Culto
Recordando tu expresión: tras las huellas de Virus en Chile

Recordando tu expresión: tras las huellas de Virus en Chile

Era 1986 cuando por primera vez Virus pisaba suelo chileno. Fueron famosos y exitosos, aunque también incomprendidos por el conservadurismo nacional. Una de sus últimas presentaciones, de hecho, fue en Sábado Gigantes, con un heróico Federico Moura ante las cámaras, cinco meses antes de su muerte.

Era el 21 de diciembre de 1988 y tristemente se confirmaba un rumor que ya manejaba el periodismo y el circuito musical argentino: fallecía Federico Moura, cantante y líder del grupo Virus, producto de un paro cardio respiratorio debido al virus del Sida. Atrás quedaba una de las apuestas musicales de mayor vanguardia de América Latina donde la figura del extinto músico fue el catalizador de una estética que sólo fue posible debido al espíritu disruptivo y a una sensibilidad pocas veces vista en el llamado “rock latino” de los años ochenta.

Con una formación académica de tres años en Arquitectura, una militancia en el movimiento siloista, una fase importante de su vida dedicada al diseño de vestuario -tuvo una boutique en Buenos Aires, famosa por la música ambiente a cargo de Lou Reed, David Bowie y Pink Floyd, entre otros-, había tenido un pasado musical en bandas como Dulcemembriyo, Las Violetas y Marabunta, hasta que se trasladó a vivir a Río de Janeiro para vivir del diseño en cuero. Hasta allá llegaron sus hermanos Julio y Marcelo para convencerlo de que volviera a Buenos Aires a un nuevo proyecto musical. Federico aceptó y el resto es historia.


Wadu wadu para relajar

Con una propuesta musical que combinaba rock, new wave y letras irónicas, sus primeras producciones Wadu Wadu y Recrudece ya habían partido moviendo la escena trasandina, aún pegada -en general- a la crudeza del rock clásico y al depresivo clima de la Guerra de Malvinas y una dictadura militar con un triste saldo de 30 mil detenidos desaparecidos. Entre estos, el hermano político de los Moura, Jorge, militante de la ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y secuestrado en 1977. Un hecho del que los hermanos Moura guardaron un respetuoso silencio. Pese a ello, las primeras presentaciones de Virus, incluía además performance con bailarinas, mimos y transformistas. “La Fantasía” en tarima que siempre defendió Federico Moura.

Fue con “Agujero Interior” y, especialmente con “Relax”, cuando la banda comienza a vencer los prejuicios y ser aceptada como una propuesta innovadora. En “Relax” aparecen los primeros éxitos masivos como “Me puedo Programar” y “Amor Descartable” y ya se asomaba un inteligente uso de sintetizadores.

Se acercaba entonces el éxito rotundo del álbum Locura. Lanzado en 1985, el disco es prácticamente la síntesis de todos los éxitos de la banda. Con una carátula con una marcada estética pop, donde una persona besa en la mejilla a otra -ambos de apariencia andrógina-, el concepto del disco era el sexo. De forma evocadora, poética y gozosa, la producción cuenta con la celebración de la masturbación en “Una Luna de Miel en la Mano” -caramelo de miel entre tus manos/te prometo una cita ideal-, la urgencia del deseo en Pronta Entrega -sofocado por el sueño y presión / busco un cuerpo para amar- y el manifiesto del propio Federico Moura en Sin Disfraz, respuesta poética a uno de los gerentes del sello CBS que le sugirió al cantante esforzarse en ocultar su homosexualidad en función del arrastre que el frontman tenía en el público femenino, un vínculo más comercial a ojos de la casa discográfica. “Fue ayer, persiste el olor de esa piel, morena y sensual, perfumada… Por cierto, “Locura” fue el punto alto de las cuidadas letras que la banda -particularmente Federico- hacía en conjunto con Roberto Jacoby, sociólogo formado en el Instituto di Tella.

El disco es el más exitoso de la banda con la venta de 200 mil copas -como referencia, Relax vendió 40.000 y ya se consideraba un logro comercial-, lo que sirvió de plataforma para la internacionalización de la banda.

En este contexto, Chile fue el destino privilegiado de Virus.


“Los directivos no entienden las letras”

“El virus que les quiero presentar es un virus musical, contagioso y corresponde a esta nueva onda, a la onda del rock argentino. Vamos a comenzar nuestro Martes 13 de esta noche entregándoles nuestro aplauso a los integrantes de este exitoso grupo argentino que es el grupo Virus”.

Esta fue la presentación de César Antonio Santis en el estelar de Canal 13, programa que solía contar con presentaciones de las bandas y cantantes del momento. Así que una vez que se alzó el telón, aparecía la banda liderada por un Federico Moura cantanto el hit del momento, “Una Luna de Miel en la Mano”, atrapando al público y a los televidentes con sus elegantes movimientos de caderas. Le siguieron “Imágenes Paganas” y “Un Destino Circular”. Un show televisivo que, años después, Marcelo Moura -teclados- recordaría ese momento por un accidente: un escenario movedizo que le hizo botar sus sintetizadores.

Eran los años donde la bebida cola nacional Free, organizó una serie de recitales con bandas de rock argentino: Free Concert. El primero fue Charly García, le seguirían Soda Stereo, GIT y Virus. La banda de los Moura se presentó en el entonces Estadio Chile -actual Víctor Jara-, sumando fechas en otras localidades del país. Fueron en esos días que Virus grabó el clip de “Imágenes Paganas” -canción grabada en EE.UU. e incluida en el disco Virus Vivo– con locaciones en medio de su gira por Chile.

La banda conectaba con las necesidades de la juventud de la época, pese a la distancia que provocaba en una sociedad conservadora como la nuestra. “Chile es un país más ortodoxo y el poder que ejerce la iglesia es tremendo. Aparecimos como un grupo de degenerados, éramos la imagen del pecado. Recuerdo el titular de un diario que decía: ‘¿Te casarías con un Virus?’ “, rememora Marcelo Moura en su libro Virus (Planeta)

Por cierto, el arte poética de sus letras recibieron una sutil censura, básicamente por incomprensión. “Recuerdo que estábamos por tocar en el programa más exitoso del momento y se nos acercó un tipo y nos dijo : ‘Tienen que tocar tres temas. ¿Cuáles son?’. Le dijimos los que habíamos elegido y nos pidió las letras. Al rato volvió y nos dijo : ‘Estas dos no la pueden tocar (…) los directivos que leyeron las letras no entienden lo que quieren decir’. Claro, una metáfora podía ocultar un mensaje diabólico, así de cerrado era el panorama”, agrega el texto.

Por la época, Federico Moura también acusaba recibo de la recepción que tenían en Chile. “Noto en Chile una situación muy buena para nosotros, con éxitos y buenos rankings, y eso hace que las cosas sean más fáciles y más difíciles en cuanto a la responsabilidad”, decía el músico a TVN, enfatizando el profesionalismo que incluso traía fricciones al interior de la banda. De hecho, una de las constantes diferencias de Federico y sus hermanos era su incomprensión de que el resto de la banda tuvieran parejas. “Dejás de laburar por un par de tetas”, le lanzó Federico a Marcelo, según cuenta este en su libro de memorias.


Cuenta regresiva en Sábado Gigantes

Debido al éxito de Locura, Virus siguió de gira por Perú y Paraguay y más fechas en Argentina. La banda se preparaba entonces para grabar el siguiente disco, Superficies de Placer el que, debido al trajín y demanda del éxito, decidieron grabarlo en una suerte de retiro dorado en Río de Janeiro. Fue así que llegaron a los estudios de Som Livre -lugar donde pasaron prácticamente todas las estrellas de la Música Popular Brasilera- , alternando con momentos de relajo en las paradisiacas playas de Copacabana, Ipanema y Leblon.

Lo que era el mejor momento de la banda, se empañó por una rebelde gripe que rápidamente derivó en neumonía. Por entonces, la banda tuvo un encuentro fortuito con Charly García y su mujer de entonces, Zoca, quien sugirió que Federico Moura debía hacerse las pruebas de VIH. Accedieron. Marcelo Moura fue el encargado de ir a buscar los resultados. “La sangre se me congeló al ver el resultado positivo. En el año 1987, estar infectado con el virus del SIDA era una muerte inapelable”, escribió Marcelo Moura en su libro. Federico Moura se lo tomó con aparente tranquilidad que, a la sazón, era heroicismo puro.

Entonces las composiciones del disco reflejaron el clima de despedida de un final inminente. A los singles “oreja” de Mirada Speed y Polvos de una Relación, el disco contiene dos despedidas. Una de ellas fue “Encuentro en el Río Musical” -que contó con un video clip financiado por un concurso de Coca Cola- y la intimista “Rumbos Secretos”:

Voy a recorrer
Un mundo incierto
Recostado en mis sueños
Con el alma
Descubierta
Explorar
Rumbos secretos.

Pese a que cierta prensa argentina catalogó el disco como “lánguido”, Superficies de Placer fue Disco de Oro en Argentina con 30 mil copias vendidas. Ese año tuvieron dos presentaciones en el estadio Obras Sanitarias donde Federico Moura ya se veía, al menos, desganado, hecho que los medios no dudaron en destacar.

Así y todo, Federico Moura, consciente de su cuenta regresiva, siguió yendo a estelares televisivos a promocionar el disco. Así, Virus llegó al programa programa “Sábado Gigantes” en el mes de julio de 1988, cinco meses antes de su muerte. A esas alturas, los conceptos utilizados por Mario Kreutzberger parecían una mala broma: “Juventud, fuerza, ritmo y alegría. ¡Desde Argentina el grupo Virus!”, lanzó Don Francisco con su otrora voz estentórea. La banda abrió con “Una Luna de Miel en la Mano y, entre otras canciones, interpretaron -con play back, con la voz de Moura cantando por encima- “Ausencia” y “Encuentro en el Río Musical” del álbum en promoción.

La apariencia de Moura, sin embargo, era inquietante; un rostro demacrado junto a agónicos intentos de baile que, en su momento de gloria, lo inmortalizaron por su garbo y soltura.

Esta aparición llamó la atención aguda del escritor Pedro Lemebel. En su libro Loco Afán. Crónicas de Sidario, el cronista apuntó sin contemplaciones: “Federico se mantuvo en el escenario casi hasta último minuto. A Chile vino poco antes de morir y fue casi teatral su montaje homo-sida-rock que se vio en la pantalla. Delgado y lineal, como un espíritu que parte, apenas balanceado, como una flama que zizaguea antes de apagarse. Parecía la escenificación de un chiste cruel, una balada de réquiem para el rock homosexual”, dice un extracto de su crónica Biblia Rosa y Sin Estrellas (La balada del rock homosexual)

Dicen que esa fue su última presentación en público. Luego, su mal estado lo recluyó su departamento de San Telmo donde la muerte lo encontró un 21 de diciembre de 1988. Virus y su líder, quienes fueron criticados por su desparpajo y su sentido performático a inicios de los ochenta, ahora contaba con el respeto del medio musical. Prueba de ello fue el pacto de silencio concordado por los periodistas de música en Argentina, tal como se relató en una columna publicada en el diario Página/12 al día siguiente de su muerte: “En honor a la estética personal que siempre caracterizó a Federico, algunos periodistas que sabíamos hace tres o cuatro meses que estaba condenado a muerte, nos organizamos en una conspiración de silencio, y quizás también de esperanza en un milagro de esos que rara vez se producen (…) Nos unió la solidaridad hacia alguien que respetamos profundamente”, reveló la periodista Gabriel Borgna.

Terminaba entonces el sugerente arte de ese ser alado llamado Federico Moura, con su voz masculina a la vez que delicada, sus pasos de baile cortos y gráciles, su hedonismo infiltrado en metáforas impresionistas, su abierta rebeldía a todo lo que fuera represión y tedio, como lo muestra una de sus tantas reflexiones de alto vuelo intelectual:

“El rock es revolucionario porque se trata, en gran medida, de romper estructuras. O sea, la parte revolucionaria en que todo el rock en sí es diferente, y va más allá de lo político, porque es revolucionario en cuanto a forma de vida”, decía en una entrevista alquien que a los 37 años había muerto en su ley.

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