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Los 10 mejores vinos chilenos

Los 10 mejores vinos chilenos

Ya está en librerías Descorchados, la guía de vinos de Chile que ofrece un detallado listado de las bebidas así como su evaluación de acuerdo a las mejores cepas, valles y estilos disponibles en el mercado, en la opinión del crítico de vinos Patricio Tapia.

En su edición 2019, el volumen profundiza en los nuevos vinos que se están haciendo en el sur de Chile, “un lugar en donde la viticultura era desconocida”, como asegura el texto, hasta la consolidación del pipeño, “un estilo que ni siquiera se consideraba entre los vinos chilenos de calidad, pero que hoy vive una importante y necesaria revalorización”.

El listado de Descorchados (Planeta) —que se publica a un ritmo anual desde hace ya dos décadas— evalúa los vinos en una escala de 1 a 100 y distingue entre el mejor tinto y blanco, los vinos revelación del año, las mejores cepas o estilos, los mejores por valle y además por su relación precio y calidad.

En el apartado tintos, estos son los diez mejores vinos que propone el volumen.


10- Andes Plateau. 700 C. Franc, C. Sauvignon, Carginan, Syrah 2016 (Maipo Alto)

“Las frutas son rojas, maduras y expresivas, la textura es suave y se siente rodeada de especias, de hierbas. Y si dejan la copa por un rato, verán cómo un sabor terroso aparece de pronto”.

9- Viñedos de Alcohuaz. RHU Garnacha, Petite Sirah, Syrah 2014 (Elqui)

“Se necesita algo de tiempo para que este vino se despliegue en la nariz y en la boca. No sé cuánto tiempo, pero sí es necesario tener paciencia. Y tras esa espera, las frutas rojas, la tensión, la cascada de sabores frutales, esa textura firme, filosa y la profundidad de sabores que se prolonga y se extiende,. Un vino para guardar por lo menos unos cinco años”.

8- Seña. Seña C. Franc, C. Sauvignon, Carmenere, Malbec. P. Verdot 2016. Aconcagua

“Es rojo, vibrante, lleno de notas a flores y especias, en un cuerpo medio de acidez jugosa y taninos firmes y punzantes como pequeñas agujas. Un vino lineal, vertical y, probablemente, la mejor versión a la fecha”.

7- Gandolini. Las 3 Marías Vineyards C. Sauvignon 20136 (Maipo Andes)

“El vino tiene notas especiadas por todos lados, con toques a hierbas y mentol, mientras las frutas son rojas maduras, adornadas por una jugosa acidez y, especialmente, por taninos suaves y tensos a la vez. Un clásico”.

6- Errázuriz. Don Maximiliano Founder’s Reserve 2016 (Aconcagua)

“Un vino rojo, delicioso, de tonos herbales y acidez pura y filosa. Un vino que abre un nuevo tiempo en la historia de esta clásica etiqueta chilena”.

5- Carmen. Gold Reserve C. Sauvignon 2015 (Maipo)

“Este año solo se han usado barrica usadas, lo que le ha dado un papel protagónico a la fruta, que aquí se percibe con mucho frescor en un Gold que se siente de cuerpo medio, algo completamente inusual en este siempre robusto tinto”.

4- Antiyal. C. Sauvignon, Carmenere, Syrah 2016 (Maipo)

“La mezcla tiene casi la mitad de carmenere, un 43% de cabernet sauvignon y el resto de syrah. Un año frío en todo el Valle Central de Chile le imprime un sello muy fresco a esta versión, con muchas notas espaciadas y sabores vivos, muy firmes en acidez. Aunque quizás se trate solo de nostalgia, este nuevo Antiyal me recuerdo mucho a ese 1998, también un año lluvioso y fresco”.

3- Almaviva. Almaviva 2016 (Puente Alto)

“Un tinto sutil antes que poderoso, de fina notas herbales y lleno de frutos rojos, acompañados de una acidez viva y crujiente. Un tinto vital, sutil, un Almaviva para quienes aman los detalles”.

2- De Martino. Old Vines Series Las Cruces Carmenere, Malbec 2016 (Cachapoal)

“El malbec aquí brilla en sus notas florales y a frutas rojas, pero también por una acidez intensa y crujiente que hace que este vino se proyecte en la boca. Puro frescor, pura electricidad en un tinto que, más que hablar de la variedad, habla de ese lugar soleado de Cachapoal”.

1- Viñedo Chadwick. Cabernet Sauvignon 2016 (Maipo Alto)

“Hay un manejo del riego, para evitar el estrés hídrico de modo que las hojas sigan verdes, sigan activas. También se evita la excesiva exposición de la fruta al sol, que abunda en la zona. Y en la bodega hay extracciones más suaves, el uso de barricas seleccionadas, con menos tostado. El punto de quiebre fue el año pasado, cuando este vino se llenó de fresco y de nervio. Este año tiene ese mismo nervio, en un fondo de frutas rojas deliciosas. Un cabernet que marca un territorio distinto y que, incluso, se siente aún más tenso que la versión 2015”.

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