Culto
1983: la serie donde la Guerra Fría no terminó

1983: la serie donde la Guerra Fría no terminó

La primera producción polaca de un servicio de streaming aborda un mundo distópico donde el comunismo no se derrumbó en Europa del Este. Ha recibido reseñas diversas, mientras sus mentores subrayan los paralelos con la política actual.

La serie 1983 juega con los tiempos y se sitúa dos décadas más tarde, en 2003. Han transcurrido 20 años desde el atentado que impidió la liberación de Polonia de la Unión Soviética, lo que mantuvo sin cambios el orden y la legalidad impuesta por la “cortina de hierro” que separó a Europa en dos bloques. O sea, un mundo ficticio donde el telón de acero nunca cayó y donde Polonia sigue bajo el dominio comunista. Aquí, la Guerra Fría sigue presente.

Una trama establecida como guiño indisimulado a 1984, de George Orwell, y que ha provocado un amplio culto desde su estreno en Netflix en noviembre. En esa historia distópica, los personajes de Anatol Janów (Robert Więckiewicz) y Kajetan Skowron (Maciej Musiał), un experimentado policía y un estudiante de derecho, descubren la conspiración que modificó el destino de su nación. Una narración inspirada esencialmente por el ciberpunk de obras como Blade Runner, con las calles de Polonia con una estética azulada, en penumbras, con charcos de lluvia repartidos por todos lados, quizás como una forma de retratar el desamparo que viven los polacos al no poder zafar de su pasado más reciente.

Y todo en apenas ocho capítulos. Un viaje que parece breve, pero que se digiere a ritmo lento, según han apuntado diversas reseñas, aunque el guionista de la producción, Frank Marshall, lo define bajo otro concepto: “es un complejo proyecto de aventura, una historia de crimen y suspenso, con personajes fascinantes”. Después de todo, entre sus mentores hay pesos pesados, como la legendaria Agnieszka Holland, nacida en Varsovia y nominada al Oscar en 1990 por la cinta Europa Europa, que dirigió varios de sus episodios.

Parte de sus productores también son otro gancho. Marshall ha estado detrás de cintas como la saga Indiana Jones, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y Jurassic World, además de acumular cinco candidaturas a los Oscar. Lo mismo sucede con Robert Zotnowski y sus cinco nominaciones a los Emmy.

En la narración, el avezado agente Janów vive en primera persona los riesgos de buscar la verdad. Investiga el suicidio de unos jóvenes, pero duda de la veracidad de los hechos y mantiene su rol protagónico gracias al apoyo de sus superiores, enfrentado a los aparatos de seguridad del servicio secreto. Por su parte, Skowron es un idealista. Perdió a sus padres en un atentado en 1993 y creció bajo la crianza de su abuela, quien le inculca la ideología comunista. El joven abogado vive de los privilegios que el régimen le otorga, pero no percibe a cabalidad esas regalías.

También están la pareja de Kajetan, Karolina (Zofia Wichlacz), hija del ministro de economía; Ofelia (Michalina Olszanska), joven líder de la resistencia clandestina, que busca la caída del comunismo; el general Mikolaj Troyan (Wojciech Kalarus), encargado de la seguridad del régimen; y Bao Chun (Vu Le Hong), un vietnamita que se gana la vida traficando armas.

Pero más allá de su contenido ficticio y del nuevo planeta que propone, la producción ha llamado la atención por su origen: una serie polaca, la primera de amplia relevancia y gran escala en el streaming, lo que confirma además el crecimiento veloz del mercado europeo en el mercado televisivo. Otro dato se suma al escenario singular: el reparto es casi desconocido para la gran industria del otro lado del Atlántico.

Y por más que se trate de un universo de fantasía, de una realidad que finalmente no sucedió, sus mentores han trazado cierto paralelo con la coyuntura del siglo XXI: según han dicho, el autoritarismo es un fantasma que ha vuelto a la política global. “El mundo de la ficción está entrando en nuestra realidad, así que muchas cosas comienzan a convertirse en verdad, y ahí empiezo a tener miedo de los proyectos que estoy tomando”, comentó Agnieszka Holland a The Guardian a principios de diciembre pasado. Luego siguió: “Las verdaderas preguntas que se plantean aquí son: ‘¿tal vez estas personas son felices?’, ‘¿tal vez la libertad está sobrevalorada?’ Estos cuestionamientos son importantes para todos. Quizás las personas que se sienten perdidas quieren que alguien venga y les diga qué hacer. Tal vez nos enfrentamos a tantos desafíos, problemas y amenazas de la modernidad que no podemos soportarlo. Este es un problema en el Reino Unido, en Estados Unidos y en muchos países, no solo en los poscomunistas, como Polonia”.

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