Culto
Claudio Arrau: los inicios del “niño prodigio de Chillán”

Claudio Arrau: los inicios del “niño prodigio de Chillán”

Pese a que el fallecido artista nacional lograba evocar escasos recuerdos de su infancia en el país, sus primeros años fueron vitales para inmortalizar su figura como uno de los grandes pianistas del siglo XX.

Por más que le insistían, el niño no quería tocar. Embajadores, ministros y artistas varios, perdían la paciencia ante este joven de siete años.Una ligera advertencia, por parte del dueño de la casa, dio paso a una prominente carrera en el mundo de la música: “Está bien…pero si no tocas, no hay viaje a Europa”.

Esto sucedió en 1910 y el joven detrás del piano era Claudio Arrau, tocando en La Moneda para el presidente Pedro Montt. Si bien a su prematura edad era todo un privilegio estar en ese edificio, no era la primera vez que Arrau tocaba ante el gobernante. Un año antes, fue el mismo Montt quien invitó al pequeño al palacio de gobierno, instancia en la que el jefe de Estado le regaló un libro “Para Claudio Arrau, en memoria de la profunda admiración con que lo he escuchado tocar el piano a la edad de seis años. Santiago, 30 de septiembre de 1909”.

El nacido en Chillán en 1903, desde pequeño demostró su talento, pasando por el Teatro Municipal de su ciudad natal. Si bien su camino pudo ser distinto, tras la muerte de su padre a causa de una caída del caballo cuando apenas tenía un año, la obligación de su madre de ejercer como profesora de piano incentivó desde pequeño su gusto por la música clásica.

“Claudio no jugaba con los otros niños. Se quedaba siempre a mi lado, escuchándome tocar o hurgueteando en las notas. A los tres años, en vez de hacer los garabatos comunes a todos los pequeños, en vez de dibujar casitas y monigotes, él trazaba pautas, claves y notas”, decía Lucrecia León, la madre del otrora artista, en conversación con la revista Ercilla en 1939.

Para conquistar Europa, hay que conquistar Santiago

Los registros de las primeras críticas datan de 1908, en las que “el niño de cinco años brindó una excelente interpretación del ‘Aire Luis XIII’ de L. Strealbog. La audiencia lo colmó en aplausos, hasta que él regresó al piano para ejecutar una pieza a cuatro manos con su madre”. Claudio, desde sus inicios generó expectativas en el mundo artístico, dejando de lado la escuela para centrarse exclusivamente en la música. Pese a que no alcanzaba los pedales, se le crearon exclusivamente varillas para poder presionarlos.

Al igual que Mozart, Claudio daba pasos agigantados a temprana edad. Es más, aprendió a leer partituras antes que el abecedario. El emocionante futuro del niño Arrau tenía sus días contados en la ciudad chillaneja. Clarisa León, tía del pianista, al conocer la habilidad en las teclas, incentivó a la familia a vender todo con tal de establecerse en la capital.

Desde entonces, la fama del prodigioso muchacho llegó hasta Santiago. Su madre, en la búsqueda de una beca que le permitiera ir al viejo continente, visitó a innumerables diputados y senadores, quienes quedaban boquiabiertos con las aptitudes del niño. El libro El maestro (1992, Ercilla), registra que Claudio pasaba horas frente al piano con tal de lograr su objetivo. “Hasta tenían que alimentarme frente al piano”, decía el propio músico en una entrevista de 1982, siendo su madre la que le daba cucharadas que masticaba rápidamente con tal de que lo dejaran tranquilo.

En 1911, la beca del Congreso Nacional de Chile, le permitió efectuar estudios de piano con profesores alemanes en Berlín. Arrau dejaba para siempre su tierra natal, a la que no retornó hasta después de su muerte.

Claudio Arrau en 1908, difundida por la prensa de la época. Créditos: Revista Ercilla.

Son recuerdos del ayer

La capital germana fue el lugar donde Claudio Arrau desplegó habilidades que él desconocía. Con ocho años y acompañado de su madre y sus dos hermanos, el maestro abordó el Titania, un buque de carga que los embarcó hasta Hamburgo. Ninguno de los Arrau dominaba el alemán, pero Lucrecia manejaba el francés, idioma que les permitió movilizarse por el continente europeo.

En Berlín, quedó en las manos de Martin Krause, reconocido como una de las personalidades más prestigiosas de la música en Alemania. Krause había sido alumno de Franz Liszt, quien estudió a Czerny, el que, a su vez, había sido alumno de Beethoven.

Claudio Arrau en 1912, tiempo en el que estudiaba en Alemania. Créditos: Revista Ercilla.

El profesor, quien no aceptaba dar clases a menores, tras conocer al prodigioso joven proveniente de Latinoamérica, le dijo a su madre: “Este niño será mi obra maestra”.

Claudio, acepto al “herr professor” como un padre, quien cuidó y enseñó al chileno con ternura con tal de que este pudiese crecer. Eran siete a ocho horas diarias frente a un piano vertical, el cual tras tres años de trabajo, fue puesto a prueba.

En 1914 debutó en Berlín, dando paso a una historia que lo llevó a ser catalogado como un ícono mundial de la música clásica, interpretando a grandes como Chopin, Liszt, Tchaikovsky  y otros más.

En 1983, en una entrevista previa a su último viaje a Chile, el pianista admitió que los recuerdos de sus primeros años por estas tierras eran confusos.”En mi corazón hay mucho de Chillán, en mi memoria no tanto. He pasado por tantas y diferentes experiencias, por tantos países en el mundo que, naturalmente, algo se me ha confundido. Pero siempre he sentido mucho agradecimiento por lo que hicieron, por entusiasmar a mi madre para llevar a Santiago a ver si se podía hacer algo, para que pudiera irme a Europa y desarrollar mis estudios allá”.

Si bien su vida y obra fueron realizadas lejos de su país, su corazón y sentimientos siempre estuvieron conectados con el sur del mundo, donde logró pasar de niño prodigio a genio musical.

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