Culto
Lemebel, un performer queer en la Berlinale

Lemebel, un performer queer en la Berlinale

El 12 de febrero se estrena en la sección Panorama del festival de cine alemán el documental de Joanna Reposi, que narra el tránsito del escritor chileno y artista de las Yeguas del Apocalipsis, desde los 80 hasta su temprana muerte en 2015.

Suena “El muchacho de los ojos tristes”, y en una de las paredes blancas de su departamento, en el centro de Santiago, está proyectado un retrato suyo en el que aparece envuelto en un abrigo rojo furioso. “Mejor cambiemos la canción, Pedro. Ponte la de Pimpinela”, le sugiere la voz de una mujer detrás de cámara. Pero Lemebel se niega a partir la conversación y a escuchar al pegajoso dúo argentino. “Yo no funciono sin música poh’ vieja. Si estamos con problemas, pido un jale y listo”, dice él. “Y odio a Pimpinela”, insiste. De un segundo a otro, sin embargo, cambia de parecer: “O, ¿puede ser la de Pimpinela, como decís tú?”.

En esos surcos de intimidad, memoria y humor transita Lemebel, el documental dirigido por la periodista Joanna Reposi (1971) que el 12 de febrero debutará fuera de competencia en la sección Panorama de la 69° versión de la Berlinale.

Ambos se conocieron en 2001, un año difícil para el artista visual y autor de Loco afán: una semana después del lanzamiento de su novela Tengo miedo torero, Violeta, su madre, falleció. Fue cuando la exproductora de El show de los libros le ofreció filmar un videoarte con su Manifiesto, de 1986. Dicha colaboración supuso el flechazo entre ambos, pero solo seis años después, en 2007, el cronista y futuro Premio José Donoso aceptó que esa cámara se convirtiera en su sombra.

“Cuando encendí por primera vez la cámara, el Pedro estaba muy alcoholizado y con una depresión tras la muerte de su madre. Muy al borde”, recuerda la realizadora. “Comencé a filmarlo muy intuitivamente y tenía su autorización, pero su ánimo era muy cambiante y nos peleamos varias veces. Me mandaba a la cresta, y yo a él de vuelta. Trabajar con Pedro no era fácil. Estuvimos hasta un año sin hablarnos, y él quería escoger la música, el plano y todo, pero de a poco fue apareciendo esta película y él se convenció de su valor”, agrega.

Incluso desde antes de su temprana muerte a los 63 años, a causa del cáncer, el filme sobre el artista y escritor chileno fue acaparando atención, y también fondos: en 2014 la Haye Post financió su postproducción en Buenos Aires, y obtuvo $ 83 millones del Fondo Audiovisual. El año pasado, en tanto, el festival suizo Vision du Reel lo premió en la categoría Docs in Progress, y desde entonces trazó una auspiciosa ruta comercial de cara a su estreno.

“Queríamos estar en Berlín por la gran vitrina que es y porque la figura de Pedro no se conoce en el mundo, y apostamos a eso. Si bien no competirá, la película podrá optar a ganar el premio Teddy, que entrega la comunidad LGBT”, dice Reposi, y adelanta que el filme debutará a mediados de este año en Chile.

La voz de Lemebel conduce el relato, y repasa sus orígenes e inquietudes artísticas. Se le se suman también las de varios cercanos; como su hermano Jorge; los poetas Sergio Parra y Carmen Berenguer; su exdupla en las Yeguas del Apocalipsis, Francisco Casas, el galerista Pedro Montes. Los ocho años del registro de Reposi, que culminan con su masivo funeral en la iglesia Recoleta Franciscana, se cruzan además con diapositivas, fotografías y videos inéditos de hace más de 30 años: se lo ve desfilando en la Marcha del Orgullo Gay de 1984 en Nueva York, en La refundación de la Universidad de Chile (1988) y la lectura del Manifiesto en Harvard, en 2004. También en su última performance: Desnudo bajando la escalera (2014) en el frontis del MAC.

Planteado como “un ensayo fílmico”, según Reposi, el filme aborda otros aspectos de su vida, como el amor (“No fui hecho para eso”), la literatura y, sobre todo, el Lemebel performer y activista gay de los 80. “Si ese homosexual tiene Sida, si ese homosexual es tercermundista, si ese homosexual es pobre y si ese homosexual es indígena, lo matan”, dice el autor durante la sesión de fotos para la tapa de su libro De perlas y cicatrices, de 1998.

Su rostro se proyecta también en los que fueron sus barrios: el block en el que vivía su madre en Departamental, el entonces inconcluso hospital de Ochagavía en Pedro Aguirre Cerda y su departamento frente al Parque Forestal. “Pedro fue muy consciente de que había que registrarlo todo, porque las acciones que hizo eran momentos fugaces, y sin esas fotos y videos no iban a existir”, dice Reposi. Y cierra: “Eso tiene esta película, el soñar qué hacer. Y en ese soñar lo pasamos la raja pensándola juntos, con cervezas y música. Ese era el espíritu de Pedro, y está puesto aquí”.

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