Culto
Sophie Calle: “Empecé a exponer para seducir a mi padre”

Sophie Calle: “Empecé a exponer para seducir a mi padre”

La artista francesa presenta en el MAC Cuídese mucho, una de las obras más comentadas de su trayectoria de cuatro décadas.

Ha pasado más de una década desde que la artista Sophie Calle (65) recibiera ese e-mail donde su novio le anunciaba que todo había acabado: “Cuídese mucho”, se despedía al final de la carta. La frase la dejó perpleja y sin saber qué responder. Entonces pidió ayuda a 107 mujeres, de distintas profesiones, para que reinterpretaran la misiva a su manera. El resultado fue una de las instalaciones más comentadas de su trayectoria, Cuídese mucho (Prenez soin de vous), que se estrenó en la Bienal de Venecia en 2007 y ha recorrido el mundo en lugares como la Whitechapel de Londres y el Museo Tamayo de México.

Esta semana llegó a Chile como parte del Festival Santiago a Mil, presentado por BHP/Minera Escondida, el auspicio de Sura y la colaboración del Instituto Francés y Air France. “Este hombre del cual hablo en la exposición definitivamente no es el hombre de mi vida, pero sin duda me regaló el proyecto de mi vida”, dijo Calle en la apertura de la muestra, que estará hasta fines de enero en el MAC de Parque Forestal.

Con una trayectoria de 40 años, Sophie Calle se ha convertido en una de las artistas centrales del arte conceptual del siglo XX. Escritora, fotógrafa y cineasta, explora la relación entre arte y vida y pone en el centro de su obra temas como la identidad, el voyerismo, la vigilancia, la muerte y la belleza. “Mis primeros trabajos no los hice buscando ser artista. Empecé a exponer para seducir a mi padre. El era un coleccionista de arte que se había divorciado de mi madre y tenía una relación distante con él. Yo quería llegar a esas murallas donde él tenía sus obras. Para mí siempre las paredes fueron el verdadero campo de batalla”, afirmó el miércoles en una conferencia en la Cineteca Nacional.

En su primer proyecto de 1979 le pidió a algunas personas, entre amigos y extraños, que durmieran en su cama por ocho horas y se dejaran fotografiar. Una de ellas resultó ser la esposa de un prestigioso curador de arte, quien invitó a Calle a exponer en una galería parisina la serie titulada Los durmientes. “Las fotos acompañadas de textos se transformaron rápidamente en mi estilo. La foto podía ser mala, pero eso no importaba porque contaba una historia”, dice Calle, quien también convirtió la intrusión en la vida privada (incluida la suya) en uno de sus sellos. En 1980 concibió Suite veneciana, que exhibe la vida diaria de un desconocido a quien comenzó a seguir en una noche cualquiera tras una fiesta. Y al año siguiente invirtió papeles, cuando contrató a un detective para que siguiera sus pasos sin que ella se enterara. En esos años, para ganarse la vida, trabajaba de cualquier cosa; camarera, mucama e incluso bailarina de striptease. “En uno de los hoteles solía abrir las maletas y fotografiar lo que había dentro”, confesó.

La mirada de los otros y la de ella misma ha sido una de las obsesiones de la artista, que también hizo un proyecto con ciegos de nacimiento a quienes les preguntó: ¿Qué es la belleza para usted?

Cuando Sophie Calle estrenó Cuidese mucho en 2007, la prensa inglesa interpretó la obra como una venganza contra su amante. Diez años después la obra sigue vigente y hoy puede leerse como un ejercicio de solidaridad femenino o de lectura filosófica sobre lo que decimos sin decirlo expresamente.

En el MAC, podemos ver las correcciones de estilo de una editora transformadas en pieza de arte, en videos y fotografías. Una espía convierte el texto en un mensaje cifrado; una compositora escribe una partitura y una soprano interpreta una canción. También hay una tiradora de rifle que le dispara a la carta y le acierta tres veces a la palabra amor. Una lora de nombre Brenda la destruye y engulle con su pico.

Y también hay mujeres famosas, como la compositora Laurie Anderson y la actriz Victoria Abril. Si acaso esta era una forma de terapia para superar el desamor, Calle dijo: “La confrontación es la cereza pero no el motor de la obra. Pasa que así mis problemas ya no son sicológicos sino artísticos. Esto me permite mirar lo que pasó con distancia, con humor. El proyecto es el que tiene el poder, y me intereso más en él que en pelear con un hombre que ya no me ama, por ejemplo”, resumió.

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