Culto
Jani Dueñas: la elegida

Jani Dueñas: la elegida

Me enorgullece que mi Jani sea la única mujer que brille entre cinco huevones, pero me enorgullece el triple que sea la única mujer que ha hecho, en vez de una carrera, una comunidad.

La Alejandra Selma Dueñas Santander ha sido mi mejor amiga, mi mentora y mi compañera de comedia hace 8 años y sin ella seguramente no me dedicaría a lo que me dedico. En cierto sentido, le debo todo. No se puede llevar todo el crédito, porque es verdad que me decidí a hacer esto antes de conocerla, pero caerle bien fue mi puerta de entrada.

Partimos haciendo un show en el segundo piso del hoy extinto Cachafaz de Guardia Vieja, y nuestro público fluctuaba entre las 7 y 15 personas. Y peor, muchas veces eran señores viejos que se quedaban en el hotel de la esquina que ni siquiera hablaban español, pero las escorts los traían porque nos encontraban simpáticas. Cuando no funcionaba un chiste -que en ese entonces era común- no sólo te castigaba el silencio del público, sino que también se escuchaba el tango de las clases de baile en el primer piso. Nuestro camarín era una bodega y nos maquillábamos sentadas en barriles de cerveza vacíos. Era maravilloso.

En ese entonces la Jani tenía la edad que tengo yo ahora mientras escribo esto.

Ayer, la Virginia Reginato confirmó a la Jani como humorista en el Festival de Viña, escenario que a pesar de todas las mujeres maravillosas que lo han pisado no deja de ser un foco de constante tensión -tan desagradable- que se empieza a sentir como en septiembre, y que viene en la forma de un murmullo (“¿A qué mina irán a llevar este año?”). Entonces, la grandilocuencia de todos los medios pueden hacer parecer que la cuestión es como un premio, una consagración, o como si la fueran a ungir reina de todas las cosas, pero la comedia no es una carrera por ser la elegida necesariamente. Por eso para mí el verdadero legado de la Jani ya existe y soy yo. Y es también la Paloma Elgueta, la Susana Opazo, la Cynthia Gallardo y la Josefina Nast, y consiste básicamente en que ya ninguna está en una bodega del segundo piso de un club de tango. Y obvio que si es por elegir me enorgullece que mi Jani sea la única mujer que brille entre cinco huevones, pero me enorgullece el triple que sea la única mujer que ha hecho, en vez de una carrera, una comunidad.

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