Culto
El inquietante Brian Evenson

El inquietante Brian Evenson

El norteamericano atrapa como pocos la sensación de lo siniestro, sin tanta necesidad de la parafernalia tradicional del género.

En la contratapa de los libros del norteamericano Brian Evenson (1966) se encuentran frases elogiosas de Jonathan Lethem y Peter Straub, autores que dan claves para la recepción de este escritor: escribe ficción literaria, pero le interesan los géneros populares, sobre todo el horror. Los adictivos cuentos de Evenson -en libros como Fugue State (2009), Windeye (2012) y A Collapse of Horses (2016)- atrapan como pocos la sensación de lo inquietante, de lo siniestro, sin tanta necesidad de la parafernalia tradicional del género. Su obra puede entenderse como uno de los mejores ejemplos de esa cosa tan escurridiza llamada ficción extraña (weird): trabaja con la disonancia cognitiva, con juegos especulativos en los que sus protagonistas van revelando de a poco su deterioro mental.

En su versión más básica, un cuento de Evenson puede leerse como un capítulo perdido de La dimensión desconocida: en The Sladen Suit, unos marinos en un barco en problemas necesitan reparar las averías, y descubren un traje de buzo que puede permitirles explorar los problemas. Dos de ellos se ponen el traje y desaparecen. Cuando le toca al tercero, este descubre que el traje es un portal a otra dimensión. En Windeye, un niño está fascinado porque una de las ventanas de su casa puede verse desde afuera pero adentro no existe; en Discrepancy, una mujer se descubre fuera de sincronía con el mundo: las palabras que escucha llegan minutos después de que estas se pronuncian.

Los mejores cuentos narran una experiencia de disolución mental. En A Collapse of Horses, el narrador se golpea la cabeza en el trabajo y comienza a ver cosas raras en su casa, desajustes que lo sumen en el desasosiego (no está seguro si tiene tres o cuatro hijos), y trata de hacérselas saber a su esposa, que le responde con evasivas. Todo se sume en la incertidumbre: dudamos de dónde realmente se está narrando -¿desde la casa? ¿desde un psiquiátrico?- y si el incendio que menciona el narrador y se ha llevado a su familia ha ocurrido en verdad o no.

Evenson es capaz de captar lo sublime de una experiencia terrorífica, a través de cuentos que se muerden la cola, a la manera de un grabado de Escher (Past Reno, In the Greenhouse). En Black Bark, un kafkiano cuento de cowboys, Rawley y Sugg están buscando una cabaña y no la encuentran; Sugg está herido y sale a explorar y reaparece misteriosamente, contando un cuento que Rawley tarda en descifrar (ese relato dentro de un cuento, enigmático como un koan, es el corazón de Black Bark).

Evenson puede situar sus cuentos tanto en espacios salvajes que remiten al mundo medieval (The Adjudicator) como en fábricas polvorientas del futuro (Dust). Hay toques fantásticos y también de ciencia ficción; por ahí asoman Lovecraft y Poe, y también maestros contemporáneos del género (Laird Barron, el mismo Straub). Evenson señala el camino del horror contemporáneo: aquel en el que experimentamos durante un instante un desajuste de la realidad (unos caballos de los cuales no podemos concluir si están vivos o muertos; un pedazo de carne que un padre le muestra a su hijo en un sótano, sin que el niño pueda decidir si ese pedazo es de un animal o un ser humano), y a partir de ahí ya no podemos cerrar la fisura que se abre entre el mundo y nosotros.

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