo no al director, pero luego cedió: “para mí resultaba chocante verme (…) yo ahí, puesta con todas mis historias, delicadas, no delicadas, los hijos, los amores… ¡es que han puesto de todo!”.

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