Culto
Amárrame, abrázame, escúchame

Amárrame, abrázame, escúchame

La figura de excepción, por cifras, logros y relevancia en el extranjero, fue Mon Laferte, que este año consolidó una carrera que ya se ubica entre las más brillantes de la música chilena en el extranjero, la que ha conseguido con identidad propia, picando cebolla, mostrando patria a quien la quiera escuchar.

Cambian la ubicación en el podio, pero no el mérito de ser las chilenas más escuchadas del año. Mon Laferte y Cami son los nombres de mayor presencia en el último informe radial encargado por la SCD y también en el promedio de Spotify, el más atendido de los portales de escucha legal vía streaming. Sin embargo, al contrastar las evaluaciones, se advierten variaciones dignas de atender, como que, por ejemplo, Santaferia y Moral Distraída son de los más oídos en la web, pero no aparecen entre los más programados en emisoras chilenas, donde a su vez y como segundo contraste, sí aparecen nombres como Noche de Brujas y Los Vásquez, prácticamente obviados en el reporte de Spotify. Son datos valiosos para observar el hábito de consumo del auditor de música chilena, pero también para medir el rendimiento de este mismo repertorio en un año marcado por definiciones de estilo y cierre de ciclos.

Durante los últimos 12 meses asistimos al término de un par de movimientos relevantes desde la segunda mitad de la década del 2000: el llamado “nuevo pop chileno” y la “nueva cumbia” decantaron en propuestas que distan mucho de su espíritu original. Para decirlo en simple, en 2018 Gepe volvió al folclor y el “Macha” Asenjo privilegió el Bloque Depresivo por sobre Chico Trujillo. Síntomas claros de géneros que fatigaron su material, tal como se aprecia en lo más reciente de Javiera Mena, quizás su disco menos valioso, o en las declaraciones de Juan Ayala, ex Juana Fe y que estuvo al frente de la renovación de la cumbia chilena, que terminó decretando el cierre creativo de un movimiento que cambió contenido político por la trajinada imaginería de “noche, fiesta y alcohol”.

Por eso a la hora del resumen, la lista se acota al mencionado Folclor imaginario de Gepe y a Latinoamericana, de Alex Anwandter, el último estilista de ese pop chileno que tan bien maquilló su cara en la década pasada. También entre lo más destacado, aunque todavía en crecimiento, celebradas fueron las irrupciones de Gianluca y Princesa Alba, renovadores de un pop ligado al trap, además de los estupendos registros de Chini & the Technicians (Arriba es abajo) y Niños del Cerro (Lance). Por otro lado está el rápido ascenso de Camila Gallardo, consolidada como la propuesta más concreta en un mundo tan lleno de promesas incumplidas como el de la balada y el pop radial.

Sin embargo, la figura de excepción, por cifras, logros y relevancia en el extranjero, fue Mon Laferte, que este año consolidó una carrera que ya se ubica entre las más brillantes de la música chilena en el extranjero, la que ha conseguido con identidad propia, picando cebolla, mostrando patria a quien la quiera escuchar.

Sobre el autor: