Culto
Ignacio Valente: “Quedé como el crítico oficial del régimen”

Ignacio Valente: “Quedé como el crítico oficial del régimen”

El volumen Crítica escogida recorre 50 años de artículos del sacerdote Opus Dei, José Miguel Ibáñez Langlois.

Neruda lo apodó como “Curicrítico” y Roberto Bolaño lo convirtió en el sacerdote Sebastián Urrutia Lacroix, en su novela Nocturno de Chile.

Figura predominante en la escena literaria local del siglo XX, Ignacio Valente, seudónimo del religioso Opus Dei José Miguel Ibáñez Langlois (1936), ahora reúne 50 años de labor en el libro Crítica escogida.

“Todo empezó con el gobierno militar, durante el cual quedé como casi el único en estas columnas. El hecho (…) me ha valido ser calificado a veces de crítico oficial de ese régimen”, anota y cuenta que el nombre de Ignacio Valente lo eligió cuando llegó al diario El Mercurio. “Me reclutó de manera sorpresiva Arturo Fontaine Aldunate en 1966”, escribe en el nuevo ejemplar, que está dividido en Crítica, Narrativa y Poesía. Al inicio también se refiere a polémicas “por lo general estériles, casi siempre relativas a autores insatisfechos con mis juicios o con mi silencio, de Neruda para abajo”.

Crítica escogida incluye 83 artículos. La selección fue realizada por el mismo Valente y el editor Adán Méndez. Así en Narrativa hay escritos sobre obras de Cervantes, Proust, Kafka, Italo Calvino y Dostoievski. En narrativa chilena figuran José Donoso, Juan Emar, J. Edwards Bello, María Luisa Bombal y Jorge Edwards. Pero faltan sus comentarios más concluyentes.

No está lo que escribió de Alberto Fuguet ni de otros autores de la Nueva Narrativa.

“Grandes serán las tragaderas que necesita un crítico literario, pero no llegan a tanto como para terminar esta bazofia”, apuntó Valente sobre Mala onda (1991), de Fuguet.

En el capítulo Poesía ocurre lo mismo que en narrativa. Hay escritos, entre otros, sobre Rilke, E. Pound y TS Eliot. De los poetas chilenos le dedica palabras a Neruda, Mistral, Huidobro, Gonzalo Rojas, Nicanor Parra, Miguel Arteche, Armando Uribe y Raúl Zurita, de quien escribió en 1975 ante la lectura de Áreas verdes: “Saludamos la aparición de su voz novísima, original y solitaria”.

Mientras que de Enrique Lihn, con quien mantuvo un largo enfrentamiento por la prensa, solo está su comentario a Escrito en Cuba, de septiembre de 1969, donde valora su “aguda inteligencia poética”. Pero ese mismo año, también escribió sobre La musiquilla de las pobres esferas y señaló que su debilidad se halla en “cierto frecuente hermetismo de las imágenes y los significados”.

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