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La sopa Campbell: cuando Andy Warhol masificó el arte pop

La sopa Campbell: cuando Andy Warhol masificó el arte pop

A comienzos de los 60’ el entonces ilustrador se sumó a los primeros creadores que hicieron piezas artísticas a partir de objetos cotidianos. Pero fue su primera exposición en Los Angeles la que le impulsó como el artista pop por excelencia, gracias al cuadro que le dio fama.

Hasta comienzos de los 60’, la sopa Campbell era solo un alimento en la dieta de Andy Warhol. “Solía tomarla”, contó en una entrevista con Art News en noviembre de 1963. “Entonces tenía el mismo almuerzo todos los días, durante 20 años, supongo. Lo mismo una y otra vez. Alguien dijo que mi vida me ha dominado; me gustó esa idea”, detalló.

Durante los 50’, Warhol, un hijo de inmigrantes eslovacos, se labró una respetable carrera como ilustrador publicitario para marcas como Tiffany & Co, Vogue y la revista Glamour. También dibujaba tiras cómicas. En esa época comenzó a exhibir algunos de sus dibujos en pequeñas galerías, como la Bodley, de Nueva York.

Sin embargo, con la llegada de la nueva década el artista se acercó a los primeros creadores que comenzaban a romper los límites entre la publicidad y el arte, como Roy Lichtenstein, quien pintaba grandes lienzos con anuncios comerciales e imágenes basadas en las viñetas de los comics.

Hasta entonces, en los círculos de pintores estadounidenses el lenguaje que se imponía era el del expresionismo abstracto. Una corriente de postguerra que se caracterizaba por el trabajo con grandes formatos, el uso de cromatismo limitado, y la concepción de la pintura como una manifestación dramática y espontánea de las emociones. El proceso creativo era el refugio de la voz interior del pintor, tenía una connotación casi mística.

Pero nada de eso le interesaba a Warhol. Más aún, lo despreciaba. Por ello, su aproximación a los primeros trabajos pop le motivaron a montar su primera exposición en solitario. Desesperado por encontrar una inspiración para pintar, su amiga Muriel Latow le dio un consejo: “Pinta algo que veas todos los días y que todos reconozcan. Algo como una lata de sopa Campbell”. En ese momento, él comprendió que masividad y repetición, eran los conceptos clave para su propuesta.

El de Pittsburgh comenzó a diseñar una serie de 32 piezas de 50.8 cm x 40.6 cm con cada una de las variedades de la sopa. Ahí apareció en escena el empresario Irving Blum, quien fue a visitar al ilustrador a su departamento en Lexington Avenue -el que inspiró parte de la letra de la canción “Waiting for my man” de la Velvet Underground- a sugerencia de Ivan Karp, quien dirigía una galería neoyorkina y fue uno de los primeros que apoyó al arte pop.

Cuando vio las obras, Blum quedó fascinado. Por ello ofreció exhibirlas en Ferus, la galería de la que era propietario en Los Angeles, California. No era casualidad. Con astucia, había notado que ningún artista de la nueva corriente había presentado su trabajo en la costa oeste, y él quería dar el primer golpe.

La muestra se inauguró el 9 de julio de 1962. Las pinturas se colocaron sobre una repisa, porque tenían dificultades para mantenerlas niveladas, pero mucha gente notó que parecía como si estuvieran en un supermercado. Blum defendió la idea en una entrevista con Interview Magazine. “Las latas se ponen en los estantes, entonces ¿por qué no?”.

En principio la exposición no tuvo demasiado éxito, pero sí consiguió atención mediática por el debate que surgió en el mundo del arte por el real valor artístico de las obras. El dueño de una galería cercana puso en venta un montón de latas de sopa reales porque eran “más baratas que las de Warhol”. Mientras, el actor Dennis Hopper -conocido por sus roles en Easy Rider y Apocalypse Now– fue de los primeros en comprar uno de los cuadros, por $US100.

Como sea, con este evento, el pintor ganó reconocimiento y se volvió una celebridad. Pronto se empezó a codear con estrellas del cine y la farándula, quienes inspiraron nuevas obras, como la serie de retratos de Marilyn Monroe, Liz Taylor, entre otros. Años después incursionará en la música, como mánager de la Velvet Underground, a quienes les impuso a la modelo alemana Nico como vocalista.

En 1964 llegaría el momento de consolidación del arte pop con la muestra The American Supermarket, en la galería Bianchini de Nueva York, la que simulaba un supermercado típico estadounidense. Allí se presentaron réplicas de artículos -enlatados, frutas, vegetales, carteles, etc- creados por artistas como Robert Watts, Claes Oldenburg, Tom Wesselmann y cómo no, Roy Lichtenstein y Andy Warhol, quien aportó lienzos de la Sopa Campbell, que se vendían por US$1500. Una lata real, autografiada, se podía adquirir a US$6 cada una.

Al poco tiempo Irving Blum compró la colección de 32 piezas por US$1000. Él la administró y se encargó de prestarla a diferentes museos. Tras la muerte de Warhol en 1987 la vendió al MOMA de Nueva York por la friolera de quince millones de dólares.

Con los años, Warhol hizo diferentes variaciones de los cuadros, pero dejó de pintarlos a mano, ya que aprendió y perfeccionó la técnica de la serigrafía, lo que le permitió crear muchas copias de su trabajo, como si fueran una producción comercial.

Pero él mismo resumió su idea en la entrevista con Art News. “La razón por la que estoy pintando de esta manera es porque quiero ser una máquina, y siento que todo lo que hago lo quiero hacer así”.

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