Culto
De los artefactos a los presidentes colgados: la poesía visual de Parra

De los artefactos a los presidentes colgados: la poesía visual de Parra

Frases ingeniosas, corrosivas, políticas y hasta sexuales. El antipoeta que siempre destacó por ser un provocador del lenguaje tuvo su faceta más popular y polémica con los Artefactos de los años 70 y luego con Obras Públicas, la gran exposición en el Centro Cultural La Moneda en 2006 que también tuvo repercusiones políticas.

Corrían los años 70 y la división entre los defensores de Salvador Allende y los que a toda costa querían acabar con el proyecto de la Unidad Popular estaba dando paso a un clima cada vez más violento en Chile, donde ni siquiera la poesía se salvaba. Por esos días, el autor más atacado era Nicanor Parra, laureado con el Premio Nacional en 1969, al año siguiente sufrió los embates de la izquierda debido a la taza de té que aceptó de la primera dama Pat Nixon cuando fue invitado a la Casa Blanca. Cansado de dar explicaciones, el poeta respondió como mejor lo sabía hacer: con una obra. En 1972 lanzó Artefactos, una caja con centenares de postales donde reunió sus frases más provocativas, entre ellas: “La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”.

Eso sí, mientras Parra era el autor intelectual de los textos, fue otro, un desconocido diseñador de 24 años, Juan Guillermo Tejeda, quien se dedicó a darle imagen a la irreverente obra del antipoeta. Fue Cristián Santa Maria, editor de Ediciones Nueva Universidad -perteneciente a la Universidad Católica bajo la dirección de Fernando Castillo Velasco-, quien lo convocó a trabajar con Parra, claro que a la distancia. El autor de El hombre imaginario estaba en Nueva York, y Tejeda trabajaría por su cuenta, con total libertad, la visualidad de esas tarjetas, que él mismo decidió fuesen postales con la intención de que en algún momento viajaran por el mundo plagadas de sellos.

“A los 24 años, mis recursos de diseño o ilustración eran más de admiración que de saber hacer; la cultura visual del país era la que era; mi orgullo, el propio de un joven con la sangre ardiente y la cabeza confusa, y con los textos de Parra en la mano se me abrió un mundo”, escribió Tejeda en un texto publicado por el Centro de Estudios Públicos (CEP), con motivo del centenario del antipoeta. .

Fallecido el 23 de enero de 2018, a los 103 años, Parra fue autor de una obra conocida masivamente por su coqueteo con las artes visuales, primero de la mano de Juan Guillermo Tejeda con la caja de Artefactos, y décadas después, en 2006, cuando presentó en el recién inaugurado Centro Cultural La Moneda Obras públicas, una exposición que reunió 20 años de artefactos, pero que en ese contexto, adquirieron tridimensionalidad gracias a la colaboración de su hija Colombina Parra y el arquitecto Hernán Edwards.

Allí, la polémica tampoco faltó. El pago de Chile, una instalación donde Parra colgaba a los presidentes del país (excepto Bachelet) casi fue censurada. Finalmente el conflicto se solucionó con el despido de la directora del espacio, Morgana Rodríguez, quien terminó, sin embargo, siendo la productora de las exposiciones de Parra, incluyendo la que se hizo en Madrid en 2013, tras el Premio Cervantes. La última fue a mediados del año pasado en Artium, centro de arte del País Vasco, donde acompañó las 600 obras del artista catalán Joan Brossa, con quien Parra comparte una estética común. La misma muestra estuvo antes en el Macba de Buenos Aires y lo más probable era que fuese este año a Alemania, sin embargo, todo quedó en pausa debido al juicio por la herencia del antipoeta. Una demora que de extenderse podría afectar la internacionalización de su obra.

En ella se exhibían más de una veintena de artefactos, entre ellos, los llamados readymades, objetos cotidianos que ayudaban a graficar y darle humor a los textos de Parra y que son producidos con la ayuda de Colombina. Está la botella de Coca-Cola de “Mensaje en una botella”, los tres cráneos de “Las calaveras de Colón” o la solitaria cruz católica del “Voy y vuelvo”. También se exhiben los orginales del Quebrantahuesos (obra hecha por Parra, Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsky en 1953) y las bandejas de cartón que el mismo poeta intervenía con su puño y letras acompañados del personaje que él mismo creó, Mr. Nobody o El corazón con patas, y de las que ya se han encontrado circulando falsas copias a la venta por internet.

Objeto de colección

“El mundo es lo que es y no lo que un hijo de puta llamado Einstein dice que es”; “Con el Papa ni a misa”; “Hombre nuevo/ Hambre nueva”; “La poesía chilena se endecasilabó / Quién la desendecasilabará/ ¡El gran desendecasilabador!”; “La muerte es un hábito colectivo”: fueron algunas de las frases que aparecieron en 1972 con los Artefactos.

Suerte de esloganes, pero con aire de manifiesto político, los mensajes de Parra beben de la publicidad y de los titulares de prensa y pasan de los temas políticos a los filosóficos y los sexuales. En el caso de Tejeda, éste había tenido un infancia privilegiada, era hijo de un publicista que había trabajado con Mauricio Amster, de niño tuvo acceso a todos los libros del destacado diseñador español y a revistas culturales extranjeras. Así, cuando debió enfrentarse a los textos de Parra, Tejeda ya tenía en su cabeza las influencias variadas del pop cubano con la revista Casa de las Américas, la alemana Twen, las ilustraciones del New Yorker y del Submarino Amarillo de los Beatles de Heinz Edelmann, junto con la irreverencia de la Playboy de esa época, así como de los grabados de revistas del 1900. “Me daba miedo traicionar la voz del autor de los textos con mi coautoría gráfica, pero eran en Chile esos unos años de locura y todo parecía proclive a la suma de contrarios, al pop artístico, a la mezcla y confusión de estilos o géneros, a la revolución permanente, a la insumisión generacional”, contó Tejeda, autor también de la idea del iceberg que representó a Chile en la Expo Sevilla 1992.

Eso sí, Tejeda no llegó a conocer a Parra sino hasta décadas después, en los 90, cuando lo visitó en su casa de La Reina y allí conoció los Trabajos prácticos, que otros 10 años después, cambiarían al nombre de Obras Públicas y protagonizarían la gran muestra en el subterráneo del Palacio La Moneda. En tanto, la caja de Artefactos del 72 nunca se lanzó al mercado y terminó convertida en un raro objeto de colección. Hoy una original ronda ell millón de pesos y siempre es difícil encontrar una con todas las tarjetas; aunque en 2014, la Municipalidad de Santiago reeditó mil copias que fueron distribuidas entre la familia de Parra y colegios públicos y subvencionados. En el sitio Mercadolibre, éstas las ofrecen a $ 250 mil.

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