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Roberto Arlt, enviado especial a Río de Janeiro

Roberto Arlt, enviado especial a Río de Janeiro

En 1930, el autor de "El Juguete Rabioso" fue enviado a la capital carioca por uno de los diarios de la época. Las impresiones fueron mutando desde un ingenuo entusiasmo hasta la desmitificación, el hastío y la nostalgia por la vida urbana de su Buenos Aires natal.

Comenzaba 1930 cuando el diario argentino El Mundo envió a Río de Janeiro a su pluma más destacada: Roberto Arlt. Periodista de oficio y escritor, a la fecha Arlt ya había sorprendido a la escena literaria con la publicación de sus novelas El Jueguete Rabioso (1926) y Los Siete Locos (1930) lo que, para algunos críticos, fue el gatillante de la literatura moderna argentina. Junto a ello, ya se había hecho un lugar en la activa industria periodística, particularmente por su columna Aguafuertes Porteñas -que hace alusión a la técnica de grabado sobre plancha metálica, generalmente cobre- donde con un agudo olfato fue describiendo escenas y personajes de la vida cotidiana en la capital argentina.

Por lo mismo, el diario El Mundo anunciaba a sus lectores que uno de sus miembros estrellas sería enviado especial en América del Sur. Primero tuvo una corta estadía en Uruguay, para luego establecerse en Río de Janeiro durante dos meses haciendo entregas en lo que se llamaría Aguafuertes Cariocas. Era la primera vez que Arlt salía de su país natal. “Me rajo, queridos lectores. Me rajo del diario…mejor dicho de Buenos Aires. Continuaré enviando notas. No lloren por favor”, apuntó Arlt en una exultante crónica de anuncio del periplo y en un tono de intimidad con el lector que era propio de las Aguafuertes. “Pienso hablarles a ustedes de la vida en las playas cariocas; de las muchachas que hablan un español estupendo y un portugués musical. De los negros que tienen sus barrios especiales, de los argentinos fantásticos que andan huidos por el Brasil, de los revolucionarios de incógnito”, agrega.

Urbanidad y romance

Lo primero que Arlt destaca de Río de Janeiro es la urbanidad en su vida cotidiana. En la crónica Costumbres Cariocas, Arlt sentencia de entrada: “Definiendo para siempre Río de Janeiro, yo diría: una ciudad de gente decente. Una ciudad de gente bien nacida. Pobres y ricos”. En el texto, el escritor entrega una serie de ejemplos de buena convivencia, haciendo especial énfasis en el respeto con que se trata a las mujeres en la vida pública. Puntualiza el hecho de mujeres andando sin compañía por las calles a altas horas de la noche “y nadie les dice nada”. Lo compara con Buenos Aires y recuerda “toda nuestra grosería, en nuestra enorme falta de respeto hacia la mujer y el niño”.

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Más adelante destaca la labor de las acomodadoras de cine, donde le pregunta a un amigo: “¿Y a estas muchachas no les pasa nada?”. Luego entra a un café donde una mujer sola toma una taza de chocolate. “Yo soy el único que la mira con insistencia, es decir, soy el único maleducado que hay allí”, confiesa.

Asimismo, en una crónica titulada Algo sobre Urbanidad Popular, Arlt se sorprende de la forma en que los cariocas viven el amor en las calles; niños que se dan la mano, una pareja de adolescentes que juegan a hacerse cosquillas con una varita en la oreja, otra pareja en un restaurante donde la mujer le toma la barbilla al hombre y le da de comer en la boca, unos enamorados donde la mujer le dice a su compañero Meu Bem (Mi Bien), que es un meloso modismo brasilero para referirse a la pareja. “Este Meu Bem ha salido de la boca de la mujer impregnado de dulzura espesa, lenta, sabrosa”, constata un asombrado Arlt, lejos de su habitual cinismo existencial que abunda en su narrativa.

“¿Por qué fui tan gil?”

Pese al encandilamiento inicial, Arlt comienza un sostenido desencanto con el día a día de Río de Janeiro. El primer problema detectado fue algo consustancial a un periodista de fuste; la presunta ausencia de vida bohemia. En la nota Y la vida nocturna, ¿Dónde está?, Arlt derechamente desespera ante la ausencia de panoramas nocturnos, siendo que apenas eran las once de la noche. “¿Conciben una tragedia más horrible que esta?”, se pregunta el periodista.

Pasan los días y Rio de Janeiro se va a alejando de ser una Cidade Maravilhosa a ojos del inquieto cronista. Asegura que la ciudad no tiene flores y le llama la atención que las casas no tengan antejardín. También echa de menos el cantar de los gorriones, lamenta que el carioca promedio tenga una vida que vaya del trabajo a la casa, además de sufrir con la modorra de la ciudad un día de domingo. “Río es una ciudad de provincia con una triste paz en sus calles muertas un día domingo”, dice en la crónica Río de Janeiro en Día Domingo, donde describe bucólicas escenas de lo que parece la vida en una pueblito de provincia. Es en ese texto, de hecho, donde Arlt se declara derrotado y reconoce: “¿Quién me mandó a salir de Buenos Aires? ¿Por qué fui tan gil?”.

Le siguen otras decepciones, como la ausencia de delincuentes -un problema mayúsculo para un cronista policial y escritor de arrabales-, la escasa ilustración de la clase obrera carioca y una constante mención a la exuberante fertilidad de los sectores populares de Río de Janeiro. “Ustedes comprenderán que en algo un cristiano tiene que entretenerse y estos cristianos que falan portugués se divierten todos los años encargando un nene a París (…) Trabajan y tienen hijos. Siguen en el más amplio sentido de la palabra el bíblico precepto”, señala Arlt.

Ni siquiera el escritor vio belleza en los parajes del famoso Pan de Azúcar, zona que es desmitificada en una línea: “Usted ha creído que sentiría vaya a saber qué emociones, y no siente nada”.

Finalmente, el 23 de mayo de 1930, Roberto Arlt tomó in aeroplano rumbo a su ciudad natal, a la cual tanto extrañó y de la cuál, pese a estar en un paraíso tropical, siguió escribiendo de ella.

Con los años, Roberto Arlt seguiría de cronista itinerante. Entre 1935 y 1936 viajó a España y Marruecos, desde donde también despachó sus famosos Aguafuertes. También hizo teatro y fue famoso por ser un eximio cuentista, influyendo a Julio Cortazar, entre otros. Su estilo fue criticado en un inicio por sus licencias en el lenguaje, donde también utilizaba términos del lunfardo, el argot porteño. En suma, Roberto Arlt, de identificación anarquista, fue de los escritores que hizo literatura y periodismo desde los márgenes, desde la calle que siempre fue su hábitat natural de vivencia y creación.

Los textos desde Río de Janeiro están recopilados en el libro Aguafuertes Cariocas. Crónicas inéditas desde Río de Janeiro, texto publicado por Adriana Hidalgo editora.


*Créditos de la imagen de la nota: Wikimedia.org.

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