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Nova Materia en Italia: materialidad flexible

Nova Materia en Italia: materialidad flexible

El dúo chileno-francés, se desligó de su nombre anterior (Pánico) para instalarse en medio de la pista de baile, aunque con elementos que recuerdan su pasado de guitarras y exploraciones desérticas. Con su primer álbum recién editado, los encontramos en Italia y en la antesala de su presentación en un ex convento, nos contaron cómo se adaptan a los nuevos tiempos con valijas menos pesadas.

La estructura data del siglo XV y aún se conservan frescos de la época en sus paredes, aunque haya tenido diversos usos desde su cierre como edificio religioso hace un par de siglos. Aun así, el Ex Convento de San Francesco de Pordenone, en el Noreste de Italia, conserva un aura de solemnidad que bien le sienta a las jornadas de música y teatro experimental que organiza el colectivo Scenasonica.

Por ahí han pasado, el último tiempo, nombres importantes de la electrónica como Fennesz y hace unos días, en colaboración con el Festival Sesto ‘Nplugged, unos viejos conocidos de la escena chilena. Aunque con nombre y formato nuevo. Si antes se llamaban Pánico y decíamos que tocaban indie rock, buscando un significante amplio que incluyese todos sus cambios estilísticos, ahora son Nova Materia y recurriremos a la difusa palabra electrónica debido a la misma necesidad. Los tiempos han cambiado y dan ganas de saber qué opinaría de todo esto Rosita, la pornostar que quería viajar a “Nueva York, Roma, Río y Bangkok” en el primer disco de Pánico, ahora que sus padres tocan en tan sacro lugar.

Pero, como dijimos, ellos no son los mismos, a pesar de que a primera vista lo parezcan. Y en ese lugar, algo alejado de su circuito habitual de festivales o clubs, donde a mediados de noviembre, Eduardo Henríquez desempaca con cuidado sus valijas de explorador metalúrgico del siglo XXI. Por acá, livianos sintetizadores y artilugios electrónicos; más allá, pesadas láminas de metal y tubos. “La repetición de hacer siempre lo mismo, nos parece poco creativo. Ya con Pánico la inquietud fue siempre la de buscar e ir evolucionando”, dice, aunque se ve que el cambio tiene algunos costos físicos involucrados.

“Queríamos hacer algo mas minimal, mucho más simple, para poder viajar de una manera más liviana. Aunque al final, con todo lo que tenemos, tampoco es tan liviano”, comenta resignada Caroline Chaspoul, la otra mitad de Nova Materia, mientras organiza el escenario que combina secuenciadores, teclados, una guitarra en posición horizontal y algunos pesados artefactos percusivos. “No lo vemos como una ruptura tan grande con lo anterior”, agrega Henríquez, “pero, igualmente, queríamos llegar a la música por un camino totalmente nuevo”.

En todo caso, de cambios ya sabían los seguidores de los movedizos Pánico, grupo formado en Chile en 1994, cuando Eduardo y Caroline (Eddie Pistolas y Carolina Tres Estrellas, por aquella época) recién llegados de Francia se juntaron con músicos locales para jugar durante un par de décadas a las escondidas con las expectativas del público. Así, con manifiestos de neurosis nacional como “No me digas que no, si quieres decirme que sí”, armaron uno de los primeros sellos independientes (Combo Discos) para luego fichar por una multinacional (EMI) y después, sin mayores tristezas, ser eyectados en tiempo récord. Y todo ello sin haber cumplido ni siquiera una cuarta parte de su carrera.

Laxitud pop

Como ha pasado en más de una ocasión, el tiempo ha terminado siendo el aliado de Eduardo y Caroline. Junto con gente que apuesta por su visión diagonal sobre la música, por supuesto. Luego del silencio de fines de siglo pasado, llegó la exposición de hace una década con Subliminal Kill y todo el pedigrí que un sello como Tigersushi y unos amigos como Franz Ferdinand podían crear. Después, Pánico editaría un par de álbumes más y haría un documental en el Desierto de Atacama (La banda que encontró el sonido debajo) que sellaría, parcialmente, su historia.

“Cuando hicimos nuestro último disco (Resonancia, 2012) y lo tocamos un poco, creíamos que habíamos llegado a un punto que era muy interesante”. Ese entusiasmo no fue tan generalizado en la banda, lo que junto a la necesidad de replantear la viabilidad en tiempos extraños de la industria, derivó en el dúo Nova Materia unos años después. El proyecto, más electrónico y de estudio en un inicio, generó luego un par de Eps y la creación de un show en vivo que combinó el pulso electrónico con la interpretación en vivo y la preponderancia de las percusiones.

“Nos gusta mucho la música electrónica, pero no he entendido porque no se puede mezclar con la música acústica. Si sólo utilizas pistas, se pierde la performance física, el error, el contacto con el instrumento. Ahí está la conexión con nuestra vida musical anterior. Con eso, estamos cagados”, dice Caroline. Y, justamente en esa relación entre lo tecnológico y lo primitivo, surge buena parte del atractivo de la banda, como observaron los sorprendidos espectadores en el Ex Convento de Pordenone, que algo perdió (por fortuna) de su solemnidad habitual.

La energética presentación no es el único guiño actual a su trabajo pasado. También lo es el formato de edición de su música en 2018. En lugar de su idea original de sólo publicar digitalmente algunas canciones por año, la oferta del sello Crammed Discs (casa de Tuxedomoon, Juana Molina y Matías Aguayo) derivó en la salida hace algunas semanas de It comes, su primer álbum, el que definen como “un disco de canciones, un disco pop en el sentido laaaargo del término”, como plantea Eduardo extendiendo las “a” para mayor claridad del concepto.

En cuanto a los planes a futuro, hasta finales de año Nova Materia estará girando por Europa haciendo presentaciones de It comes (Londres, París y Lisboa han sido sus últimas estaciones), mientras preparan sus valijas para moverse en 2019 dentro del continente a festivales como Eurosonic y también a Sudamérica. Allá llegarán con ese equipaje que oscila entre lo liviano del formato y el peso de la historia previa de la banda. “Nosotros consideramos que es parte de una historia. Es importante que los dos proyectos tengan conexión entre sí”, remata Henríquez, dispuesto tanto a disparar una secuencia como a golpear una lámina de metal, si es necesario.

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