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Alessandro Baricco: “Leer clásicos es ante todo un placer, casi físico”

Alessandro Baricco: “Leer clásicos es ante todo un placer, casi físico”

A 10 años de su primera visita, el aplaudido escritor italiano, autor de Seda, regresa al país en enero, invitado por el ciclo La Ciudad y las Palabras de la UC y el Festival Santiago a Mil.

De su primera visita, recuerda algunos detalles. “¿Hace cuántos años fue? Muchos…”, dice. Alessandro Baricco (Turín, 1958) visitó el país en 2008 y, entre sus actividades, tuvo algunos encuentros con personalidades eminentes: visitó a la presidenta Michelle Bachelet en La Moneda, estuvo con Nicanor Parra en Las Cruces y asistió a la adaptación de su novela Sin Sangre por Teatro Cinema. Pero sus recuerdos más frescos eventualmente son otros: por ejemplo, que un dolor de oídos lo condujo a un hospital, donde “fueron muy amables y eficientes”. Recuerda también una visita al hipódromo, y una tarde de baile con el músico Goran Bregovic, invitado como él por el festival Stgo a Mil. “Esos son pequeños recuerdos. Lo grande, lo indeleble, es la noche con la Ilíada en el escenario, en la Plaza de La Moneda”, cuenta.

El aclamado autor de Seda, su novela más popular, hace referencia a la lectura dramatizada de Homero, Ilíada, dirigida por Héctor Noguera en la Plaza de la Constitución. A 10 años de ello, Baricco regresa al país en enero gracias a una alianza entre el seminario La Ciudad y las Palabras, del Doctorado en Arquitectura UC, y el festival Santiago a Mil, con el apoyo de la embajada de Italia y el Instituto Italiano de Cultura.

El martes 8 de enero, Baricco se presentará en el auditorio de la Facultad de Arquitectura UC (El Comendador 1916, Providencia), donde será entrevistado por Marco Antonio de la Parra. El autor de Océano mar inaugurará la temporada 2019 de La Ciudad y las Palabras, ciclo que este año tuvo entre sus invitados al escritor francés Philippe Claudel, el Nobel sudafricano JM Coetzee y el cineasta alemán Werner Herzog, entre otros.

Dos días más tarde, el jueves 10, Baricco ofrecerá una conferencia en torno a Alejandro Magno y la narración en el Teatro Municipal de Las Condes. Su charla se enmarca en lo que el escritor italiano ha llamado Mantova Lectures: charlas donde se presenta en soledad, con el apoyo de una pantalla gigante, y que suelen llenar teatros y grandes auditorios.

Sus lecturas siempre giran en torno a la narración, sus mecanismos y misterios; es una de sus pasiones. Licenciado en filosofía, hincha del club de fútbol Torino y amante de los buenos vinos, Baricco dirige desde 1994 la Escuela de Literatura Holden, cuyo nombre recuerda al protagonista de El guardián en el centeno de Salinger.

La presentación de Baricco es uno de los grandes espectáculos del Festival Santiago a Mil, presentado por la Fundación Teatro a Mil y BHP/Minera Escondida.

A poco más de dos semanas de su vuelta al país, el autor respondió preguntas a Culto por correo electrónico.

En Santiago ofrecerá una Mantova Lectures. ¿Cómo nacieron estas lecturas y cómo ha sido su experiencia con ellas?

Hace 20 años empecé a dar clases en un teatro, sobre diferentes temas, literatura, música, moda, todo. Luego poco a poco refiné las técnicas, las cambié, probé un poco de todo. Las conferencias de Mantova son lo último que creé: estoy allí solo, en el escenario, detrás de un largo escritorio. Tengo una gran pantalla detrás de mí. Empiezo a contar. Es como un viaje que atraviesa muchas cosas que conozco, que he estudiado o que he comprendido con el tiempo. Las mantiene unidas el hecho de que cada una continúa pronunciando un nombre determinado, a su manera, un nombre importante. Y yo trato de reconstruir ese nombre con ese viaje.

En Santiago brindará una lectura en torno a Alejandro Magno, ¿qué le atrae del personaje?

Bueno, él era un genio absoluto. Y su aventura continúa abarcando muchas enseñanzas. Las cuales todavía nos son útiles, hombres del 2000. Por ejemplo, fue un genio de la narración. Y en mi lección trato de explicar lo que él nos enseñó al respecto.

Ud. es un gran admirador del mundo clásico y un gran lector de los clásicos de la literatura. Para muchos, estos corresponden a lecturas que leyeron en algún momento por obligación (en la escuela o la universidad) más que por placer. ¿Cómo se plantea Ud. respecto de los clásicos? Con el tiempo, ¿ha cambiado su opinión de alguno de ellos? ¿Hay alguno cuya belleza o encanto le resulte esquivo?

Para mí, son particularmente difíciles de acercar las tragedias griegas. Sin mencionar las comedias, de las que me siento muy distante. El teatro, en definitiva: me cuesta entrar. En cuanto a los clásicos en general, creo que son ante todo un gran placer, casi físico. Es hermoso recorrer todo ese tiempo, hacia atrás, y una vez más alcanzar la voz de los hombres que vivieron hace tanto tiempo. Y escuchar aquella voz de las historias, o o de los nombres, que parecen ser mucho más fuerte que la nuestra.

Hace poco estuvo en Santiago el cineasta Werner Herzog, invitado al ciclo La Ciudad y las Palabras, y el gran consejo que le dio a sus admiradores y aspirantes a cineastas no fue ver cine, sino “leer, leer, leer”. ¿Qué consejo le daría a los aspirantes a escritores?

Ir al cine, ir al cine, ir al cine.

Usted fundó una escuela de escritura en Turín, llamada Holden, ¿cómo funciona? ¿Qué se requiere para ser escritor?

En verdad, es una escuela que enseña a narrar: no necesariamente a escribir, o escribir novelas. También aprendes a contar una empresa a través de las redes sociales, o a hacer películas o escribir series de televisión. Tenemos 350 alumnos. Es un lugar muy especial, con una energía muy fuerte. Es uno de esos lugares donde el mundo no puede morir.

¿De qué modo lo identifica la obra y el personaje de Salinger?

Bueno, es solo que él tenía una ligereza casi inalcanzable, cuando escribía. Y luego ha disfrutado desaparecer. A mí me gusta la ligereza y me gustan aquellos que desaparecen.

¿Qué otros autores han influido en su vida?

Cèline, Joseph Roth, Beppe Fenoglio, por nombrar solo tres. Del primero aprendí la libertad, del segundo la melancolía, del tercero a conocerme a mí mismo. Tres cosas que amo mucho.

Hace unos años era habitual ver gente leyendo libros en el metro o en el autobús, hoy es más frecuente ver personas mirando la pantalla de su teléfono. ¿Qué le dice esa imagen?

No creo que sea correcto. Los que ahora están con sus ojos en el teléfono inteligente antes no leían libros. Y aquellos que leen libros continúan haciéndolo incluso ahora, dándole cada tanto una mirada al teléfono inteligente.

The game

En 2006 Alessandro Baricco publicó un ensayo que dibujaba, con notable lucidez, el cambio que experimentaba el mundo. En Los bárbaros, el autor dio cuenta de la decadencia de la cultura occidental burguesa y el tránsito hacia una nueva sociedad, mutante, que experimentaba una transformación delineada por las nuevas tecnologías y el mundo digital.

Doce años más tarde, Baricco acaba de publicar en Italia The game, un ensayo que amplía y profundiza esas observaciones, en una época dominada por las redes sociales y el acceso a la información a través de Internet. Con las herramientas de un eximio contador de historias, Baricco relata la historia de este cambio cultural.

Ud. acaba de publicar un libro sobre el mundo digital, The game, ¿hasta qué punto la revolución digital está cambiando el mundo?

Yo diría que lo ha cambiado, ahora, y de una manera radical. Pero no debemos pensar que ha caído del cielo, o que es una calamidad a la que hemos sido condenados. La revolución digital es algo que hemos querido y que hemos realizado. Teníamos un propósito preciso y bastante visionario: cambiar el mundo para que ya no pudiéramos repetir la tragedia del siglo XX. Yo diría que hemos tenido éxito. El siglo XX murió para siempre.

Netflix le dio un nuevo auge a las series y para muchos estas constituyen la nueva novela contemporánea. ¿Está de acuerdo? ¿Ve series?

Sí, estoy bastante de acuerdo. Probablemente las series de televisión sean lo que en el 1800 fueron las novelas, tanto las de pacotilla como las de Balzac. En cuanto a mí, no, casi no los miro, pero no estoy orgulloso de eso, es mi límite. Es que tengo una vida cotidiana donde ese ritual no sé dónde ponerlo.

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