Culto
Spinetta según García, Páez, Cerati y Calamaro

Spinetta según García, Páez, Cerati y Calamaro

Considerado uno de los padres del rock fusionado con la lírica argentina, Luis Alberto Spinetta fue un ídolo y un ejemplo a seguir para quienes son vistos como próceres de la música trasandina.

Rezo por vos: Charly, el amigo

Luis Alberto invitó a Charly a su concierto en el estadio Obras Sanitarias en 1980. Posteriormente, colaboró en los temas “Canción 2×3” y “Peluca telefónica” (Yendo de la cama al living), y “Total interferencia” (Piano Bar). Si bien la idea era hacer un álbum en conjunto bajo el nombre Cómo conseguir chicas, la única que vio la luz pública fue “Rezo por vos”, una de las canciones que sonaba por las calles de Buenos Aires en el masivo funeral del Flaco.

“Siempre tuve una gran admiración hacia Spinetta y el fue uno de los primeros que me alentó cuando empecé en esto”, dijo García a radio Mega a semanas de la muerte de su colega. “Fue un inventor. Un tipo que inventó algo, que agarró elementos de aquí y allá y los fusionó para crear algo que no existía, que era la poesía del rock en castellano. A mí me inspiró mucho. Yo pienso que sin él hubiese sido todo distinto, realmente era un tipo tan importante. Su desaparición es un agujero casi imposible de llenar. Siempre lo admiré y con el tiempo nos convertimos en grandes amigos. Ahora me siento un poco solo, era la única persona dentro del rock que yo admiraba”.

Para el hombre de Clics modernos, la canción “Rezo por vos” es su prueba de la unión que tuvo con Spinetta.

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Dame tu luz, pequeño ángel: compañero Fito

En 1986, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta trabajaron en el disco La la la, un disco doble conformado por 20 canciones entre las que destacan “Asilo en tu corazón” y “Pequeño ángel”. Está considerado como uno de los mejores 100 discos del rock argentino según Rolling Stone y para Páez, es un recuerdo imborrable, una de los trabajos que marcaron su carrera.

Fue en la creación de La la la, donde vio a Spinetta como un ser cercano, un colega, a pesar de tener claro que tenía mucho que aprender de él. “Luis me trataba como un par y estimulaba mucho mis decisiones. La verdad es que para mí fue una experiencia de discípulo absoluta. Aprecié y aprecio al día de hoy esta inmensa distinción que Luis me concedió pero, más allá de las subjetividades y puntos de vista, esta fue claramente una situación de maestro-discípulo. Sin olvidarnos que, en la cosmogonía spinetteana o en la de muchos alrededor del mundo, el maestro no cesa de aprender y el discípulo es un territorio fértil para que eso suceda. De todas maneras, lo más importante de entre los hombres no son sus obras sino sus vínculos. Y este fue y es uno de los más importantes en mi vida”, dijo el hombre de “Mariposa tecknicolor” en entrevista con Telam.

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Vos sos el sol: el fan Cerati

No es un misterio la admiración que Gustavo Cerati tenía por Spinetta. En el MTV unplugged de Soda Stereo, dieron a conocer la versión de “Té para tres” con el solo de guitarra propio de “Cementerio club”, y en su álbum debut como solista incluyó un cover de “Bajan”, original del disco Artaud de Pescado Rabioso. Una idea que surgió en Cerati no solo porque gustaba de la canción, también por el profundo respeto y fanatismo que tenía por el Flaco. No por nada quiso que él mismo escuchara la versión previo a publicarla oficialmente.

“Me gusta mucho investigar las cosas nuevas que van saliendo, también cosas rezagadas que quedaron por ahí que no escuché o cosas que vengo escuchando hace mucho tiempo. O discos que fueron muy importantes y que volví a escuchar en otra etapa de mi vida. Tal es el caso de Artaud, de Luis Alberto Spinetta. Fue un disco súper importante. Yo tenía creo, alrededor de 15 años y estaba formando mis primeras bandas. Creo que fue un impulso muy fuerte sentir a un tipo hacer algo tan creativo, tan cerca de mi casa ¿no? Yo tenía muchos modelos que me interesaban desde los Beatles, Roxy Music, hasta King Crimson y toda esa gente, que en esa época era la música que me cabía, que me gustaba. Y escuchar a un tipo hacer este disco, fue una luz. Recuerdo que no hacía otra cosa que no fuera intentar reproducir ese clima que él lograba en ese disco con mi banda recién empezando”, dijo Gustavo Cerati en una entrevista promocional de Amor Amarillo (1993).

Incluso mantuvo la canción en el número 7, tal como fue publicada en Artaud (1973). 

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Último destello de conciencia: el agradecido Calamaro

“Recuerdo cada cosa que hablamos, cada palabra que me dijo y cada abrazo que nos dimos. Lo conocí en un ensayo de Nito Mestre y Los Desconocidos de Siempre, me llevó Leo Sujatovich. Aquella tarde me pidió que le alcanzara un Parliament y le sostuviera una imponente Gibson 335. Me podría haber retirado de la música en ese momento, antes de empezar”, dijo Andrés Calamaro para La Nación, en el marco promocional de Bohemio.

Quien fue la voz de Los Rodríguez, dedicó a Spinetta su canción “Belgrano”, una oda que aseguró, quería mantener en secreto. “Mejor si cada uno descubría al Flaco -escuchando la canción- en los detalles. Al principio me desesperé un poco, violado el secreto. Pero también es lindo que se celebre el recuerdo de Luis Alberto, ya que él fue críptico y no demasiado popular en los últimos compases del siglo pasado. Quizás él resignó un destino más popular para conservar intacto su mundo intacto. Su sociedad armónica”.

Su fascinación por Spinetta, compartida por muchos colegas según declaró, nace a partir de que “no es posible entender el rock en Argentina sin Luis. Algo más allá de la imponente belleza lírica de su repertorio. Él mismo”. Pero Calamaro es, sobre todo, un agradecido del hombre de Artaud.

“Podía esperarme en el estudio con mates y torta frita, para hablar de música con honestidad brutal. No regalaba un elogio jamás; es el músico menos hipócrita de la historia. En el “post Abuelos” me apoyó mucho públicamente y ofendió un poco a los fundamentalistas. ‘No soy el Padre Lombardero del rock’, dijo entonces. Habría que situarse en aquel contexto. Ahora mismo ni recuerdo quién era Lombardero. Le rendí mi silencioso tributo cenando en su restaurante preferido. Antes de irme, el sushi man me agarró del brazo y me llevó a mirar juntos una caricatura de Luis. ‘Se fue una gran persona’, me dijo. Y nos quedamos en silencio un rato. Un día estaba con mi hija en la pileta de mi rancho suburbial, miré fijamente al sol y le expliqué que ahí arriba estaba un ‘amigo de papá’. Y los dos lo saludamos con la mano”, registro en La Nación.

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov