Culto
Matt Dillon: “Muchas veces me pregunté por qué estaba haciendo esta película”

Matt Dillon: “Muchas veces me pregunté por qué estaba haciendo esta película”

El actor de La ley de la calle y Loco por Mary se introdujo en la piel de un asesino de mujeres en La casa que Jack construyó, la recién estrenada cinta de Lars von Trier.

El actor neoyorquino Matt Dillon (1964) empezó tan arriba en el cine que cualquier intento por superar sus precoces metas han tenido el sabor de la proeza inconclusa. A los 18 años protagonizó por partida doble las películas The outsiders (1983) y La ley de la calle (1983), dos muy personales filmes de Francis Ford Coppola. En el primero daban sus pasos iniciales Tom Cruise y Patrick Swayze, mientras que en el segundo recién aleteaban Mickey Rourke y Nicolas Cage. En ambos, además, estaba Diane Lane, otra actriz que también partió sembrando grandes expectativas.

A los 54 años y tras haber dado una y otra vez la vuelta al mundo de las grandes comedias de Hollywood (Loco por Mary, 1998) y del cine independiente (Drugstore cowboy, 1989), el actor nominado al Oscar por Crash (2004) parece estar saliéndose de las coordenadas artísticas y hasta geográficas que lo definieron por casi tres décadas. Este año actuó en Próxima, de la joven y elogiada directora francesa Alice Winocour, dirigió un documental sobre el veterano músico cubano Francisco Fellove y protagonizó La casa que Jack construyó, la nueva película del provocador cineasta danés Lars von Trier (1956).

La cinta, que se exhibe desde el jueves en salas chilenas, entra hoy a los cines de Estados Unidos no sin antes haber prologado su llegada con una buena dosis de pequeños escándalos concernientes a su violencia. Antes de arribar a América, La casa que Jack construyó se exhibió en el Festival de Cannes, donde un porcentaje del público la aplaudió y vitoreó y otra parte simplemente abandonó la sala, alarmada y perturbada por las escenas de mutilaciones, matanzas, maltrato animal y golpizas múltiples.

La razón de aquellos traumáticos pasajes está en la naturaleza de su protagonista: Jack, que es interprerado por Matt Dillon, es una asesino serial de mujeres. Escucha a Bach interpretado por Glenn Gould, mantiene soliloquios sobre el poeta y pintor William Blake, pero es un bruto sin remedio en el trato con el sexo opuesto. Sus ambiciones en su oficio de arquitecto parecen frustradas y no encuentra mejor desahogo que elaborar un plan cronológico de asesinatos que sea algo así como una obra maestra en el “arte de matar”.

“Creo que la película no habla sólo de un asesino a secas. Fundamentalmente se refiere a un tipo que es un artista frustrado”, explica Matt Dillon al teléfono sobre la cinta del realizador de Bailarina en la oscuridad (2000). “Es un tipo sin empatía alguna, incapaz de crear con éxito, pero apto en todo caso para matar sin remordimientos. Nada lo detiene”, agrega Dillon, que estuvo en agosto del 2017 en Chile en el Festival Sanfic.

“Fue una gran experiencia. El Festival era fantástico, pero además me gustó mucho el barrio Franklin y me acuerdo que me causó una gran impresión el Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos. Y, por supuesto, estuve en Valparaíso, una gran ciudad”, recuerda.

Los hechos de La casa que Jack construyó ocurren en un frío y boscoso pueblo del noroeste de Estados Unidos. El misógino Jack está casado y tiene hijos, pero la vida familiar le cansa al punto de que decide dar un cambio y empezar a armar su gran creación delictual. Como conejillos de Indias elige a los miembros de su familia y practica el tiro con ellos.

¿Cómo Lars von Trier lo convenció de interpretar a este personaje?

-Creo que lo primordial fue que él nos dijo que se haría responsable de toda la película. Eso es importante, porque hay responsabilidades en este filme en particular que no me gustaría asumir a mí. Por otro lado, como actor siempre tuve claro que estaba interpretando a un personaje. Estamos hablando de un hombre sin cualidades afectivas. Tuve que eliminar toda la empatía que normalmente siento para transformarme en Jack. El tipo es un continuo tormento de las mujeres y se ensaña con algunas en particular, sobre todo con la chica que interpreta la actriz Riley Keough. Lo duro de esto es que no hay en mí nada remotamente cercano al afán de bullying de Jack. Fue difícil.

¿Cómo fue la experiencia en el rodaje?

-Muchas veces me pregunté por qué estaba rodando esta película. En más de una oportunidad pensé que no debería haberlo hecho. Y eso no tiene nada que ver con el director, porque justamente la razón por la que acepté es por mi admiración hacia Lars von Trier, un cineasta con una visión que no transa por nada. Un artista. Mis reparos tenían que ver con la naturaleza del personaje que interpreto.

El realizador también es conocido por su sentido del humor…

-Sí, una vez me dijo: “Creo que Jack es el personaje al que me siento más cercano en mi vida, con la excepción de que yo no mato gente”. Aún así, creo que el filme es de cierta manera es autobiográfico para él.

¿Qué le sorprendió del estilo de trabajo del realizador?

-El rodaje fue totalmente diferente a lo que he hecho antes en mi vida. Casi paradójico. Por ejemplo, nunca ensayamos ninguna escena. Decidimos hacer un pacto tácito con Lars y filmamos a la primera vez, sin ensayos. Sabíamos que estábamos expuestos al fracaso, pero por otro lado teníamos la confianza suficiente como para aprender de cualquier error y sobreponernos. Para los actores, fue muy importante que él nos permitiera total libertad a la hora de introducirnos en nuestros personajes. Es la única manera de llegar a lugares donde nunca has estado antes y es como puedo distinguir a un buen director de otro sólo normal. Sentí lo mismo con Gus Van Sant y con Francis Ford Coppola.

¿Qué temores tenía antes de filmar?

-Mi principal temor era llegar a no querer verme en pantalla interpretando a Jack. Los asesinos seriales no son precisamente mi principal interés en la vida, pero antes de empezar hice una pequeña investigación al respecto. Me sorprendí de lo mucho que hay en la web, pero también de una buena cantidad de libros al respecto, entre ellos uno que se llama 50 American Serial Killers You’ve Probably Never Heard Of, que tiene seis volúmenes. Es decir, ¡300 asesinos!

¿Qué le parece que en Estados Unidos la película se estrene en una versión reducida?

-No tengo problemas con eso. La versión original quizás tiene detalles más sangrientos, pero en este caso Lars eliminó algunas escenas para cumplir con los estándares de la oficina de censura en EEUU y emitir publicidad por televisión. Pero no es una versión sustancialmente diferente a la original. No estamos hablando de media hora menos ni nada de ese tipo. No es, por dar un caso, lo que tuvo que hacer Michael Cimino con La puerta del cielo (1980).

¿Qué opina de que algunos miembros del público en Cannes hayan abandonado la sala?

-Las películas están hechas para provocar sensaciones: felicidad, tristeza, terror. Obviamente Lars von Trier quería provocar con este largometraje y no me parece que haya nada malo en eso. Igualmente entiendo que alguien se sienta mal en ciertas escenas, pues es una reacción normal de cualquier ser humano. Yo mismo me sentí mal en algunas partes. Pero si vas a criticar la obra entera creo que debes al menos quedarte hasta el final de la película y darte cuenta de que hay un desenlace bastante moral. Muchas cosas se entienden a partir de ahí. Ahora bien, lo que no entiendo es a alguien que critique la violencia de La casa que Jack construyó, pero no sienta nada con los perturbadores hechos que ve a diario en televisión y que son reales. Al menos lo nuestro fue ficción, fue creado. Y puedo asegurar que fue un rodaje totalmente agradable. Nadie salió herido ni nada por el estilo.

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