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Los imperdibles del Museo Histórico Nacional antes de su cierre

Los imperdibles del Museo Histórico Nacional antes de su cierre

El edificio se remodelará por dos años y crecerá el doble. Este es un resumen de lo que se podrá ver en visitas guiadas hasta marzo.

La vida de Teresa Blanco Gana, da para una película. Hija del almirante Manuel Blanco Encalada, se casó en París con Francisco Echeverría Guzmán, un adinerado empresario del salitre de Copiapó. Sus padrinos habrían sido nada menos que Napoleón Bonaparte III y la emperatriz Eugenia de Montijo. Ambos, eso sí, tuvieron finales sorpresivos: mientras visitaba una de las faenas en Totoralillo, en 1864, el vestido de Teresa se enganchó en una de las máquinas matándola trágicamente. Tenía 34 años. Su esposo le siguió en 1877 cuando desapareció en un naufragio frente a la costa de Caldera.

La historia de Teresa Blanco habría quedado en el más completo olvido si es que una imagen suya no le hubiese sobrevivido. En 1832, la joven se hizo fotografiar en EEUU con una innovadora tecnología desconocida por estos lares; un daguerrotipo estereoscópico, en el que a través de un visor se juntaban dos imágenes aparentemente iguales. Eran los inicios del 3D. El dispositivo con cubierta de cuero es uno de los tesoros más preciados del área de fotografía del Museo Histórico Nacional (MHN) y pocas veces se exhibe a público.

DAGUERROTIPO ESTEREOSCOPICO, PATENTADO POR JOHN F. MASCHER EN FILADELFIA.

Una de esas ocasiones será del 26 de febrero y el 1 de marzo, días antes de que el 5 de marzo, el edificio de Plaza de Armas de 1808, cierre sus puertas por dos años, para dar inicio a un proyecto de ampliación que incluye la construcción de un nuevo edificio con cinco subterráneos, salas de exhibición, auditorio, tienda y cafetería, que sumará 3.577 metros cuadrados a los 3.180 que ya posee.

En esos días, los curadores del museo harán visitas guiadas mostrando objetos que en su mayoría se mantienen en los depósitos. Si bien el museo posee una colección que asciende a 550 mil piezas, lo cierto es que en la práctica sólo puede exhibir el 1%. De ahí la importancia de crecer en espacio. El daguerrotipo de Teresa Blanco será una de las joyas de esas jornadas. “Es un artilugio delicado, no se puede exponer porque la imagen va desapareciendo con la luz, por eso lo cuidamos. Es el único en su especie en nuestra colección”, cuenta Carla Franceschini, conservadora de fotografía de la institución.

Cambio de guión

Otros objetos poco vistos, pero que podrían tener un lugar en el futuro museo son las pistolas de duelo de Bernardo O’Higgins, datadas en 1820 e ingresadas al museo en 1910 y más recientemente el traje de montaña con el que Rodrigo Jordán alcanzó la punta del Everest en 1992, junto a otros tres chilenos. “Las armas han ido desapareciendo de la exhibición permanente por un tema curatorial. Se criticaba que la colección era demasiado armamentista e incluso la sala específica de armas se cerró en los 90. En el caso del traje de Jordán, la idea es incorporar al relato del museo objetos más contemporáneos, que den pie a otros temas, como lo es la innovación textil”, explica la conservadora Carolina Barra, quien enseña además una de las primeras monedas del Chile independiente hechas en plata, con el símbolo de un volcán en erupción y la primera edición de la historieta Barrabases de 1953.


REVOLVERS DE DUELO, PERTENECIENTES A BERNARDO O’HIGGINS, DEL CREADOR CASIMIR LEFAUCHEUX DE PARIS.

En 2013 la oficina de los arquitectos Diego Aguiló y Rodrigo Pedraza se adjudicó el diseño del nuevo edificio del MHN, el que ahora recién se pone en marcha bajo la nueva dirección de Macarena Ponce de León (ver entrevista), tras la salida de Pablo Andrade. El crecimiento del espacio implica también un cambio total del guión curatorial que apira a contar una historia más completa y diserva: la exhibición permanente llega hasta el golpe de Estado de 1973 y no representa de forma adecuada el tema indígena, el papel de la mujer o los movimientos sociales, entre otros.

Eso sí, la institución, que en 2018 tuvo 292.823 visitas, exhibe objetos ineludibles, que son favoritos del público.

Entre ellos están los zapatos y la cartera de Javiera Carrera; el carruaje de Casimiro Marcó del Pont, un lujo para la época; la bandera chilena con que se juramentó la independencia en 1818 y que fue robada por el MIR en 1980; los objetos rescatados en 1899 de la hundida Esmeralda; la emblemática Fundación de Santiago, pintura de Pedro Lira de 1889; la espada de Juana López, una de las mujeres que luchó en la Guerra del Pacífico; el taxidermizado Ulk, el perro fiel del Presidente Arturo Alessandri Palma y lo que quedó de los lentes de Salvador Allende. Aunque la idea es hacer una exposición que luego itinere, por ahora las piezas se podrán ver en este edificio hasta el 5 de marzo, día en que también se hará un remate de libros editados por el museo, con precios que van de los $ 1.000 a los $ 20.000.

ZAPATOS Y CARTERA PERTENECIENTES A JAVIERA CARRERA.

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