Culto
Station to station: un movimiento mágico

Station to station: un movimiento mágico

40 años exactos antes de Blackstar, en enero de 1976, David Bowie editaba Station to station, un disco cargado de referencias místicas y que reflejaba uno de los períodos más oscuros de su vida. El consumo exacerbado de cocaína y una alimentación mínima le tenían al borde de la muerte. Problemas financieros, el quiebre de su matrimonio y una paranoia generalizada no fueron impedimentos para que esculpiera una de las obras más sobresalientes de una carrera, hasta entonces, ya camaleónica.

Harry Maslin, el productor del álbum, tuvo una de sus primeras experiencias junto a David grabando “Fame”, una canción que cambió los planes del álbum The Gouster y lo transformó en Young americans. En aquella sesión, Maslin trabajó también junto a John Lennon, una experiencia alucinante. “Como un fan total de los Beatles, no es necesario decir que me voló la cabeza tener esta oportunidad de trabajar con John. Mi anécdota favorita de la experiencia de Young americans ocurrió cuando David salió de la sala de control y le pedí a John que volviera al estudio y tocara de un golpe un acorde en el piano. Mi idea era que ‘Fame’ comenzara con el sonido de un piano al revés, y mi técnica era poner la multipista de cabeza y poner a andar la cinta al revés al momento de grabar, luego revertirla nuevamente para obtener el efecto deseado. Mientras esto ocurría, John me miraba como si yo estuviese loco, con esta mirada desconcertada en su rostro. Hizo lo que le pedí perfectamente y luego volvió a la sala de control. Me preguntó qué era lo que estaba haciendo y luego de explicarle el proceso me comentó lo siguiente: ‘Los Beatles nunca lo hicieron de esa forma’, ante lo cual —en mi shock total y humillación— le respondí de una forma un tanto sarcástica. ‘OK, John. ¿Cómo lo hicieron los Beatles?’. Lo que ocurrió después no lleva mayor relevancia. Nunca olvidaré ese comentario, ¿qué otra cosa podría ser más memorable que eso?”, recuerda.

Foto: Geoffrey Alexander MacCormack

-¿Qué tan diferente era la aproximación de David a la grabación y a componer en el estudio, en comparación a otros artistas con los que trabajaste?

-No era monumentalmente diferente. Mucho del material ya estaba fijo en la mente de David, en cuanto a lo que él estaba tratando de conseguir. Algunos de los detalles los trabajamos en una sala de ensayo, conmigo contribuyendo ideas para los arreglos y ajustes al sentimiento. Luego refinamos las pistas básicas en el estudio de grabación y dejamos harto espacio para los overdubs, retoques instrumentales, solos y voces. En algún punto las letras no estaban listas de antes, lo cual era un desvío de los discos previos en los que yo había trabajado. En ocasiones, la letra definitiva no estaba escrita hasta que David se encontraba frente al micrófono.

-Qué recuerdas de la química de Alomar, Murray y Davis al momento de delinear las bases de las canciones que formaron Station to station?

-Ellos tres eran bien afiatados como banda, operaban en una amplitud de banda común y su química no podría haber sido mejor. Pero no hay que olvidar a Earl Slick. Él venía de una formación musical diferente, y aportó ese toque extra que hizo que el proyecto sellara. Podría decir que los otros tres eran pulcros y que Slick aportó lo inesperado, la fuerza música esencial para Station to station. Sin él, no habría sido el mismo álbum que conocemos.

Station to station siempre se ha visto como un disco pivotal en la carrera de Bowie, trazando el sendero a la experimentación de la llamada Trilogía de Berlín. Sin embargo, el énfasis del disco es vocal, incluyendo algunas de las mejores interpretaciones de Bowie. ¿Qué recuerdas, desde esa perspectiva?

-Es divertido que lo preguntes de ese modo. El primer vocal que grabamos para Station to station fue el de “Golden years”, y fue una sola toma, lo que implica que Bowie lo hizo perfecto al primer intento, algo inusual para cualquier artista. Yo estaba muy impresionado, y se lo dije, a lo cual él —humildemente— me respondió diciendo que no se consideraba un buen vocalista. Le aseguré que en mi experiencia y en mi opinión, él no solamente era “bueno”, sino que verdaderamente excepcional. Puede ser que ello le haya dado más confianza para las canciones siguientes, en las que entregó alguno de los mejores vocales de toda su carrera.

-La nueva mezcla del álbum, que hiciste para la edición especial editada en 2010, ¿es más fiel a las intenciones originales tuyas o de Dave? ¿Qué tan satisfactorio fue tener la oportunidad de revisitar aquellas pistas y escucharlas nuevamente a través de otro marco mental?

-En el caso de las mezclas originales, David no estuvo presente. Para bien o para mal, la visión de las mezclas fue primordialmente mía. Esto fue distinto a mi trabajo previo con él en Young americans, donde él estuvo ahí y ofreció sugerencias para las mezclas. Para la versión de 2010, transferimos las pistas originales usando la plataforma de ProTools y fue una experiencia verdaderamente diferente. Las mezclas originales no fueron automatizadas de ninguna manera, mi asistente en Hit Factory, Ted Spencer, fue un segundo par de manos y fue indispensable para las mezclas análogas originales. Las hechas en 2010 las hice solo y, al utilizar ProTools, pude automatizar cada aspecto. Para que quede constancia, aunque fueron hechas en 2010, no se utilizó nada de auto-tune en la voz de David.

-Bowie estaba atravesando un período complejo y oscuro personalmente en aquellos días. Sin embargo, se las arregló para crear un disco que se considera como uno de sus mejores trabajos. ¿Qué pensabas acerca de su compromiso y pasión creativa en las sesiones?

-Logramos crear Station to station a pesar de que David estaba en sus días más intensos de uso de drogas. Mi trabajo principal era el de productor, ingeniero y mezclador del álbum. Asumí un puesto secundario, sin embargo, de ponerle atención a la salud de David. Su alimentación, sus hábitos de sueño y de consumo estaban fuera de control, así que estaba a mi providencia gentilmente recordarle de vez en vez lo importante que era ser cauteloso. Su compromiso y pasión necesitaban ser redireccionadas en momentos, debido a sus condiciones físicas y mentales. Alguien tenía que quedarse en “ground control”, y ese era yo.

-¿Cuál crees que es el legado más importante de su trabajo, y cómo te cambió trabajar con él por entonces?¿Qué podemos aprender de él?

-Una de las lecciones más importantes que cualquier verdadero artista puede aprender de la obra de David es no tener miedo a experimentar e intentar diferentes aproximaciones a la producción. No todo va a funcionar, pero las cosas que lo hagan eventualmente valdrán el esfuerzo y serán satisfactorias, si es que no estelares. David intentaba todo lo que le sugería y, como él era “él” artista, yo intentaba obviamente todo lo que él me sugería, lo que construía una atmósfera de confianza mutua. Esto hizo surgir Station to station. Tengo que decir que el legado en particular de ese disco es su carácter único, y la voluntad de David de cambiar es el legado más importante de toda su carrera.

-Cuando viste el video de la canción “Lazarus”, ¿notaste que Bowie estaba usando el mismo traje de las sesiones de fotos de Station to station hechas por Steve Schapiro? ¿Qué pensaste al verlo hacer ese enlace sorpresivo con el disco al momento de editar su último trabajo? ¿Qué piensas de ese gesto?

-Ciertamente lo noté. No podría emprender la tarea de leer la mente de David y decir por qué utilizó ese traje, no podría atreverme a presumir que estaba dirigiendo la atención hacia Station to station. Si tuviera que adivinar, pienso que puede que haya estado haciendo una referencia a “The man who fell to Earth”, ya que él se aprontaba a dejar la Tierra nuevamente.

Entre Station to station y Blackstar, no solo la cercanía a la muerte es un punto en común. Hay líricas enigmáticas en sus cortes principales, con versos alusivos a una búsqueda incansable, a una transfiguración y un cambio de estado. La frase “un movimiento mágico de Kether a Malkuth”, era una referencia directa al Árbol de la vida del Kabbalah, una alusión al recorrido desde la Fuente Divina hacia lo terrenal. Ambos tracks de apertura bordean los 10 minutos de duración, y están compuestas por tres partes pero, más allá, en la estructura de ambas placas se encuentran 6 canciones que pueden verse como un reflejo mutuo. “Word on a wing”, una suerte de alabanza y llanto de ayuda está dirigida a los cielos, tal como “Lazarus” está narrada desde las alturas. En el caso puntual de “Blackstar”, su canción número 7, fuera del espejo —”I can’t give everything away”— toma el sentido de una suerte de epílogo, con una melodía de armónica que remite a “A new career in a new town” —la canción de álbum Low— expresando que Bowie se encuentra ya en una nueva etapa, en un lugar nuevo y desconocido.

El fotógrafo Steve Schapiro, autor de las legendarias sesiones de fotos para el álbum Station to station, donde David aparece dibujando el Árbol de la vida, con el mismo traje resucitado para “Lazarus”, recuerda brevemente, al teléfono: “Esas fotos las tomé en 1975, en Los Ángeles, Bowie vino a mí, y no sabía qué esperar, solo sabía de sus trajes elaborados. Era alguien muy callado, lo dejamos tranquilo hacer lo suyo, tomar drogas y todo eso. Llegó y fue al vestidor y mientras esperábamos nos encargamos de poner el fondo. Cuando volvió, había pintado estas rayas blancas sobre su traje, incluyendo pintar sus dedos de los pies de blanco, y comenzó a dibujar líneas y círculos en nuestro papel de fondo y dibujó el Árbol de la Vida, en el piso. Lo interesante y significativo es que usó un traje similar justo antes de morir, cuando hizo el video de ‘Lazarus’ y, por lo que yo sé, es la única vez donde ha vuelto a usarlo. Creo que es algo simbólico, él era una persona muy espiritual, y supongo que es simbólico para él, por alguna razón que desconozco. No sé si es algo que vio en alguno de los libros espirituales que solía leer, o si es algo que significa mucho para él, pero obviamente se puso lo mismo que cuando estaba dibujando el Árbol de la Vida del Kabbalah”.

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