Culto
Culto pregunta: ¿Vale la pena leer hoy a Cortázar?

Culto pregunta: ¿Vale la pena leer hoy a Cortázar?

A treinta y cinco años de su entierro en el cementerio de Montparnasse y a más de medio siglo de la publicación de Rayuela y Bestiario, preguntamos a distintas personalidades si hay, en la vasta obra del argentino, textos que valga la pena (volver a) leer, después de tanto tiempo.

-Claro, “Casa tomada”, por ejemplo, es un cuento clásico. De hecho todo el libro Bestiario, el primero que publicó, se lee hoy perfectamente.
Marcela Fuentealba, editora.

-“El perseguidor”, un cuento a medio camino entre una entrevista periodística y una biografía. Puro jazz.
Alfredo Lewin, conductor radial.

-Yo creo que hay que leerlo como se lee a una reliquia. Especialmente su prosa. Su poesía hoy no aporta mucho. Dudo de que alguna vez lo haya hecho.
Luna Miguel, escritora.

-Claro, sin duda, yo creo que él es un escritor clave entre los cuatro mundos: Europa y América, Oriente y Occidente. “Carta de la Maga a Bebé Rocamadour”, La vuelta al día en ochenta mundos, todo Rayuela, que hay que leerlo entero. Yo tuve un encuentro muy efímero con Julio Cortázar aquí en París. En el café del théâtre d’Orsay, lo que ahora es el Musée d’Orsay. Era muy alto, buenmozo y distinguido. Un perfecto caballero y además humilde. Cosa difícil de encontrar en este siglo.
Eduardo Parra, músico.

-Me resulta un autor propicio para un momento adolescente (en todo el simbolismo del término) de lectura. Pero que resiste poco las relecturas. Hace un par de años intenté volver a Rayuela como referente de montaje y reboté de inmediato. Todos los fuegos el fuego, en cambio, me resulta un libro crucial. Creo que es lo único que atesoro con cariño de Cortázar en mi biblioteca.
Guido Arroyo, editor.

-Claro. Pero me parece que son los clásicos. La novela Los premios es muy muy buena, y Bestiario y Queremos tanto a Glenda. Los premios no es tan conocida, de hecho es una novela de un cuentista, quizás la mejor de él.
Camila Fabbri, escritora.

-Me gusta mucho La otra orilla, porque es una muestra de su primera literatura, y me gusta mucho leer los primeros libros de grandes autores, cuando no tenían tanta conciencia de que eran grandes escritores. Siento que se nota esa soltura y libertad al escribir. Cómo juega con la ciencia ficción y con la mitología, para mí fue un maestro de narrativa cuando chica, siempre vale la pena leer sus cuentos, es un artista del género. Todos los fuegos el fuego: no puedes pasar por esta vida sin haberlo leído… en todo caso, me quedé solo con los cuentos, nunca leí Rayuela ni me fanaticé mucho por el resto de su obra.
Catalina Infante, escritora.

Rayuela, todo un desafío de leerla y releerla pues me costó mucho entender. Creo que hasta el día de hoy sigue siendo un desafío aunque en un principio no existía un tablero de dirección para poder seguir sus capítulos. Me gustaría leer nuevamente este libro con todas estas indicaciones. El cuento “El perseguidor”, que me mató pues está inspirada en la vida loca del gran Charlie Parker, un gran referente en mi vida como saxofonista. Claro, la obra de Julio Cortázar es bastante extensa, pero si tuviera que aconsejar leer su trabajo serían estos dos títulos, pues marcaron una etapa bastante importante en mi vida.
Jaime Atenas, músico.

-Sí. Los cuentos, lejos lo mejor. Bestiario es genial. Casi todos los de cuentos tienen piezas buenísimas.
Matías Rivas, poeta y editor.

-Me parece que toda la obra de Cortázar es muy buena: Rayuela, 62 modelo para armar, sus cuentos, etc. Lo que pasa es que, por algún motivo, se le ha desprestigiado como autor, puede ser que como fue un autor que se leyó mucho en la segunda mitad del siglo XX, saturó a ciertos lectores que en algún momento lo leyeron mucho, pero con el tiempo lo comenzaron a desprestigiar. También creo que ciertos modelos de amor que plantea son muy cursi, por ejemplo “La Maga” y su figura, pero eso responde a un momento particular de la historia y la cultura… cuando París y el jazz eran íconos del amor intelectual.
Claudia Apablaza, escritora y editora.

-Releería de nuevo “El perseguidor” y otros cuentos de cine… toda la atmósfera poética de la música, el blues y los sonidos del alma. Alta frecuencia. Historias de cronopios y de famas, surrealismo en los 60… un grande Cortázar.
Francisco Molina, músico.

-Siempre vale la pena leer y releer los relatos de Cortázar por su innovación temática y técnica. Dentro del boom latinoamericano, Cortázar, junto con Cabrera Infante, fue el autor más experimental de todos, y también el menos solemne y el menos machista entre ellos. Mostró lo lúdico y lo erótico como pulsiones fundamentales del ser humano, transversales a los tiempos y a los contextos. En sus relatos hay juego, diversión, y la licencia de organizar la vida y el lenguaje bajo los mandatos de la arbitrariedad, la libertad, la fantasía y la irresponsabilidad con que lo hacen los niños o los locos. Pero jugando de este modo la obra de Cortázar abrió puertas inéditas, señalo fondos desconocidos de la condición humana y rozó lo trascendente. En cuentos como “Cartas a una señorita en París”, “Lejana”, “La autopista del sur”, “Continuidad de los parques”, “Las babas del diablo” está lo metafísico del amor, de la relación que tenemos con los objetos, con la muerte. Pienso también que hizo palpable de un modo tan certero la categoría de lo inquietante o siniestro en la literatura, lo uncanny de Freud, cuando en su cuento “La noche boca arriba” invierte las categorías de lo soñado y el soñador, o cuando pone a un niño en medio de una vertiginosa muda de narradores en el cuento “La señorita Cora”. Cortázar es el maestro de las metalepsis, con Borges claro, cuando en sus cuentos se conectan dimensiones paralelas por medio de discretos intersticios, lo que abrió el campo a lo fantástico. Pienso en ese tenue vidrio en el acuario en Axoltl. De algún modo él lo expresó muy bien en su conferencia el sentimiento de lo fantástico: “Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre, que entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas, hay intersticios por los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento, que no podía explicarse con leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia razonante. Ese sentimiento, que creo se refleja en la mayoría de mis cuentos, podríamos calificarlo de extrañamiento, ….hay como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí, donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente, en otras palabras, lo que podemos llamar lo fantástico”.
Andrea Jeftanovic, escritora

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