Culto
Andrés Calamaro: una historia de desamor y salsa carcelaria

Andrés Calamaro: una historia de desamor y salsa carcelaria

En una emisora española, el ex Abuelo de la Nada reveló una compleja historia afectiva, la que sorteó escuchando a una de las grandes voces de la salsa: Ismael Rivera.

Quedó claro en una radio española: Andrés Calamaro es un músico siempre atento a los clásicos de la salsa. Fue en la emisora Cope que el ex Los Abuelos de la Nada contó una historia de desamor; el reencuentro con una ex pareja que, dada el pasado complejo afectivo que los unía, era altamente probable que llegara a “llevarse mi vida por una antigua venganza”, según confesó. ¿Qué hizo el músico para enfrentar una historia dolorosa? “Me puse la música de Ismael Rivera y le perdí el miedo a la muerte”, reveló en mención a uno de los cantantes más venerados del género salsa.

Acto seguido, Calamaro se puso a entonar los versos de la canción “El Nazareno” que en los setenta popularizara Rivera en Nueva York y el caribe. Una canción que tuvo su origen en un complejo momento en la biografía del sonero boricua.

Una epifanía en medio del vacilón

Ismael Rivera (1931-1987) nació en el barrio de Santurce, San Juan de Puerto Rico, en el seno de una familia humilde. Su origen social explica la forma en que Rivera se aproximó a la música, improvisando con palos y tarros cuando apenas era un niño. No pudo continuar con sus estudios, por lo que tuvo que salir a la calle a ganarse la vida y aportar a su familia de cuatro hermanos. Primero fue lustrabotas. A los 16 años, en tanto, ya tenía un oficio: albañil. Sin embargo, el imberbe Rivera se coló en todas las orquestas tropicales que pudo hasta conocer a quien fuera su compañero musical por décadas: Rafael Cortijo.

Con Cortijo grabaría 17 discos y fueron alabados por el público en la década de los cincuenta por introducir la bomba y la plena, géneros tradicionales portorriqueños, en los salones de baile de la llamada “isla del encanto”. De esa época que la voz de Rivera hiciera popular temas como “El Negro Bembón” y “Besito de Coco”, de su autoría.

Un hecho dramático, sin embargo, interrumpió su carrera musical. En 1962, de vuelta de una gira desde EE.UU. a Puerto Rico, la policía detectó el traslado de drogas en las maletas de los músicos de la banda. Rivera se autoinculpó y paso cuatro años preso en una cárcel de Kentucky. Una experiencia que después cantara en la canción “Las Tumbas” compuesta por su amigo Bobby Capó.

Al salir en libertad, Rivera volvió a la música y a las drogas. Se dirigió a Nueva York, cantó en las orquestas de Francisco Kako Bstar y Tito Puente, además de formar su propio conjunto, Los Cachimbos. Avanzaba la década del sesenta y, dada la mezcla de todos los géneros latinos que circulaban en la gran urbe, la salsa comenzó a tomar forma. Y como Ismael Rivera ya tenía un camino previo, naturalmente quedó instalado como una de las grandes voces que inspiraron a la nueva generación de salseros.

Fue en ese contexto que Rivera incrementó su fama. En esa época graba la canción “El Nazareno”, tema que abre el disco Traigo de todo de 1974. Compuesta por Henry D. Williams, el tema es una de las pocas epifanías religiosas en salsa, con la particularidad que ocurre en medio de un contexto de goce. Ineludible relacionarlo a una vida tan expuesta a la gloria como a la derrota.

Yo estaba en un vacilón
yo estaba en un vacilón
fui a ver lo que sucedía
Y cuando ya me divertía
y empezaba a vacilar
no sé de dónde una voz vine a escuchar…

Hazle bien a tus amigos
y ofréceles tu amistad
y verás que a ti lo malo
nunca se te acercará
y en cambio todo lo bueno
contigo siempre estará

¡Óyelo!

El Nazareno me dijo,
que cuidará a mis amigos

Un hecho en la vida de Rivera es que, en sus años de prisión, el cantante se hizo devoto de El Nazareno, que es el cristo negro que se honra en Portobelo, Panamá, hasta donde Rivera se trasladara desde 1975 hasta 1985 cumpliendo una manda prometida en prisión para, entre otras cosas, superar sus adicciones. La canción se transformó en uno himno de la salsa, una declaración ética entre los fans de Maelo y una de las que más réditos comerciales le trajo al sello Fania, donde el salsero cayó llevado por las circunstancias luego que la casa discográfica de Jhonny Pacheco y Jerry Masucci compraran a su competencia, Tico Records, donde Rivera grababa sus discos. De hecho, una de las versiones más escuchadas de “El Nazareno” es una interpretación en vivo junto a Fania All Stars, dirigida por el pianista Pappo Luca.

En los setenta, Rivera era una referencia para los jóvenes salseros como Héctor Lavoe, Rubén Blades y Cheo Feliciano, quienes siempre reconocieron al Sonero Mayor, apodo otorgado por el productor cubano Ángel Maceda. La influencia en Blades, de hecho, es simbólica: Rivera lo apoyó cuando el abogado estuvo ilegal en Nueva York cuando se hacía un espacio en la música. Años después, Blades grabaría la canción “La Perla” junto a Calle 13 donde recuerda a uno de sus mentores:

Y ese mar frente a mi casa te juro que es verdad
Como el de La Perla aunque yo esté en Panamá
Y sobre el horizonte veo una nube viajera dibujando la cara del gran Maelo Rivera, canta el panameño.

“Suena a Puerto Rico”

Rivera fue uno de los salseros más genuinos por la inclusión del folcklor de Puerto Rico en sus canciones y su forma arrabalera de sonear, donde incluso inventaba palabras y exclamaciones que eran su marca registrada: “Ecuajei”, “Maribelemba”, “¡Sacude zapato viejo!”.

Un talento que el propio Calamaro -que también ha cantado en vivo otro hit de Rivera, “El Incomprendido”- reconoce en el salsero: “Maelo es el negrito chévere, el sonero número uno. Podría explicarlo con detalles musicales: el encanto que tiene, el color de la voz, suena a la isla de Puerto Rico, aunque cante desde Nueva York. Tiene mucho encanto de mulato”, sentenció el argentino quien ya había popularizado una versión de otro clásico salsero: “El Cantante”, canción que escribiera Rubén Blades para Héctor Lavoe.

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