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Las mejores películas de 2018

Las mejores películas de 2018

Original y sugestiva en el retrato de una relación maldita, El hilo fantasma no ha perdido ni una gota de su caudal seductor. Doce críticos eligieron a la película de Paul Thomas Anderson como la mejor del año, seguida de Graduación, Zama y El infiltrado del KKKlan.

Graduación

Esta película ganó el premio a Mejor Director en el Festival de Cannes 2016, pero a Chile llegó recién en mayo. Magnífica y sombría, Graduación es de Cristian Mungiu, el más conocido de los talentosos cineastas rumanos, gente capaz de hacer dramas avasalladores con los problemas de cualquier mortal. La historia transcurre en la ciudad de Cluj-Napoca, la urbe más importante de Transilvania, romántica, onírica y boscosa tierra del Conde Drácula. El dato es surrealista y cruel, pues la vida de su protagonista es común, gris, chata, concreta y humana, demasiado humana. Cuando su hija está a punto de fracasar en los exámenes que le permitirán una vida universitaria ideal en Londres, Romeo Aldea (Adrian Titieni) decide por una vez en su vida jugar sucio y sobornar a las autoridades locales.


El infiltrado del KKKlan

El detective Ron Stallworth (John David Washington, hijo de Denzel) cree que desde el departamento de policía de Colorado Springs se puede dar un golpe al Ku Klux Klan. Sólo necesita un teléfono, un compañero con cierto gusto por el riesgo, y algo de suerte. Juntos se infiltrarán en el movimiento supremacista blanco cuyo máximo líder es David Duke (Topher Grace), tramposo y cerril político de Luisiana que está de gira nacional y pasa por la ciudad. Al mismo tiempo, Stallworth mantiene relaciones con una activista por los derechos civiles (Laura Harrier) a la que le oculta su condición de policía. Vociferante, desbordada, directa, nada sutil, pero efectiva como pocas de sus obras, El infiltrado del KKKlan es una sacudida de conciencia en cámara rápida. Es la mejor película de Spike Lee desde La hora 25 (2002) y demuestra que las proclamas más militantes también pueden tener sentido del humor.


Zama

La directora argentina Lucrecia Martel (1966) estuvo una década sin estrenar películas, ocupada en una inconducente adaptación de la clásica historieta El eternauta, de H.G. Oesterheld, y luego haciéndole frente a una grave enfermedad. El agua no pasó en vano bajo el puente y las ordalías laborales y personales desembocaron en una de sus mejores películas, Zama. La vida es demasiado poco atractiva para Don Diego de Zama, un burócrata de la Corona española que a fines del siglo XVIII quiere largarse de Asunción, una ciudad provincial sin futuro, de acuerdo con sus expectativas. Zama espera y espera, los gobernadores se suceden uno tras otro. Zama sigue ahí, haciendo méritos sin recompensa y parece finalmente entender que sólo en sus manos está torcer el destino.


La telenovela errante

Hace un mes Netflix estrenó The other side of the wind, película que Orson Welles filmo en los años 70 y que jamás conoció la soledad y el orden de la sala de montaje. Permaneció, por lo tanto, cuatro décadas en el limbo de los grandes largometrajes nunca jamás editados hasta su resurrección a manos del gigante del streaming. No es que aquel territorio tenga muchos habitantes, pero por ahí también deambulaba La telenovela errante, la primera cinta que Raúl Ruiz rodó en Chile tras el retorno de la democracia. Todo transcurre en el año 1990, cuando Francisco Reyes, Luis Alarcón, Mario Lorca y Mauricio Pesutic se preguntan qué diablos hace un turco en una teleserie o se definen como socialistas conciliadores y en la medida de lo posible. Como pasa en todas las obras del cineasta puertomontino, no tiene sentido buscar explicaciones al pie de la letra, sino que es mejor dejarse llevar por la locura de su riesgo. La película, montada y terminada por Valeria Sarmiento, es feroz, divertida, desquiciada y profética.


El hilo fantasma

La preferencia por la película de Paul Thomas Anderson es un caso similar a la elección de Silencio, de Scorsese, como el mejor filme de 2017 por los críticos convocados por Culto. Fue ignorada por la Academia de Hollywood (bueno, ganó Mejor Vestuario, pero perdió en Película y Director) y significó un cambio de dirección en lo que sus autores venían haciendo. P.T. Anderson viene sosteniendo la nota alta desde The master (2012) y filma cada vez mejor. Esta vez sigue a todas partes a Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis), un diseñador de alta costura que no sabe vivir si es que no trabaja. Un tipo perfeccionista, por decir lo menos, que tiene la mala fortuna de enamorarse y, por lo tanto, de distraerse de su absorbente oficio. Son los años 50, es Londres y el perfume de los tiempos es el del amor maldito.


El Proyecto Florida

Emblema del nuevo cine indie, el guionista y director neoyorquino Sean Baker se llenó de elogios tras rodar con un iPhone Tangerine (2015), sobre dos prostitutas transgénero en Los Angeles. Su siguiente largo, que le valió a Willem Dafoe una nominación al Oscar y a los Globos de Oro, se instala en localidades como Orlando y Kissimee, en el estado de Florida, en conjuntos de pequeños departamentos. Pueblan su intriga unos niños entregados al juego, a la fantasía y a la amistad, mientras la madre de una de ellos se las ingenia para llevar el pan a la mesa, incluso cuando eso supone recurrir a la prostitución. En el entendido de que los niños son ellos mismos, antes que actores encarnando un rol, El Proyecto Florida es capaz de obrar pequeños milagros interpretativos y estilísticos. Capaz de mostrarse descriptiva u observadora de un mundo precario, sus últimos planos son capaces de enternecer al más duro.


El primer hombre en la Luna

Aunque no puede sino calificar entre las grandes hazañas de la especie humana, el viaje a la Luna que comandó Neil Armstrong no había recibido aún el tratamiento hollywoodense. Este último llegó de la mano de Damien Chazelle, el premiado realizador de La La Land, quien se asoció nuevamente con Ryan Gosling para armar una película cuyo productor ejecutivo fue Steven Spielberg. En varios sentidos, este largo sigue patrones clásicos que pueden recordar filmes como Los elegidos de la gloria o Jinetes del espacio. Sin embargo, lo que la distingue, además de la precisión y las audacias de la puesta en escena, es el rictus sufrido de Armstrong/Gosling: un hombre que no supera la muerte de su hija de dos años, y que parece siempre al borde de la suya propia.


Isla de perros

Bienvenidos al mundo de los perros olvidados, deshilachados y enfermos de la isla de Basura, lugar de prisión y destierro según lo decretado por el alcalde Kobayashi, severo político amante de los gatos y del orden. A la isla llega Atari Kobayashi, el sobrino huérfano del alcalde y amo de Spots, un perro blanco y negro al que le tocó ya la hora del exilio. Lo que sigue es la búsqueda de Spots, pero en un plano cada vez más relevante brillará la historia de cinco perros de diferente pelaje, calaña, carácter y cuna, unidos por la urgencia y la necesidad. Realizada con una esplendorosa animación en stop-motion, este fue un hermoso regalo de Navidad a mitad de año. De esas películas que las distribuidoras suelen desechar por escaso voltaje comercial, pero que sólo en la pantalla grande encienden todas sus luces.


The disaster artist

Estrenada en 2003 y dirigida por el extrañísimo Tommy Wiseau, The room es una película mal actuada, mal escrita y peor dirigida, que en su minuto pareció deplazar a Plan 9 del espacio exterior como la peor de todos los tiempos. Un libro escrito a este respecto por Greg Sestero, actor de The room y amigo de Tommy Wiseau, fue el origen de un nuevo largometraje dirigido por el actor James Franco. Más allá de las inevitables comparaciones con Ed Wood, la oscarizada creación de Tim Burton, este filme sigue sus propias pautas para imponer humor, drama y compasión en un relato que necesariamente se pregunta por el arte, la impostura y la carencia absoluta de talento. Un punto para Franco, quien se llevó un Globo de Oro por su papel como el infame Wiseau.


La casa lobo

La Colonia Dignidad no ha dejado de ser tema para el cine (La Colonia, de Orlando Lübbert; Colonia, de Florian Gallenberger), aunque en este caso “se fue colando lentamente en la película”. Así lo plantea Joaquín Cociña, quien, junto a Cristóbal León, llevó a puerto tras largo proceso este filme de animación stop-motion. Premiada en la última Berlinale, esta cinta local ocupó el método del juego de roles, imaginando una película que el propio Paul Schaeffer habría dirigido si hubiese sido un Walt Disney latinoamericano. De ahí, también, se sigue que lugares y objetos reales -una cama, una lámpara- se mezclen con materiales como masking tape, papel de diario, cartón, cinta plástica, carbón, pintura látex y acrílica. Una cinta escabrosa y distinta de todo lo hecho en torno a una temática que no deja de volver.


Votaron

Ernesto Ayala (Artes y Letras), Ascanio Cavallo (El Sábado), Rodrigo González (La Tercera), Pablo Marín (La Tercera), René Martín (La Tercera), Marcelo Morales (Cinechile), Andrés Nazarala (La Segunda), Iván Pinto (El Agente), Isabel Plant (Radio Pauta), Christian Ramírez (Artes y Letras), Lya Rosén (Finde) y Héctor Soto (La Tercera).

Sobre el autor:

Rodrigo González |
Sub-editor de Cultura de La Tercera.