Culto
Cuando Vinicius de Moraes moría de saudade por su amigo Tom Jobim

Cuando Vinicius de Moraes moría de saudade por su amigo Tom Jobim

Distanciados por sus proyectos musicales, principalmente por la estadía de Jobim en EE-UU., el poeta de la bossa nova compuso una nostálgica canción dedicada a su insigne colaborador.

Comenzaba los años setenta y Vinicius de Moraes vivía el que probablemente fue el mejor momento de su carrera musical. Luego de haber sido expulsado del servicio diplomático brasilero en 1968 por una purga de la dictadura militar, el poeta se entregó por completo a la vida bohemia de un rockstar: conciertos, giras, farras memorables repletas de lo que De Moraes llamaba los “elementos esenciales”: whisky y mujeres bonitas.

Junto a ello, además, se había sumado a su creación artística su colaborador de más larga data, un joven paulista llamado Antônio Pecci Filho, mundialmente conocido como Toquinho. Ambos musicalizaron clásicos del cancionero de Vinicius de Mores como “Tarde em Itapoã”, “Escravo da Alegria”, “Cotidiano N-2”, “Sei Lá A Vida Tem Sempre Razão”, entre otros. Con Toquinho, de hecho, junto a otros jóvenes como las cantantes María Creuza y María Bethania, hizo exitosas giras por Argentina y Uruguay, época donde quedaron registrados los “cafe concert” en el extinto bar La Fusa de Buenos Aires.

Por entonces O Poetinha, se acercaba a los sesenta años y se encontraba casado con una misteriosa y exhuberante bahiana llamada Gessy Gesse, con quien lo distanciaba casi 25 años de diferencia y que incentivara una revolución espiritual que llevara al artista a iniciarse en el credo afrobrasilero del candomblé.

En suma, el viento soplaba a favor de uno de los artistas canónicos de Brasil. Sin embargo, por más que De Moraes se declarara un “esclavo de la alegría”, el hombre padecía ese estado poético de la saudade, ese sentimiento que, en esencia, es nostalgia, pero también un estado de melancolía. Quienes compartieron y trabajaron con el poeta subrayan que el vate vivía intensamente las relaciones humanas, particularmente la amistad.

Sólo así se entiende que Vinicius de Moraes compusiera una canción en base a echar de menos a un amigo, un parceiro fundamental en su carrera artística. Tras muchos años de distancia, Vininha tomó el lápiz y junto a Toquinho compusieron “Carta ao Tom 74”. El tema parte por recordar la dirección de la casa de Jobim donde compusieron algunos de los hitos del bossa nova incluidos en el disco Cancão de Amor Demais de Elizeth Cardoso. También tiene un cierto tono de semblanza de un Río de Janeiro aun provinciano que, a la sazón, ya había dejado de existir.

Calle Nascimento Silva 107
Usted enseñando a Elizeth
Las canciones de Canción de Amor Demás
Recuerdas que tiempo feliz, ay que nostalgia
Ipanema era sólo felicidad
Era como si el amor doliese en paz
Nuestra famosa garota ni sabía
a qué punto la ciudad turbaría
este Río de amor que se perdió
Hasta la tristeza de la gente era más bella
y además de eso se veía por la ventana
Un rinconcito del cielo y del Redentor
Hey, mi amigo, sólo resta una certeza
Es preciso acabar con la tristeza
Es preciso inventar un nuevo amor

Por entonces, Antonio Carlos Jobim se encontraba radicado en EE.UU. desde los años sesenta, hasta donde llegó impulsado por el éxito que tuvo la bossa nova entre los jazzeros de la época -principalmente por el trabajo de Stan Getz y João Gilberto- y por el posterior álbum conjunto con Frank Sinatra. Una carrera internacional cimentada en base a la musicalización de la obra de teatro de Vinicius de Moraes, Orfeu da Conceicão a mediados de los años cincuenta -llevada a cine con un posterior premio Óscar de reconocimiento- y a los himnos de la bossa nova creados en conjunto con el escritor, como “Chega de Saudade”, “Garota de Ipanema”, “Se Todos fossem Iguals a Voçe”, entre otros

La canción “Carta ao Tom 74”, en tanto, fue incluida en el álbum Vinicius y Toquinho, lanzado precisamente en 1974. Tres años más tarde, Tom Jobim y Vinicius pudieron celebrar su amistad musical con un exitoso show, en conjunto con Toquinho y la cantante Miucha Buarque, en el centro de eventos Canecão de Río de Janeiro. Fueron siete meses continuos de conciertos que terminaron con un álbum en vivo. Posteriormente, realizarían una gira por Europa.

Los amigos se habían vuelto a juntar. “La vida es el arte del encuentro”, solía decir el poeta.

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