Culto
Un terrícola

Un terrícola

Dos colaboradores de Bowie, la bajista Gail Ann Dorsey y el productor Mark Plati, desmenuzan desde Earthling, el disco que lo trajo por última vez a Chile, hasta The next day, cuando rompió su estricto silencio musical de una década en 2013.

La segunda venida de Bowie a nuestro país, fue con el disco Earthling, a fines de 1997. Un álbum que mezclaba su increíble dominio de la melodía con el vértigo de los beats electrónicos de mediados de los noventa. 1. Outside, la conceptual y densa placa anterior, con Brian Eno nuevamente parte del proceso, era un disco oscuro y extenso, escarpado, con toques de jazz, rock y electrónica en un envoltorio críptico. Su llegada vino de la mano con una gira junto a Nine Inch Nails, emblemas de la explosión de rock industrial junto a Marilyn Manson, quienes venían de grabar una placa de morfología similar: The Downward Spiral.

La bajista Gail Ann Dorsey recuerda al teléfono con Culto cuando Bowie la invitó a ser parte de aquella gira: “Él me llamó por teléfono, de la nada, nunca lo había conocido y yo no conocía a nadie ligado a él. Me llamó porque estaba armando una banda para salir de gira junto a Nine Inch Nails, y me explicó quienes más estaban: Carlos Alomar, Reeves Gabrels. Yo no podía creer que iba a estar junto a ellos, músicos a los que admiraba. No tenía idea por qué me eligió a mí. Esto fue en 1995, y nunca dejamos de estar en gira hasta 1997, cuando fuimos a Chile con Earthling. La banda fue cambiando con el tiempo, era gigante cuando comenzamos y después se acotó a cuatro personas: Reeves Gabrels, Zachary Alford, Mike Garson y yo. Fueron dos años de gira, donde él componía canciones por mientras, y luego de ello fuimos directo al estudio a grabar Earthling. Mis primeros dos años con él fueron muy intensos”.

La grabación de Earthling se realizó en Looking Glass, el estudio de Philip Glass, donde Mark Plati se encontraba arrendando un espacio. Cuando Bowie llegó al recinto, en búsqueda de un cambio tras haber trabajado en The Hit Factory, conoció al productor. “En los noventas, yo solía trabajar en el estudio de Philip Glass. Fui a mezclar algo ahí, más o menos en 1991, y me gustaba mucho ese lugar. La sala de mezclas tenía una ventana y era un estudio muy agradable, porque tenía una vista hermosa del puente Manhattan. Un día, él y Reeves Gabrels vinieron solamente a mirar, para ver cómo era y, por supuesto, vieron esa ventana y les encantó. Organizaron todo para eso e iban a traer un ingeniero de Hit Factory con ellos, pero el estudio les sugirió que trabajaran conmigo, porque ya conocía el lugar. Vieron mi discografía, que había hecho un montón de música dance y que había trabajado con Prince, y decidieron probar. Iba a trabajar con él por una semana, o algo así, y terminé trabajando con él por siete años”, explica Mark Plati a Culto, quien compuso el esqueleto de varias de las canciones.

“David me pidió expresamente que escribiera un par de temas, que trajera un par, para ver que ocurría. En todas las canciones donde tengo crédito, es algo que básicamente partió de una idea mía. Y ellos trabajaron a partir de ahí, en su mayoría terminaron usando el esqueleto rítmico y trabajaron la parte armónica sobre eso. Con David y Reeves, estuvimos los tres un par de semanas trabajando ahí, armando las bases del disco y luego llegaron los demás, la banda”, comenta.

Para Gail Ann, algo importante de trabajar con Bowie, era que siempre daba espacio a los músicos para crecer: “Siempre abría las cosas, para que intentáramos algo, era de la escuela de poner todo en la olla y luego ir sacando y crear la pieza. Siempre estaba abierto a las influencias de los músicos, ingenieros, de todos los que estaban trabajando en el proyecto. Pero sabía qué es lo que quería conseguir al final, lo tenía claro, era sorprendente observar ese proceso, mirar, escuchar, aprender e intentar darle lo que quería, vernos a todos llegar a ese lugar donde nos estaba guiando. Siempre era una experiencia de aprendizaje fascinante, como ir a la escuela, ir a la iglesia, era definitivamente un artista muy especial, de eso no hay duda, es un hecho”.

Tras su rol como productor, Plati terminó trabajando con David Bowie en todos los discos siguientes hasta Reality (2003), como músico de acompañamiento en sus trabajos de estudio, incluso en el inédito Toy (2001) que sentó las bases para Heathen. “Desde la sorprendente posición de haber podido trabajar con él muy de cerca, creo que cada nuevo disco era una aventura, porque no sabíamos a dónde íbamos. Y realmente me apegue a eso, a tratar de vivir de esa forma, artísticamente o como quieras, a simplemente seguir buscando y no quedarte atascado en una situación. Como artista, él nunca paró de crecer, y eso es algo a lo que todos debemos aspirar, no solamente en el arte, sino que en lo que sea. Hay una tendencia humana a la complacencia, y él nunca se dejó llevar por eso. Era eternamente curioso, y siempre era inspirador estar a su lado, por esa misma razón. Eso ya es demasiado. Para mí, es lo más grande que me enseñó: siempre probar cosas y permanecer lo más curioso que sea posible. Estuve en todos los discos entre Earthling (1997) y Reality (2003) de alguna forma. En todos toqué, ya sea como programador, bajista, guitarrista, y en algunos fui ingeniero, los mezclé, fui productor y etc. Todo ese período fue casi como un sueño. Hasta ahora, me parece increíble haber estado ahí, parece como si hubiese sido alguien más el que lo hizo (risas). Earthling fue todo lo que siempre quise hacer en cuanto a producción, siempre había querido hacer un disco así. En los noventas, estaba todo esto de unir la electrónica con el sonido de una banda en vivo, y no había encontrado un artista con quien llevarlo a cabo aún. Fue la suerte del momento, conocerlo cuando él estaba listo para hacer eso, porque si nos hubiésemos encontrado un álbum más tarde, cuando quería algo más acústico, no habría sido igual”.

En junio de 2004, en Alemania, un infarto en medio del show cambió para siempre los planes de Bowie. Entró en reclusión y se alejó de la música por casi una década. Cuando todo el mundo daba por sentado que su retiro sería para siempre, Gail Ann Dorsey volvió a recibir una llamada: “Yo no había estado muy en contacto con él durante el período en que estuvo en silencio, pero habíamos hablado un par de veces, pero nunca me contó que estaba trabajando en algo. Así que, cuando me llamó para hacerme saber que me necesitaba en el estudio, me explicó las condiciones: no puedes dejar que nadie sepa, debes mantenerlo en secreto. Esa es una de las razones por las que no toco en todo el disco The next day, porque estaba trabajando con otros artistas y no podía decirles (risas) que tenía otra cosa que hacer. David me llamaba y me preguntaba cuándo tenía un tiempo libre e iba. Compartí los roles con Tony Visconti, quien tocó cuando yo no podía llegar. Estaba agradecida de que David me llamara para hacer música nuevamente, me siento honrada y bendecida, especialmente sabiendo ahora que terminó siendo su penúltimo álbum”.

-¿Cuáles son las cosas que aprendiste de trabajar con David durante todos esos años?

-Creo que hay muchas cosas que aprendí y que sigo aprendiendo, cuando me pongo a pensar en mi experiencia junto a David. Ciertamente su forma de trabajar era absolutamente diferente a la de cualquier otro artista con los que he trabajado, ya sea en el estudio o en el escenario. Con él era como ir a la iglesia, como ir a un templo. Al trabajar con él en varios discos —y especialmente en The next day, que nadie sabía que iba a llegar y el por lo cual debimos guardar silencio— hubo mucha energía interesante. Si vas a la iglesia —y no pienso en ninguna en particular al decirlo— te abres a cosas elevadas, y estar en el estudio con él genera un sentimiento así, vas sin saber qué esperar. En The next day todo era secreto, no habíamos escuchado las canciones antes de tocar, y no sabía qué iba a ocurrir cada día. Tenía que estar lista para la experiencia y lo sea que iba a ocurrir. Había que ir con confianza y apertura, para poder aprender de él. Era un artista muy enfocado, muy lúcido y claro acerca de qué quería alcanzar al finalizar el día. Con él no había momentos para dudas o adivinanzas, y siempre abría las cosas para que intentáramos cosas nuevas, todo eso te hacía crecer como músico.

-¿Y cuál crees que es el legado de su obra, en retrospectiva?

-Lo que yo veía era una conexión honesta con el significado verdadero de ser un artista. No se trataba de ser famoso. Él lo era, pero estaba por sobre eso, podía salir de sí mismo y escapar de ese ego que todos tenemos, los artistas especialmente, y es algo que se te puede meter en la cabeza fácilmente. Él siempre estaba aterrizado acerca de sus intenciones, las cuales eran simplemente hacer arte. Y tenía coraje, en el sentido de que nunca hizo compromisos y tomó decisiones, hizo lo que quiso y con completa honestidad. Siempre se trató del arte en sí mismo, y creo que eso es lo que la gente ve, y eso tendrá valor por siempre, como las pinturas de Van Gogh lo tendrán, como las obras de Miguel Ángel, para mí es un artista como Beethoven, creo que tiene esa integridad, no se trata de ser solamente una estrella del rock and roll, eso es solo una parte. Creo que él iba a algo mucho más profundo y es por eso que la gente conecta con él, porque es algo real.

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