Culto
El viejo y confiable HBO

El viejo y confiable HBO

HBO ya no es lo que era, en cuanto a poder y a impacto, pero dentro del casi inabordable océano actual de series, sigue siendo un canal por el que vale la pena apostar.

Antes del streaming, de que hubiera decenas de series estrenándose cada mes y de que las grandes estrellas, directores y guionistas quisieran hacer TV, la revolución de la pantalla chica empezó con HBO. Oz, Los Soprano, Six feet under y The wire fueron algunas de las producciones con que ese canal avisó que la tele podía ponerse a la altura del cine, y contar historias complejas, llenas de giros, y con el atractivo de ofrecer decenas de capítulos para ir explorando la trama y los personajes.

Hoy todo esto parece remitirse a los libros de historia, y HBO puede aparecer como un actor más dentro del creciente universo de opciones para ver buenas series. De hecho, uno de los recientes titulares del mundo del espectáculo fue que tras 17 años siendo la cadena con más nominaciones a los Emmy, el canal de cable había perdido su sitial: ahora fue Netflix la compañía líder en candidaturas. Meses después, cuando se entregaron los premios, ambas firmas empataron en el número de estatuillas.

Y es muy cierto: le salió gente al camino a HBO. No es sólo el streaming, sino que también otros canales, como AMC, Showtime (en EE.UU.) y FX. Pese a ello, y al momento de hacer las revisiones del año, hay que darle a HBO y sus series de 2019 el sitial que merecen. Si bien lanzan una fracción muy menor de contenido original en comparación con Netflix, sólo mirando la calidad, su curatoría y sus apuestas dan en el blanco en casi un 100% de los casos; algo que no se puede decir ni de cerca con el sitio de streaming.

En un año sin Game of thrones -que lanza en 2019 su temporada final-; ni Veep -que tenía a su protagonista, Julia Louis-Dreyfus recuperándose de un cáncer-; ni Big little lies -que en un principio sería una miniserie pero decidieron continuarla tras su éxito de 2017-, el canal entregó nuevas temporadas de otras historias, aunque quizás sin el mismo impacto, pero en ningún caso por falta de méritos.

Insecure, creada y protagonizada por Issa Rae, lleva tres ciclos sin bajar su calidad, afianzada en una cómica crudeza para contar la historia de una chica que no logra consolidar su vida personal y laboral. Es una comedia pequeña, con buena factura independiente, lo que también vale para Crashing, sobre un aspirante a cómico que a diferencia de sus colegas no le gusta decir garabatos ni insultar. De hecho, es religioso e inocente, lo que lo vuelve el centro de las burlas de todos quienes están a su alrededor.

Siguiendo con la comedia, HBO estrenó este año una de las mejores entre las nuevas: Barry, protagonizada por el ex Saturday night live Bill Hader, quien hace el improbable rol de un asesino a sueldo que intenta cambiar de rubro y ser actor. El absurdo de la trama se traspasa de manera brillante e hilarante a muchas de sus escenas.

Mientras, por el lado del drama, hay que olvidarse de Westworld y su segunda temporada, y recordar con más cariño a The deuce, la serie de David Simon (The wire) sobre la entonces naciente industria del porno en Nueva York en los 70. Este año, en su segundo ciclo, apostó por quitarle protagonismo a James Franco en su papel doble, interpretando a dos gemelos, para darle mayor peso al mucho más interesante rol de Maggie Gyllenhaal, una extrabajadora sexual que quiere hacer la primera porno artística.

Y si hablamos de estrenos en drama, asoma uno de los mejores del año: Succession, que realmente es mitad drama mitad comedia muy negra, y se arriesga con personajes despreciables; los miembros de un clan millonario que lucha por el poder dentro del negocio familiar. Con estos y otros títulos, se configura un escenario claro en este año que se va: HBO ya no es lo que era, en cuanto a poder y a impacto, pero dentro del casi inabordable océano actual de series, sigue siendo un canal por el que vale la pena apostar.

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