Culto
René de la Vega, un alcalde en construcción

René de la Vega, un alcalde en construcción

Su nombre no aparecía en los análisis previos a las Municipales de 2016, pero hoy todos hablan de Conchalí, la comuna que eligió a René de la Vega como su nuevo alcalde, uno que acaba de quitarle el título de hija ilustre a Lucía Hiriart. ¿Cuál es la historia detrás del veinteañero tocado por la fama kitsch, y transformado, veinte años después, en constructor experto y nuevo rostro de la política?

Para empezar por alguna parte, me gustaría anotar que de todos los desconocidos que buscaron el reconocimiento público, René Arturo de la Vega Fuentes (41) fue el más entusiasta para el cambio de milenio.

A los dieciocho años, alguna vez quiso estudiar kinesiología, pero el puntaje de admisión lo llevó a reflotar una vieja ambición familiar. “Yo nunca fui cantante”, contó René de la Vega hace una década en el zapping de algún matinal.

“Salí a los 18 años del colegio, di la PAA y no me dio el puntaje para lo que quería”, dijo en otro lado. “Así nació la idea de cantar”.

Todavía vivía en la calle Río de Janeiro de Recoleta cuando grabó un disco homónimo y autogestionado, con canciones compuestas y arregladas por el músico Luis Christian Araya (Los Indolatinos, Luis Dimas, Che Copete), el que fue publicado discretamente en 1999.

René de la Vega todavía no es René de la Vega: el intérprete de “Chica rica”, “Soy capaz” y “Chica colegiala”, el aprendiz de showman, el de los trajes hechos a la medida por Luz, su madre, y los lentes de contacto de color, se vestía completamente de blanco en el Paseo Ahumada para reclutar a pulso a sus seguidores y formar su propio club de fanáticos.

“Tenía dieciocho años y el parecido a Camilo Sesto y Elvis”, le contó al periodista Ignacio Franzani. Allí, afuera de la desaparecida Feria del Disco, en el centro de Santiago, el extraño personaje entregaba un póster con su rostro y los logos y teléfonos de las radios que no querían programar sus canciones.

Así fue como reunió más de cinco mil firmas en dos semanas y la-bola-de-nieve-de-su-ascendente-carrera comenzó a rodar y crecer cerro abajo.

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Una, o alguna, o todas estas cosas pasaron (digo, porque aparecen en la prensa de la época, pero también podrían formar parte de una secreta estrategia de marketing):

Uno: en el año 2000, René de la Vega tenía veintidós años cuando viajó hasta Viña, en medio del Festival y se alojó con su familia en el Hotel O’Higgins.

Dos: vestido como Elvis, imitando los tiritones del rey del rocanrol, firmó autógrafos para fanáticos de otros artistas y posó para las cámaras que persiguen a las luces igual que las polillas.

Tres: la transmisión mostró a sus hermanas sujetando carteles suyos en medio de la presentación de Enrique Iglesias.

Cuatro: para todas sus apariciones mediáticas, José, el padre, hizo de contacto entre la prensa y un representante que nadie nunca conoció.

Cinco: como sacado del imaginario redneck, René de la Vega paseó por las calles viñamarinas en la cabina de un Austin Mini modificado por su padre como un buggy rojo montado sobre el chasis de un Ford 57. Dato pop: es el mismo vehículo que usaron para la teleserie Romané.

Seis: entre los fanáticos que se amontonaron en el acceso del hotel, había gente con letreros que decían: “René, Viña te necesita”.

Siete: consultado durante la semana festivalera, el fallecido director del certamen, Gonzalo Beltrán, dijo en el diario La Hora: “Puede haber una sorpresa de último minuto”.

Ocho: en caso de aparecer en la parrilla del Festival, el intérprete le contó al periodista Gonzalo Maza que cantaría dos de sus sencillos, “Chica rica (remix techno jungle)” y “Funky blues”.

La situación real: René de la Vega nunca pisó el escenario del Festival de Viña. (Ese año, la animadora Cecilia Bolocco levantó una pierna y su imagen escandalizó a los medios; el español Enrique Iglesias lanzó la gaviota de plata que hirió a una chica del público; la brasileña Xuxa lloró después de que la gente cambió la letra de su canción “Ilarié”; Celia Cruz se convirtió en la reina de la prensa y Los Huasos Quincheros ganaron la competencia folclórica con “El corralero”.)

En cambio, René de la Vega consiguió algo no menor, una especie de trampolín distinto pero igual de efectivo: acordó un contrato discográfico con el sello EMI.

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Antes de las firmas en el Paseo Ahumada, antes de Viña y antes del apoyo de un sello, los de la Vega animaban cumpleaños y eventos de fin de año para empresas.

Allí, René conoció los escenarios, antes de Internet, antes de los concursos de talento en televisión abierta y antes de estudiar en la academia de canto de Luis Jara.

Eran las noches en que se disfrazaba de Camilo Sesto y Antonio Banderas, y animaba y rellenaba las fiestas de otros.

Un día, cuando estaba en cuarto medio, en medio del negocio familiar, su padre lo escuchó tararear.

“Por qué no cantas”, cuenta René que le dijo.

“¿Por qué no eres cantante?”, preguntó el padre.

“¿Se ganará dinero?”, respondió el hijo.

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“Chica rica” es la canción que trascendió a René de la Vega y lo elevó a la altura de los singulares personajes de culto fabricados en Chile.

Sus dos minutos y treintaiún segundos se transformaron en el “one hit wonder” más conocido de los años 2000, etiquetado como “Pop en español” y a menos de un dólar en el catálogo de iTunes, goza de más de 812 mil vistas en YouTube: unas 96 veces la cantidad de votos que obtuvo para ser el nuevo alcalde de Conchalí en 2016:

En el video oficial, una banda de músicos se intercala con imágenes de sus tres hermanas, que bailan y cantan en una habitación blanca y mal iluminada. Una de ellas, María José, la protagonista de “Chica rica” (que luce el bikini y mini de colores), le contó a la periodista Andrea Lagos que era seguidora de Pinochet, “porque sacó el país hacia arriba”.

“En mi familia nunca se habló de política”, le dijo René de la Vega al periodista Ignacio Franzani. “Nos mantuvieron en una burbuja. Tampoco se nos envenenó en los años difíciles (…) Por eso, hoy en día tengo los valores súper claros”, añadió el ahora alcalde.

Esto fue lo que comentó en otra entrevista: “Yo soy medio liberal para mi pensamiento, pero no asociado a un partido político”.

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En vivo, René de la Vega reemplazó a los músicos por pistas y compartió escenarios con sus hermanas, siempre a cargo de los coros y las coreografías.

Su imagen estaba a cargo de la madre y la gestión de los eventos corría por cuenta del padre.

Alguna vez contó a los medios que no sabía leer música, pero justamente ahí radicó la frescura e inocencia que patentaron su estilo, una estética kitsch que lo llevó a encabezar fiestas propias y a ser objeto de instalaciones, como una llamada “R.E.N.E. (Reinventando el nuevo estilo)”, realizada en el Centro Arte Alameda, o los masivos eventos con su nombre en la discoteca Blondie.

Ahora, si uno busca en YouTube, tal vez lo más curioso sea un video de diez horas de los teclados de “Chica rica”, sin que René de la Vega pueda empezar a cantar:

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Ahora todo es rápido: luego del éxito de “Chica rica”, en medio de los malos resultados (vendió poco más de mil unidades), las denostaciones (el periodista Felipe Bianchi lo usó alguna vez como material para una metáfora: “Sería como ponerle atención a las críticas que pudiera hacer René de la Vega al trabajo de Frank Sinatra”) y las agresiones en la calle (piedrazos, rayados, insultos), René de la Vega sufrió de ansiedad y depresión, gracias a un cóctel explosivo que mezcló su fama repentina, la exposición no solo suya, sino que de toda su familia —en especial sus hermanas—, y una ética de trabajo que lo llevó a dormir poco y estresarse demasiado (“René de la Vega no se masturba”, tituló The Clinic una entrevista suya del año 2000).

Fue cuando algo hizo crac y lo llevaron al psicólogo y lo obligaron a descansar.

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“El consenso atrofia y el disenso tonifica”, escribió Manuel Vicuña. “Cuando todo el mundo coincide en la apreciación de un personaje, este menguará en la esfera pública hasta volverse irrelevante. Sin fricción, la sangre deja de circular. Pasa todo lo contrario con las figuras que producen juicios contrastantes y hacen borbollar la polémica”.

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El día después de la elección municipal, el celular de René de la Vega no deja de vibrar. Tiene mil doscientas llamadas perdidas, ciento ochenta y ocho mensajes de texto y casi dos mil correos electrónicos de gente que quiere ubicarlo, hablarle, felicitarlo.

El flamante alcalde ha dormido poco, luego de las celebraciones, pero casi no se nota. Lleva un piercing en el tragus del oído derecho y una camisa de colores cálidos, mientras una horda de periodistas quiere hablar con él, registrar su expresión, saber cómo celebró y qué va a hacer ahora.

“Tengo las ganas de trabajar por la comuna donde nací. Me fui a los dieciocho de Conchalí y hace veinte años que la comuna sigue pegada, exactamente igual”, reclamaba en distintos medios antes de su elección.

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Pocos saben que varios años antes de imponerse frente a la postulante oficialista y a una ex ministra de Sebastián Piñera, René de la Vega volvió a intentarlo en el mundo de la música.

Vuelvo a vivir se llama el disco que publicó en 2001 y que incluye la única canción que lleva su firma como compositor y que nombra al trabajo: “El llamado de la selva”, un tema que abre con bronces y un solo de guitarra, y que marcó su tibio regreso a las pistas, junto a otras perlas como “Quién da más”, “Una y otra vez”, “Por tu pelito” y la canción “De vivir así ya me cansé”.

Como plan B, ese mismo año entró a estudiar al Inacap en horario vespertino, hasta que en algún momento indeterminado colgó los trajes de Camilo Sesto, se afeitó las patillas à la Elvis y se borró del mapa.

Salvo contadas fiestas masivas, René de la Vega reapareció después del terremoto de 2010, cuando hizo noticia porque el primer edificio que construyó —luego de derribar la casa familiar— quedó de pie, intacto y “sin problemas estructurales ni de terminaciones”, como mostró a los programas de televisión que lo buscaron.

“Río de Janeiro” se llama la mole de cinco pisos, formada por catorce lofts amoblados, que entregó para arriendo y que construyó él mismo junto a su padre, con la firma de su constructora René de la Vega Ltda.

Tal vez en ese punto se erige la nueva vida de René de la Vega, una más conectada con “los problemas de la gente” y el eslogan que ocupó durante su campaña: “100% esfuerzo”.

El intérprete de “Chica rica” se había graduado en 2003 de Técnico de nivel superior en Edificación, para egresar dos años después de Construcción Civil en el mismo instituto, y luego, el 2009, titularse de Arquitecto —con distinción máxima— en la Uniacc.

“Desde el mundo técnico nace el bicho social para ser alcalde”, contó en algún momento de su campaña en Conchalí. “Tengo una empresa de arquitectura que nos dedicamos a muchas problemáticas relacionadas a construcciones y regularización de patentes comerciales”.

Luego de trabajar con municipalidades de toda la Región Metropolitana, a través de la fundación Chile Regulariza, vivió en primera persona los problemas que acarrea la falta de especialistas en los municipios, “el cuoteo político, el acomodo de amigos y los funcionarios ineptos e inexpertos que, en vez de informar a las personas, las desinforman”.

“Lo viví mucho”, reclama René de la Vega, “cuando empezamos con la empresa, llegamos a las municipalidades y nos encontramos con que la ley es una y las municipalidades la aplican de maneras diferentes”.

Tal vez por eso quiere terminar la carrera de Derecho que cursa en la Universidad Central.

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“René, ¿cómo se financia tu campaña política”, le preguntaron hace poco.

“Tengo la empresa y con mis recursos”, respondió el alcalde, “también con el apoyo familiar”.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars