No es país para viejos

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Un espectáculo íntimo, contenido, poético y fragmentario.


Una procesión donde el paso del tiempo asume distintas formas. Un mar de luces y sombras. Una constelación de micro historias desorganizadas.

Es tan lindo saber que usted existe aborda la relación entre cuerpo y vejez. Pienso en el tabú del deterioro, esos desgastes tan retratados por el pintor realista Lucian Freud.

Cinco intérpretes en fuga deambulan por 45 minutos en torrentes de movimiento y revelan la experiencia que se ha quedado en los cuerpos de cada uno. Allí aparecen texturas, memorias, gritos y susurros, la búsqueda del amor. Las bailarinas Paulina Mellado y Francisca Sazié son las figuras centrales y aportan un nivel de energía y virtuosismo admirable. Rotundas y magnéticas, sus vertiginosos movimientos están afinados y pulidos con alta precisión. Luchan contra la gravedad y sus vestuarios que parecen protuberancias, mientras buscan un poco de cariño, algo de ternura, un lugar donde refugiarse al borde del precipicio. Francisca Sazié hasta usa un pasamontañas.

Raúl López, de un pelo blanco que recuerda el color de las largas barbas de Clotario Blest, se desviste y se hunde en un punto ciego, un tiempo líquido esculpido por un haz de luz. Los actores Rodrigo Pérez y Manuel Peña ponen el cuerpo y la voz al servicio de la representación. Se exponen vestidos con una malla, un pesado abrigo de piel que parece un oso y un espejeante chaleco dorado. La incerteza se lo traga todo.

Buena parte del montaje se apoya en el diseño de Cristian Reyes, la iluminación de Rodrigo Leal y la música de Miguel Miranda. Predomina una cuidada estética y una mirada reflexiva. El director Sebastián de la Cuesta despoja la sala B1 del GAM. No hay nada más bello que el horror del vacío.

Proyecciones en blanco y negro un tanto anodinas sirven a los bailarines para enmarcar las escenas. Dos rayos de luz sobre una capa de humo crean logradas profundidades: como un gran pozo de agua donde el elenco se va hundiendo. Seis violinistas y dos violonchelistas asisten a la función a la manera de testigos detrás de grandes pantallas, lienzos provisionales que se levantan. El espectador debe completar en su cabeza el conjunto.

Celebro esta puesta en escena polifónica y habitada por una atmósfera onírica, un espacio físico pero también mental. Una obra de danza o teatro no alcanza a narrar las atrocidades sufridas por la tercera edad, considerados un estorbo o un despojo no productivo. La violencia a la que es sometido el adulto mayor en el neoliberalismo es indecible, no se puede retratar mediante formas tradicionales de relato y esta pieza recurre a otros lenguajes, al patchwork y una visualidad que conecta más con algún lado del inconsciente que con la razón. Sólo pensar en el modelo de pensiones chileno, las listas de espera en la salud pública o los precios de los medicamentos en un país que envejece conforman una pesadilla de una vulnerabilidad inaguantable.

Es tan lindo saber que usted existe

GAM. Alameda 227. Ju. a do. 20 h.$5.000 general, $3.000 estudiantes y Tercera edad.

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